Categoría: Cultural

Por: Valeria Iveth Mendoza Rico / Fecha: mayo 28, 2026

Comercio en semáforos de Chihuahua: una compleja realidad entre la supervivencia y la regulación municipal.

¿Los vendedores en los semáforos son personas con necesidades o son el reflejo de un sistema que navega entre la delgada línea de la regulación y la lucha por la supervivencia? Han creado un comercio informal con el cual sobreviven, involucrando a personas sin hogar, migrantes y adultos mayores.

Juan Reyes Torres se dedica a limpiar los vidrios de los autos y lleva ya dos meses trabajando en el semáforo del Pistolas Meneses. Su jornada laboral va de 8:00 a.m. a 6:00 p.m. Él menciona: “Hay días en los que logro ganar suficiente para cubrir mis gastos básicos, pero hay otros en los que no saco nada y solo me queda salir adelante y buscar otras maneras para sacar dinero”.

Trabaja solo, es originario del estado de Puebla y tiene a su familia allá, así que a veces se plantea la idea de quedarse y otras veces no. Juan ha considerado la posibilidad de conseguir un trabajo más estable; sin embargo, mencionó: “Yo no conozco tanto la ciudad aquí en Chihuahua, por lo que prefiero seguir en los semáforos”.

Por otro lado, Jesús Reyes, el vocero de la policía municipal, menciona que “actualmente hay muy pocos migrantes en la ciudad”. También señala que “hay varias detenciones de la vía pública”, siendo las principales razones el causar molestias y por infringir el reglamento de justicia cívica.

En la ciudad, contamos con alrededor de 650 vendedores en los semáforos que cuentan con su permiso oficial actualizado hasta marzo. Información proporcionada por Ricardo Flores, quien trabaja en la Dirección de Gobernación. Sin embargo, este número no incluye a los vendedores con los permisos vencidos, al igual que a los que no quieren o no sacan el permiso para la venta de los productos.

Entre las personas entrevistadas, se notó una variedad de opiniones sobre el proceso para obtener permisos. Christian, por ejemplo, dice que “los permisos son bastante accesibles”, ya que según él “solo requieren cumplir con ciertos requisitos de salubridad y pasar algunos exámenes”. También hay que recalcar que cada proceso es diferente si se trata de comida u objetos.

Al contrario, comerciantes como José Saucedo opinan que “obtener el permiso es complicado”. Explica que el permiso que les otorga el municipio “es válido solo para un lugar específico y para vender un único producto”. Además, “a veces el lugar asignado no es el mejor para hacer ventas”; también, como en su caso, el estar cambiando de producto constantemente al agotarse el anterior hace inválidos los permisos que sacó anteriormente, pues lo tiene únicamente para un solo producto. Las autoridades les advierten que “el permiso es para un producto específico y no para el nuevo que están ofreciendo”. José Luis Saucedo, que actualmente vende arañas de juguete, no tiene permiso para este artículo y actualmente opera sin permiso del gobierno.

José Luis también menciona que “hay temporadas en las que los inspectores del municipio les impiden trabajar si no cuentan con los permisos correspondientes”. Durante estas revisiones, les piden el permiso y, al no tenerlo, pueden pagar una multa. Adrián piensa que hay muchas dificultades en su labor, especialmente cuando los semáforos se descomponen o cuando personas sin autorización se cuelan en los lugares que no corresponden.

“Si los inspectores atrapan a un vendedor sin su documentación, hay casos donde les pueden decomisar el producto y obligarlos a pagar una multa. Aunque paguen la multa, no hay garantía de que les devuelvan la mercancía perdida”, mencionó José Saucedo.

Roberto Cebada se dedica a bailar en los semáforos, vestido de Superman, y también pide corima. Comenta que “a pesar de ser temporada baja por las vacaciones y que muchos salieron de la ciudad, sí saca para sus gastos diarios”. Él cuenta con su propia casa de Infonavit y su única familia aquí es su sobrina, con la que actualmente vive; también dijo: “Yo llegué a Chihuahua por un conflicto con mi esposa y preferí venirme hace diez años, justo cuando me invitó mi sobrina”. Originario de Mazatlán, Sinaloa, también mencionó que le gustaría tener un trabajo formal, pero al no tener sus papeles se le está dificultando conseguir uno.

José Luis Saucedo Aguilar es comerciante del semáforo y ha trabajado en diversos semáforos desde muy niño. Aunque ha tenido más trabajos formales, él mencionó: “Yo prefiero el semáforo porque ya cuento con la experiencia en ellos”. Mencionó que hay días malos; aun así, según sus palabras, “sí saco para los gastos básicos como los frijolitos o unas chuletas”.

Es originario del Estado de México y lleva 20 años en Chihuahua; tiene su propia casa y una familia formada por su esposa y su hija, razón por la cual está definitivamente en Chihuahua. Trabaja por su cuenta y comenta que al inicio, cuando llegó a la ciudad, “hubo unos vendedores que quisieron aprovecharse de mí por ser el nuevo. Al principio les compraba sus sodas y después, cuando me di cuenta, les dije que ya no les compraría las sodas y me defendí; fue la única vez que me han molestado”.

