Escuchar puede, a veces, convertirse en un acto de peso silencioso. No por falta de empatía, sino porque lo que se escucha toca un punto donde el sentido y la ética se confunden.
En una sesión, un consultante relató un sueño que parecía más confesión que metáfora: alguien ocultaba información que podía afectar a otro, y lo decía con culpa y alivio. No usaba el “yo”, pero todo en su voz lo implicaba. En esos casos, la pregunta no es solo qué quiso decir, sino qué debe hacer quien escucha.
Fuera del consultorio, algo similar ocurre cuando alguien deja entrever un secreto que podría prevenir daño: un amigo, un alumno, un desconocido. “Si supieras lo que sé…” deja resonando una carga ética. Intervenir o callar: esa es la disyuntiva.
Desde la ética hermenéutica, comprender no significa desenmascarar ni juzgar, sino abrir un espacio de sentido compartido. Gadamer (2012) advierte que toda comprensión implica riesgo: el de errar, el de ver demasiado o de no ver lo suficiente. El peligro comienza cuando la interpretación se vuelve poder, cuando quien escucha se coloca por encima de quien confía.
En terapia, la confidencialidad no es solo norma profesional, sino un acto de respeto. El terapeuta no “posee” el secreto del otro: apenas lo custodia. Como explica Ricoeur (1990), comprender siempre supone distancia; la historia del otro nunca nos pertenece. La ética empieza en ese límite: comprender sin apropiarse.
Pero hay situaciones donde el silencio también puede dañar. En esos casos, la psicología práctica enseña que el deber de cuidado prevalece sobre el secreto cuando hay riesgo vital. Aun así, la decisión no se reduce a la norma: requiere deliberación interior, conciencia del peso de lo escuchado. No se trata de romper la confidencialidad, sino de actuar con responsabilidad y prudencia.
En la vida cotidiana, todos enfrentamos dilemas parecidos. A veces alguien dice más de lo que quiere, y la ética no consiste en responder, sino en sostener ese silencio, en acompañar el peso de lo dicho sin huir de él. Interpretar un secreto no significa descifrarlo, sino acompañarlo hasta que el otro pueda reconocerlo.
Comprender no siempre es saber más. A veces, comprender es callar con respeto.
Referencias
Gadamer, H.-G. (2012). Verdad y método (A. Agud & R. Agapito, Trads.). Sígueme. (Obra original publicada en 1960).
Levinas, E. (1991). Ética e infinito. Arena Libros.
Ricoeur, P. (1990). Sí mismo como otro. Siglo XXI Editores.
Van Deurzen, E. (2010). Everyday mysteries: A handbook of existential psychotherapy (2nd ed.). Routledge.
Yalom, I. D. (2008). El don de la terapia. Emecé.
