Categoría: Filosofía

Por: ANTONIO SALVADOR FLORES FLORES / Fecha: mayo 4, 2026

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El cansancio ontológico no es solo fatiga, sino pérdida de sentido y proyecto. No se cura descansando, sino revisando cómo se habita la existencia y qué parte dejó de tener significado.

Hay cansancios que se resuelven con dormir, bajar el ritmo o tomar un descanso. Sin embargo, existe otro tipo de agotamiento que se filtra en lo más profundo y que no desaparece con vacaciones, siestas ni rutinas de autocuidado. Es un cansancio silencioso, difícil de describir, porque no nace únicamente del cuerpo ni de las emociones, sino de la forma en que la existencia misma se siente pesada. A este cansancio se le puede llamar cansancio ontológico: una fatiga de ser, no solo de hacer.

No siempre se manifiesta como tristeza ni se parece a la depresión. La forma de sentirlo en ocasiones es como un no-lugar, es decir, somos extraños, ajenos a la existencia. Para Heidegger (2003), el ser humano es más allá de un simple ente, una existencia más; es un ser que vive en relación con su mundo, con su existencia. Ese es el motivo de su existir, descubrirse en el mundo, encontrar el sentido de su existencia en cada día; de lo contrario, el peso ontológico se hace presente, pues no saber, no encontrar sentido que tenga la función de identidad en el ser puede ser más grande que los logros o elogios superficiales.

Este cansancio aparece cuando se vive durante mucho tiempo desde el deber, la exigencia, la responsabilidad o la supervivencia. Hay quienes trabajan, responden, sonríen, conversan y cumplen, pero internamente sienten que cada acción requiere un esfuerzo existencial extra, como si cada gesto tuviera que justificarse ante un juez invisible. Para van Deurzen (2010), las personas se cansan, generan malestar existencial no tanto por lo que es el día a día, sino por aquello que se ha mantenido en silencio y continúa acumulándose.

Esta forma de cansancio se acrecienta cuando se toma conciencia, o por lo menos se interpreta así, de que el proyecto personal se ha alejado o desaparecido, adquiriendo la vida un matiz mecanicista. Para Sartre (2007), el ser humano está en una lucha constante para encontrar su libertad, espacio en el que los sentimientos contrarios al acercamiento de este objetivo lo llevan a la incertidumbre de avanzar sin garantías.

Ese desgaste se intensifica cuando el proyecto personal ha perdido forma, cuando la vida se vive más como tarea que como elección. Sartre (2007) sostenía que el ser humano se enfrenta constantemente a su libertad y, en ese enfrentamiento, puede sentirse saturado al verse obligado a decidir sin garantías. El cansancio ontológico puede surgir, entonces, cuando la libertad no se vive como posibilidad, sino como carga.

A diferencia de la simple fatiga, este cansancio no se alivia con dormir, porque no se origina en el cuerpo, sino en la relación con el sentido. Lo que se agota no es la energía, sino la capacidad de proyectar. Por eso, uno puede seguir cumpliendo con todo, pero sentir que la vida quedó en un punto neutro, sin entusiasmo ni deseo profundo. No se trata de fracasar, sino de perder la vibración interna.

La tarea terapéutica ante este fenómeno consiste en abrir espacio a la pregunta, no en imponer soluciones. Preguntarse qué parte de la vida se ha vuelto insostenible, qué deseos han sido abandonados, qué responsabilidades se cargaron sin consentimiento o qué ideal interno exige demasiado. Yalom (2008) proponía que el acompañamiento no busca eliminar el sufrimiento de la existencia, sino darle un sentido humanamente soportable.

A veces, lo que se necesita no es motivación, sino permiso para reconocer el peso. Nombrar el cansancio ontológico no es una queja, sino un acto de honestidad existencial. Porque hay cansancios que no piden dormir, sino reinterpretar el modo de estar.

Y tal vez, una señal de alivio no sea volver a sentir entusiasmo de inmediato, sino notar que lentamente la vida empieza a sentirse un poco menos pesada.

Bibliografía

Heidegger, M. (2003). Ser y tiempo (J. Gaos, Trad.). Trotta. (Obra original publicada en 1927).
Sartre, J.-P. (2007). El ser y la nada. Losada. (Obra original publicada en 1943).
Van Deurzen, E. (2010). Everyday mysteries: A handbook of existential psychotherapy (2nd ed.). Routledge.
Yalom, I. D. (2008). El don de la terapia. Emecé.