Categoría: Filosofía

Por: Yael Araceli Cázares Arenivas / Fecha: febrero 18, 2026

El amor moderno se siente como este triangulo amoroso, sin compromiso: El que se enamore pierde. La clave para la no idealización la dio Kierkegaard: “Amar es no buscarse a sí mismo en el otro.”

Muchos historiadores han buscado estudiar más allá del pensamiento nietzscheano, la historia de vida de Nietzsche desde una óptica personal. En 1882 sucedió el famosísimo “triangulo amoroso” protagonizado por el mismo Friedrich Nietzsche, Paul Rée y Lou Andreas-Salomé. Un acontecimiento breve e intenso, pero, sobre todo: Intelectual, incluso más que romántico.

Existe una obra llamada Sämtliche Briefe (cartas completas), una compilación de correspondencia de Nietzsche realizada por Giorgio Colli y Mazzino Montinari, donde se encuentran cartas del filósofo que pueden dar veracidad a esta historia, aunque se tiene que entender que como toda anécdota romántica seguramente hay un poco de drama.

Paul Rée y Nietzsche mantuvieron una amistad cercana. Lou Andreas-Salomé fue una chica rusa, brillante, independiente y culta. Inicialmente, Rée quedó fascinado por su inteligencia, así tomó la decisión de presentarla a Nietzsche, mismo que se sintió profundamente atraído por ella. Lou Andreas-Salomé era en ese momento una mujer prácticamente única. En un mundo de filósofos y pensadores donde las mujeres tenían una participación limitada, ella resultaba ser el objetivo ideal para compartir una vida emocional, espiritual e intelectual.

Por un tiempo, los tres plantearon la idea de una especie de comunidad intelectual. Lou, siendo una mujer libre de espíritu y adelantada a los valores e ideales de su época, propuso vivir juntos como colaboradores, en una amistad cuyo principal fin era el intelectual. Todo esto sin contemplar ideas como relaciones tradicionales o matrimonio, enfocado exclusivamente al pensamiento y al estudio.

La convivencia cobró factura y el ambiente intelectual tomó un color tenso y tal vez incómodo. Nietzsche se enamoró y le propuso matrimonio a Lou, quien lo rechazó con firmeza. La relación el grupo intelectual comenzó a fracturarse, la inevitable naturaleza humana hizo presencia en forma de celos, expectativas diferentes y malentendidos. El desenlace fue doloroso, Lou tomó la decisión de distanciarse y la amistad entre Rée y Nietzsche terminó. Se dice que a raíz de la ruptura la salud emocional de Nietzsche se vio afectada y comenzó a experimentar una época de mayor soledad intelectual.

La vida emocional de cualquier persona afecta directamente la vida intelectual. Años más tarde, Irving D. Yalom retomó el pensamiento nietzscheano en la psicoterapia existencial, así, convirtió a Nietzsche en un personaje de una de sus novelas más famosas “El día en que Nietzsche lloró”, donde crea un escenario donde Rée, Lou y Nietzsche se encuentran.

A pesar de que en la historia de Yalom, hay conclusiones satisfactorias al amor idealizado. No es cosa de Nietzsche la idealización del amor, es un hecho completamente humano. El buscar amor romántico donde no hay señales claras, o donde se pide desde un inicio relaciones superficiales sin compromiso. Parece que la ausencia de amor con compromiso es cosa de este siglo, la verdad es que las problemáticas afectivas que llevan a lastimar a otros por miedo o daños emocionales existen desde siempre.

Podemos tomar la historia de Yalom como un universo alterno, donde no hay duda de que Nietzsche pudo llorar y tal vez sanar. Pensar en este triángulo amoroso es una invitación al amor moderno que se vende al precio más bajo con tal de evadir el compromiso. El amor idealizado que vive tras una reacción en Instagram y aunque el contenido puede ser explícito deja a la imaginación todo aquello que se puedan pensar ideando amores a la carta, viviendo con un filtro no sólo stories, sino también en la vida real. Ya no hay humanos por amar, sólo idealizaciones iniciadas por uno mismo y terminadas por la otra parte. La naturaleza parece no ser suficiente para amar, la intensidad de ser vulnerable o contar un mal chiste se relaciona con vergüenza y no como una apertura de amar con intensidad. Es como si el amor ya no se sintiera, sino que, una respuesta o la ausencia de respuesta por WhatsApp fueran definitivos más allá del corazón.

El amor moderno se siente como este triangulo amoroso, sin compromiso: El que se enamore pierde. La clave para la no idealización la dio Kierkegaard: “Amar es no buscarse a sí mismo en el otro.” Aún existimos los que no queremos pertenecer a ese triangulo amoroso y estamos dispuestos a amar con un poco de locura cada cicatriz, cada acierto y defecto. Con la probabilidad de toda una vida con todos esos “a pesar”.