El descanso es necesario en todas las actividades humanas. La tendencia de la productividad actual ofrece un estilo de vida donde quien más actividades tiene es considerado más productivo. Circulan vídeos en TikTok de reseñas de un solo día, donde las actividades inician a las 4:30 am y para las 3:00 pm han concluido casi todas las actividades del día y sin estar cansado, un ritmo de vida difícil de sostener. La publicación de libros sobre cómo manejar la rutina de esa manera incrementa cada vez más la necesidad de descanso, ocio y recreación; solo es bien vista si es con un atardecer en la playa y lujos innecesarios y hasta inalcanzables para la mayoría.
El tiempo de ocio se documenta y se evalúa desde esta perspectiva. Hay propuestas políticas que proponen la disminución de horas de trabajo y dos días de descanso; aún hay quienes defienden que esa propuesta costará grandes pérdidas, en pocas palabras: “La productividad” sobre el trabajador.
No solo se trata de tener un fin de semana libre, se trata de saber invertir el tiempo en actividades que no solo promuevan la diversión y el descanso, sino también la recreación. ¿Qué es la recreación? No es solamente la referencia de “volver a hacer”, sino una experiencia que se vive. Es la oportunidad de sentir, de disfrutar auténticamente el momento con todas las emociones que esto puede llevar. Emoción, gozo, incluso frustración, sentido de pertenencia.
Como adultos, resulta más difícil entregarse no únicamente al juego, sino también al momento. Vamos por la vida con el móvil en la mano, ausentes del presente, con los pendientes y preocupaciones al filo de nuestra conversación. Los niños abrazan el momento, juegan, platican, se dejan sentir; de un saludo al siguiente momento ya existe una amistad. Del enojo a la alegría con un solo apretón de manos. Con la capacidad de asombro atentos, listos para descubrir más y preguntar porqués.
El juego no es solo una función humana; es también parte de la cultura. Con la edad, las áreas de juegos cambian, los juguetes no son los mismos, pero aún seguimos buscando esa recreación liberadora.
René T. Proyer de la Universidad de Zurich llevó a cabo un estudio, Adult Playfulness and Well-Being (La alegría y el bienestar de los adultos). Se hizo una prueba con 255 adultos para medir qué tan lúdicos podían ser mediante cuestionarios de actitud lúdica; también se midió su experiencia dentro del bienestar subjetivo y físico y la relación que esto tiene para llevar a cabo actividades placenteras y mantener un estilo de vida activo. Se encontró que entre mayor capacidad de juego, hay mayor satisfacción vital, siendo más capaces de disfrutar las actividades.
El descanso no siempre es efectivo en una vida de complicaciones y estrés; dormimos, pero no hay sueño reparador; aun durmiendo, nos mantenemos ausentes de la realidad. La idea de recreación propone no solo espacios de ocio y descanso, sino complementarla con actividades que puedan contribuir a nuestro bienestar lúdico. El arte, el deporte, el juego, actividades contemplativas y que nos permitan enfocarnos en el momento contribuyen de manera efectiva (en la mayoría de los casos) a tener momentos de presencia total durante las actividades. Recrearse es mirarse y volver a crearse a nuestro antojo. Ser libres de ser niños una vez más, dejarse sentir las emociones a flor de piel, la frustración, la emoción, toda emoción que sea necesaria. El jugar contribuye a la inteligencia emocional, al aprender a sentir y regular emociones.
Jugar Monopoly entre amigos, Uno, Jenga, subir un cerro para ver el atardecer, manualidades, cocinar puede contribuir en gran medida a reordenar las emociones y dejar de pensar aunque sea un momento en toda la premura de la vida.
Antropológicamente, aparece el concepto de homo ludens. En palabras de Johan Huizinga: Con Homo ludens, se puede demostrar que las imágenes del Homo Sapiens y Homo faber no son suficientes. No solo se trata del juego como una función tan esencial como el trabajo o la reflexión: el desarrollo de la cultura posee un carácter lúdico. La recreación se traslada directamente a la vida diaria con sus enseñanzas emocionales, la tolerancia a la frustración, la alegría, el sentimiento de competitividad.
La recreación favorece vivir el presente: el sentido de estar presente no significa disfrutar de un buen vino, significa tener momentos de crecimiento desde la consciencia. Probablemente, una de las mejores maneras de conocer a alguien es jugando un buen juego de mesa.
Crecemos y no solo la capacidad de recrearnos disminuye o simplemente dejamos de hacer. Junto con esa pérdida está la pérdida de la capacidad de asombrarnos. Cuando dejamos de asombrarnos, nuestra experiencia de presente se limita; privamos nuestros sentidos de experimentar y pensar cosas nuevas.
No sé si es la clave del disfrute en la vida, pero en el fondo somos niños perdidos, algunos con heridas, otros abandonados. Pero, ¡qué sano es abrazar de alguna manera a ese niño interno! Seguirnos asombrando cuando el atardecer se ve de muchos colores, cuando las aves vuelan haciendo figuras, cuando encontramos plumas en el suelo o dejamos hacer un concierto en el auto en medio del tráfico, tocar una batería imaginaria o simplemente estar un momento en silencio sin nadie más que nosotros mismos. Recordar que ahora todos los juegos están permitidos; somos el adulto a cargo. Ojalá elijamos bien el juego por jugar.
“Nunca me has parecido más hombre que ahora, que pareces un niño.” – Josemaría Escrivá de Balaguer.

