Categoría: Cultural

Por: TANIA GARCIA RIVERA / Fecha: marzo 5, 2026

¿Alguna vez has pensado que los conceptos de izquierda y derecha están caducos, o bien, que son insuficientes para explicar los fenómenos políticos? Te invitamos a explorar este tema.

En este Café Filosófico comenzamos estableciendo una definición de los conceptos de izquierda y derecha en política, a partir de las propias perspectivas de los participantes.

La izquierda fue definida como aquella corriente que busca el bien de la colectividad, partiendo de una conciencia de clase que prioriza el desarrollo de los sectores históricamente más rezagados, con el objetivo de alcanzar una mayor igualdad social. Para ello, suele recurrir a una regulación estatal estricta de los bienes y los flujos económicos. Asimismo, se concibió a la izquierda como un motor de cambio social, generalmente asociado con la apertura hacia agendas progresistas.

En cuanto a la derecha, se le describió como una corriente que da prioridad al individuo por encima del colectivo, lo que tendería a legitimar la desigualdad entre las clases sociales. Se señaló que promueve una baja regulación estatal con el fin de favorecer la libre competencia económica. Además, fue entendida como una fuerza orientada a conservar el status quo, particularmente en lo referente al orden, las jerarquías y la moral tradicional.

Una vez delineadas estas nociones, advertimos que, en la práctica, es bastante común que una misma persona combine elementos de ambas tendencias. Esto se vuelve aún más evidente en el ámbito político, donde no es raro observar cambios de “bando” motivados por la conveniencia o el contexto.

Reconocimos también que la realidad política no puede reducirse únicamente al eje izquierda-derecha. Pues existen otros parámetros conceptuales que comprenden las posturas ideológicas y permiten una comprensión más rica del fenómeno político. Entre ellos se mencionaron dicotomías como feminismo–machismo, ambientalismo–extractivismo o nacionalismo–globalismo, entre otras.

A partir de esta complejidad, se propuso el uso del cuadro de espectro político (ver imagen) como una herramienta que permite articular múltiples ejes de análisis de manera simultánea. Este esquema no busca encasillar posturas de forma rígida, sino ofrecer una representación visual que facilite ubicar ideas, o fenómenos según diversos criterios al mismo tiempo. De este modo, el cuadro ayuda a diluir el maniqueísmo propio de las dicotomías simples, permitiendo reconocer matices y combinaciones ideológicas.

Respecto a su modo de empleo, surgió una disyuntiva. Algunos participantes sostuvieron que el análisis debería comenzar desde una posición de neutralidad, es decir, desde el centro del cuadro, para observar el fenómeno sin tomar partido inicial y permitir que los argumentos lo desplacen hacia uno u otro eje. Otros, en cambio, defendieron la necesidad de partir desde una postura definida, reconociendo que toda reflexión política está atravesada por valores y supuestos previos. 

Después de todo, en algo pudimos coincidir. Los conceptos de izquierda y derecha todavía señalan aspectos de la realidad política que son importantes de contemplar; sin embargo, los objetos de estudio son mucho más ricos y complejos de lo que pueda ser descrito a través de una simple dicotomía.