“La primera vez que escuché la diferencia entre ciencias sociales y ciencias formales, no pude evitar imaginarme a un número dos en traje, acompañado de un número cero con un gran sombrero de copa. Con el tiempo me di cuenta de que el mundo de los números y yo no nos entendíamos bien. No es que no nos lleváramos bien o que no le viera una utilidad; fue más bien que descubrí que en las ciencias sociales puedes hacer un montón de amigos autores y jugar a viajes en el tiempo, donde yo podía hablar no solo de ellos, sino con ellos: o al menos escribir un poco más que con los números. Fue mi primera ruptura. Y es que era tan difícil poner más atención a ese temible número dos en traje que a la explicación sobre el hombre. Incluso mi papá, que es contador de números (y es realmente bueno), es aún mejor contador de cuentos. Me di cuenta de que podía ser más amiga de Kant que de Pitágoras. Pero también descubrí que mis amigos los filósofos, antropólogos, sociólogos y psicólogos, de vez en cuando también usan traje”.
– Del cotillón de los números y filósofos, Yael Cázares.

Mucho se ha oído hablar sobre el método filosófico, pero poco se ha escuchado. En la era del exceso de información y la rápida propagación, resulta más urgente que nunca hablar de filosofía de una manera formal. Hoy en día se romantiza el ser filósofo basándose en una justificación de la era antigua sacada de contexto y los autores contemporáneos más famosos. Antes de hablar de formalidad y método, conviene volver a las ideas más repetidas sobre qué significa ser filósofo
La conversación suele iniciar con Sócrates, para quien ser filósofo iba más allá de poseer el saber, sino el buscarlo críticamente. Aquel que examina la vida, en sus palabras y en la Apología, “una vida sin examen no merece ser vivida”. No bastaba saber más que otros; era filósofo todo aquel capaz de reconocer la propia ignorancia, ejerciendo la mayéutica, con compromiso ético con la virtud y con coherencia de pensamiento y vida. No bastaba el cultivarse de información, sino ser parte de la praxis.
Con Platón aparece una imagen que todavía hoy resulta seductora: el filósofo como amante del bien y del saber. Es decir, todo aquel que ama la sabiduría y no necesariamente quien la posee, renunciando a la dóxa (mundo de la opinión), buscando la episteme (conocimiento verdadero). Hasta ahí resulta romántica la idea del filósofo, pero hay que tener en cuenta que, para cumplir el perfil de filósofo en Platón, se necesitaba contemplar la idea de una educación rigurosa y prolongada, formación moral, una vida ordenada y justa. En La República de Platón se plantea la idea de que: “Solo quienes pasan por una formación larga y estricta pueden gobernar o filosofar auténticamente”. De este modo, no cualquiera es filósofo; es necesario tener disciplina intelectual, método y educación formal.
Por último, en los clásicos, hay que tener en cuenta que para Aristóteles el filósofo es una especie de científico del ser, ya que este busca las causas y principios primeros. La filosofía es episteme y no mera opinión. Para ser filósofo, es importante el conocimiento lógico, pertenecer a una comunidad de investigación, estudio sistemático y metódico, capacidad racional desarrollada. Haciendo una distinción fundamental entre conceptos como dóxa y episteme.
Luego podemos hablar de una postura más contemporánea sobre lo que es ser filósofo: Un cazador de ratas para Nietzsche, para Kant un examinador de límites y condiciones, para Heidegger quien aprende a preguntar, para Foucault el crítico del presente o para Hannah Arendt el que piensa sin barandales. Es difícil tomar en cuenta cada una de las definiciones del ser filósofo para cada pensador cuando la cultura de filosofía vive en escasez y solo lo mediático o viral es considerado. Hoy que el pensamiento estoico resalta en los buscadores, esto supone que una mala interpretación lleve a considerar que la filosofía es únicamente el arte de vivir, teniendo como principio que es el filósofo aquel ciudadano del mundo. El pensamiento filosófico implica incomodidad, y la mala interpretación de la vida estoica fomenta desinformación sobre la verdadera función y utilidad de la filosofía y limita su formalidad. Reducir el estoicismo a frases motivacionales termina por vaciar de sentido a la filosofía misma.

