En este Café Filosófico dedicamos la conversación a reflexionar en torno a la llamada generación Z, conformada por jóvenes nacidos entre 1997 y 2012. Partimos de reconocer que se trata de la primera generación completamente nativa digital: crecieron con internet al alcance de la mano, con acceso inmediato a la información y con relaciones sociales mediadas, en muchos casos, por redes digitales. Se comentó que esta forma de vincularse les permite establecer relaciones en las que no es necesaria la cercanía física, aunque también puede derivar en relaciones parasociales, como cuando se llega a sentir cercanía o amistad con personas con las que en realidad no se interactúa, como los influentes. Asimismo, se señaló que el acceso desmedido a contenidos digitales puede exponerlos a información poco adecuada para su edad.
A lo largo del diálogo surgió la idea de que esta generación se caracteriza por alzar la voz frente a aquello que considera injusto. Se mencionaron causas como la crisis ambiental, el respeto a los derechos de la comunidad LGBT+ y las luchas feministas, y se recordó que en algunos países los jóvenes han logrado organizar protestas tan masivas que han llegado a poner en jaque a los gobiernos. Para varios asistentes, esto da cuenta de una generación crítica y políticamente activa.
Sin embargo, no todas las posturas fueron tan optimistas. También se expresó cierta desconfianza frente a este activismo emergente, pues se señaló que, en ocasiones, las protestas podrían responder más a la repetición de ideas que se vuelven tendencia que a una reflexión profunda. Se planteó la posibilidad de que algunas consignas sean asumidas de manera acrítica o incluso manipulada.
Al pasar al ámbito laboral, se comentó que la generación Z parece mostrar poco interés en ascender dentro de estructuras jerárquicas tradicionales. Algunas personas interpretaron esto como una respuesta a un contexto económico adverso; otras, como una elección consciente en favor del tiempo libre, la salud mental y una vida menos estresante. A favor de esta última postura, se dijo que esta generación sabe que la felicidad no se compra y que el éxito material no garantiza el bienestar.
No obstante, esta última idea también fue cuestionada, pues surgió la duda de si esta búsqueda del bienestar responde realmente a una convicción profunda o si se trata más bien de una forma de resignarse a condiciones económicas que limitan las posibilidades de desarrollo.
Otro punto que se puso sobre la mesa fue la tendencia a una menor especialización. Se sugirió que el exceso de información y la multiplicidad de opciones dificultan la toma de decisiones a largo plazo, lo que podría explicar la constante exploración de caminos distintos. En relación con esto, se mencionó que suelen experimentar una mayor rotación laboral y una baja tolerancia a la frustración, a pesar de su capacidad para identificar aquello que no funciona.
Hacia el cierre del café, se recordó que cada generación suele criticar a la que le sigue, subrayando sus fallas y carencias, y que probablemente esta no sea la excepción. Finalmente, coincidimos en que, aunque todas las juventudes han sido críticas y rebeldes en su tiempo, la generación Z parece ejercer esta actitud en un contexto distinto, marcado por la tecnología y el acceso libre a la información, lo que podría estar configurando nuevas formas de conciencia y de participación social.