También dio a conocer que actualmente no cuenta con el permiso vigente para la venta de sus productos; además, comentó que para él es difícil tener permiso, ya que al estar cambiando de producto de venta se le complica. Actualmente se encuentra en el semáforo de Pistolas Meneses y vende arañas de plástico.

Adrián tiene una familia formada por su esposa y dos niños, estudió hasta la secundaria y es originario de Chihuahua, Chihuahua. “Tengo trabajando desde muy joven, actualmente llevo 10 años trabajando en esto y hoy vendo flores. Sí puedo solventar mis gastos básicos aunque se batalla; en muchos casos, llego a ganar por una semana con flujo bajo unos 3,000 pesos y hasta 5,000 pesos en una buena semana”, comentó durante la entrevista.

Comenta que ahora la venta de las flores está muy baja, especialmente por la feria, y que a lo largo de los años ha trabajado en diversos semáforos sin asociarse antes a ninguna organización más que a su familia. “Toda mi familia trabaja en los semáforos: mis tíos, abuelos, papás”. Platicó que anteriormente tenía dos trabajos, uno de ellos formal; sin embargo, se le hizo muy pesado y prefirió dejar el trabajo formal y continuar en los semáforos.

Christian lleva aproximadamente 7 años vendiendo donas en los semáforos, actualmente en el semáforo de las calles Tecnológico esquina con la calle Desarrollo; según sus palabras, “el producto que vendo es mío”; sin embargo comentó que el permiso que otorga el gobierno para la venta de las donas debe ser para una organización. Diariamente puede llegar a ganar entre 700 y 800 pesos, lo cual mencionó es suficiente para sus gastos básicos como alimentación, servicios, entre otros.

Cuenta con una familia conformada por sus tres hijos y su esposa, por lo que para él es mejor vender donas que un trabajo en maquila. “Gano más vendiendo en los semáforos que en una maquila; aparte, me permite elegir mis propios horarios y tener tiempo de recoger a mis hijos y salir con mi esposa, sin tener que estar todo el día encerrado y no tener suficiente tiempo con mi familia”, mencionó Christian.

Al trabajar por su cuenta, él puede decidir sus horarios de trabajo dividiéndolo en dos horarios al día: el primero de 6:00 a.m. a 8:30 a.m. y de tarde de 5:00 p.m. a 8:00 p.m. En la investigación no se encontró información sobre redes de explotación infantil, ni se observaron niños trabajando de manera fija en los semáforos. Esto es un avance significativo y una excelente noticia para la comunidad chihuahuense. La única observación que se hizo fue la de una niña que bailaba en el semáforo junto a su mamá, quien estaba haciendo malabares.

Las cuales en ningún momento se veían forzadas y la niña tomaba la iniciativa de bailar. En cuanto a los inmigrantes que fueron entrevistados en los semáforos, los datos indican que están trabajando únicamente por necesidad. En ningún momento se les vio forzados a realizar esta actividad. Además, cada uno de ellos tiene sus propias familias y vidas ya establecidas en la ciudad, según lo que nos contaron cada uno de ellos. Al igual trabajan por su cuenta, generando un ingreso únicamente para sus necesidades.

El DIF de la ciudad tiene un programa gratuito de asistencia social llamado “La calle no es su lugar”. Este programa se enfoca en asegurar que no haya niños en la calle, ya sea trabajando o acompañando a sus padres. Ofrece a las familias de bajos ingresos un espacio de cuidado infantil completamente gratuito, ubicado cerca de sus hogares.

Los niños atendidos en estos centros del DIF reciben alimentación, atención médica y apoyo educativo sin costo alguno. Esto es posible gracias a un subsidio municipal que cubre todos los gastos del servicio, evitando que se convierta en una carga económica para los padres que trabajan.

Para que el programa funcione, un equipo especializado del DIF realiza recorridos matutinos en colaboración con la Dirección de Seguridad Pública Municipal, llevados a cabo en las principales avenidas de la ciudad.

Durante esta investigación se evidenció que los vendedores que trabajan en los semáforos enfrentan diversas dificultades relacionadas con la rigidez del sistema gubernamental. Los testimonios revelan un constante temor a las inspecciones de las autoridades municipales, las multas económicas, el riesgo de que les decomisen su mercancía sin garantía de devolución, y las complicaciones burocráticas para obtener un permiso oficial en la Dirección de Gobernación.

Esto los limita a un solo semáforo de la ciudad y a un único artículo, afectando su método de sustento e invalidando sus papeles si deciden cambiar de producto para mejorar sus ventas.

Además, la falta de documentación personal de identidad se presenta como un obstáculo clave que frena las oportunidades de conseguir un trabajo formal para las personas migrantes.

El análisis muestra que cada vida y situación es única: mientras que para las visiones institucionales y programas sociales como los del DIF —a través de iniciativas como “La calle no es su lugar”— los semáforos representan un entorno de vulnerabilidad y un tema de orden público que necesita regularización para proteger a los menores.

Para los vendedores independientes, adultos mayores y migrantes, la venta en los semáforos en Chihuahua es su normalidad, una alternativa laboral autogestiva y la única realidad diaria que les permite asegurar el sustento de sus familias.