En este café filosófico reflexionamos acerca de las ideas que nos inculcaron nuestros padres y la sociedad, respecto a la utilidad y finalidad de los estudios. Los participantes compartieron ideas como las siguientes: que la educación sirve para progresar en la vida, facilitar el logro de objetivos y escalar en el sistema social, para otorgar un estatus más elevado y facilitar la obtención de ingresos monetarios. Que, en resumidas cuentas, la educación ayuda a vivir de una mejor manera.
Sin embargo, también salió a relucir el hecho de que algunos padres pensaron de manera distinta: que no importan tanto los estudios como el saber trabajar; y también, que lo importante es amar lo que se hace y además hacerlo bien. Por otro lado, hubo una concepción menos utilitarista de lo que es la educación, que su objetivo primordial es, sobre todo, ampliar la visión que se tiene de la realidad.
Entonces, decidimos explorar la definición que teníamos nosotros acerca de la educación, más allá de lo que nos hubieran inculcado. Dijimos entonces que la educación es una preparación para enfrentar los diversos desafíos de la vida, que sirve como una manera de mejorar la calidad de la misma, y que debe impartirse de manera integral, abarcando las áreas física, intelectual y moral. Se dijo también que cambia según la época y que suele estar dirigida a mantener un statu quo, así como a generar un tipo de ciudadano en específico.
Esto último nos llevó a cuestionarnos acerca de quién estaría decidiendo lo que se enseña y en base a qué se elegirían los contenidos. Mencionamos entonces que posiblemente influirían las circunstancias de la realidad en la que se vive, es decir, que el contexto material e intelectual de la época determina, en última instancia, lo que se enseña. Señalamos que la educación es una parte fundamental en el funcionamiento de la estructura social y que, como tal, se emplea según los requerimientos de quienes la dirigen.
Al llegar a este punto, pusimos el foco de nuestra atención en el papel que juegan los gobiernos de las naciones, diciendo que ellos decidirían lo que debe enseñarse según sus propias ideologías acerca de lo que es bueno y útil. Pero también, dijimos que la iniciativa privada juega un rol importante, pues muchas veces su capacidad de influencia es determinante para establecer lo que debe ser enseñado a los ciudadanos; el peligro radica en que su forma de operar y sus intenciones permanecen ocultas para el resto de la población.
Una idea colateral que surgió de todo esto fue la de suponer que a los grupos que ejercen el poder no les conviene que la sociedad desarrolle el pensamiento crítico, pues el pueblo dejaría de recibir pasivamente lo que ellos decidan enseñarnos.
Por eso, pensando en algunas alternativas para poder contar con una educación más libre, vimos que sería necesario soltar paradigmas impuestos y buscar fuentes de educación libres y confiables, así como procurar la educación autodidacta, ya que vivimos en una época en la que la información abunda y debe ser aprovechada.
