Categoría: Cultural

Por: TANIA GARCIA RIVERA / Fecha: abril 20, 2026

En esta charla, decidimos mirar de frente a una de las necesidades más profundamente humanas: la de conectar con algo trascendente.

En este Café Filosófico hablamos de las razones por las cuales pensamos que las personas necesitamos de lo espiritual. Dijimos que una de las principales causas es que los humanos nos sentimos abandonados en el mundo, experimentamos una especie de orfandad que no sienten otros animales. Lo vivimos como una soledad interna que, eventualmente, desemboca en la carencia de sentido.  

También que lo espiritual nos abre una vía hacia la trascendencia, entendida como una conexión con lo sutil, una fusión con el todo que nos provoca rendición y respeto; se trata de una experiencia sobrecogedora que requiere una presencia plena. Por si fuera poco, el acto de experimentarnos como parte de algo más grande nos hace sentir amados, acogidos, nos ayuda a salir del egoísmo. 

Además, la experiencia espiritual nos sirve como una guía para la vida, convirtiéndose en una especie de inteligencia interna que nos equilibra; nos ayuda a mirar más lejos y a seguir hacia delante con esperanza, haciéndonos resurgir de entre el dolor y el sufrimiento. 

Sin embargo, la situación actual en realidad nos aleja de lo espiritual. La vida posmoderna nos llena de distracciones y deseos, al tiempo que nos lleva a descreer de aquello que ofrece certezas o respuestas inmediatas. Incluso, muchas veces, buscamos adquirir la paz interior como si se tratara de un producto más con un precio en el mercado. 

No la espiritualidad en nuestra vida cotidiana porque, entre otras cosas, no solemos percibir los caminos que llevan hacia ella. Concebimos por separado lo que es sagrado o profano, perdiéndonos la unidad que se oculta detrás de los opuestos. 

Ahora bien, reconocimiento de nuestra necesidad de conectar con lo trascendental, aunada con la carencia de elementos a los cuales recurrir para lograrlo, pudimos discernir lo siguiente: Necesitamos creer en “algo” que nos lleve a vivir con sentido, para después poder conocer la experiencia de lo que es vivir una vida plena. 

Quizás, pensamos, esto se logre a través de la experimentación de certezas, o bien, a través de abrirnos hacia la infinitud de posibilidades que nos trae la incertidumbre; de este modo nos encontramos ante una disyuntiva. 

Entre las alternativas o soluciones que encontramos, vimos que sería necesario retomar rituales, percibir las sincronías de las que nos encontramos rodeados y mirar a través de la simbología que somos capaces de imprimir en todo ello.  

Así, poco a poco, podremos percibir que vamos recorriendo un camino, uno que nos lleva hacia una forma de estar nueva, tranquila y completa.