Hacer filosofía sin metodología plantea un nuevo problema más allá del relativismo. No es neurocirujano aquel que leyó un libro de neurociencias de Snell. Y aunque la filosofía implica un trabajo noble del que no depende la vida y la muerte (en la práctica), resulta igual de importante en su área. No porque un doctor en filosofía no pueda salvar una vida en un avión, significa que no puede salvar la vida y la existencia de alguien desde otro escenario. Olvidarnos del método implica rebajar a la filosofía a ser solo un tema inventado de conversaciones ocasionales, llegando a convertir muchas de sus áreas en pensamientos mágicos. Tal es la decepción de la que hablábamos en la parte 2. Un Kant imaginario entrando a Gonvill al área de metafísica, dándose cuenta de que el estante está lleno únicamente de numerología y tarot.
La desvalorización de la filosofía en Latinoamérica es preocupante: En 2023 en Colombia se llevó a cabo un estudio cuantitativo para medir la percepción de la utilidad y relevancia de la filosofía en docentes, y los resultados, aunque fueron esperables, resultaron bastante alarmantes considerando que se habla de un grupo de 101 docentes: el 52.5 %: baja percepción de utilidad/relevancia. El 31.7 %: muy baja percepción. Solo un 6 % aprox. se ubicó en alta o muy alta percepción (5.0 % + 1.0 %).
La inteligencia artificial hoy en día da respuesta con facilidad sobre ciencias sociales, arte: La IA es capaz de componer una canción, diseñar una coreografía, escribir un poema o relato corto. De hecho, resulta difícil distinguir entre lo que la IA crea y lo que un ser humano puede crear. La IA se preocupa ya no solo por pensar por nosotros, sino también por sentir. Y en este punto, en hacer filosofía. No es que las ciencias formales sean más importantes; son diferentes y necesarias. El ingeniero que programa no deja de ser humano en sociedad.
Para no dejar morir el pensamiento crítico y hacer filosofía para todos, es necesario el método. Y aunque su utilidad como disciplina parece que carece de sentido por su fácil acceso, no es justificable. Aún se puede aprender a hacer derivadas con Julio Profe, y eso no garantiza que el que aprende está listo para enseñar, a pesar de la existencia de casos extraordinarios.
La filosofía implica reflexionar sobre su propio método; no es mantener las ideas en la mente, sino vivir en contacto con los hechos y la experiencia. Hay filósofos actuales que se dedican a defender el método y su correlación interdisciplinaria con la ciencia, tales como Bunge, Gaos o Williamson: La filosofía contemporánea necesita de evidencia, lógica. Es necesario tener la información concreta para dar una justificación académica.
La filosofía es más que imaginación, reflexión o contemplación. No se puede pensar en la idea de ser filósofo como alguien que se la pasa contemplando la existencia, hablando sobre la vida. Va más allá, es crear también conceptos, ideas. Y esto no puede suceder sin trabajo técnico y conceptual.
La filosofía para todos es necesaria: Es importante construir ideas desde un lenguaje actual y capaz para todos. Es casi imposible enseñar si no se parte desde el principio. Pero también es casi imposible pensar en filosofía para todos sin un formato formal. Es una tarea bastante difícil difundir la necesidad de filosofía: Incluso parece un ideal utópico. A veces pensar se siente un acto de rebeldía, una falla al sistema en pensar, hablar de finanzas y una relación importante y directa con filosofía de la economía: No como un complemento o un espacio de relleno, sino con un fundamento, una herramienta esencial.
Es urgente pensar en educaciones más humanas, más críticas. Y en el pensar, promover desde la infancia lecturas que estimulen el buen pensar. La capacidad de retención ahora se limita a un reel de 60 segundos, por lo que vale la pena plantear el papel que juega cada filósofo en la actualidad para generar contenido real y de calidad. El lugar donde sentemos a la filosofía tiene que ser más amplio que el pupitre de un salón de clases. Vale la pena hacer filosofía para todos, donde los grupos de Facebook de pseudofilosofía entiendan que hay preguntas más importantes por responder hoy que si hay vida en otro planeta o si existe un Dios o no. Perdemos el tiempo como personas ajenas a la filosofía pensando que lo más significativo de este siglo es todo lo metafísico. Se tiene que redireccionar el pensamiento hacia el hoy, a ser intérpretes del presente y luchar con la sobreinformación de datos irrelevantes.
Defender la formalidad del filósofo no es elitismo; es responsabilidad. No basta con vivir en constante incertidumbre, respondiendo incógnitas y abriendo nuevas. Muy poéticamente es: Encender la duda, propagar la incertidumbre. En un mundo de Siri y Gemini: Recuperar la capacidad de asombro. Y recordar que cada profesión tiene su método, y el fácil acceso al conocimiento de una de las áreas no representa su entera formalidad. Y aunque lo inmediato es lo de hoy, solo el pensar podrá mantenernos realmente vivos.

REFERENCIAS: Nieto-Mendoza, Isaac, et al. “Percepciones profesorales sobre la enseñanza de la filosofía escolar en la ciudad de Barranquilla (Colombia).” Revista Educación, vol. 49, no. 1, 2025, pp, Universidad del Atlántico, Barranquilla, Colombia, doi:10.15517/revedu.v49i1.60960.
