En este Café Filosófico, comenzamos definiendo lo que entendemos por moral, diciendo que es aquello que busca el bien colectivo desde una perspectiva socialmente vigente, que nos indica lo que se debe hacer por considerarse correcto y que, con la ética, nos servimos para evaluar los preceptos morales de cada época.
Después, nos dispusimos a evaluar desde diferentes posturas la posible existencia de una Moral Universal. Por el lado racional, defendimos que dicha moral podría ser representada por aquellos actos que buscan el bien de manera coherente y lógica; sin embargo, nos encontramos con la objeción de que la aplicación de la moral, aunque sea racional, atiende a un contexto determinado; por lo tanto, cambiará según el lugar y la época. Aun así, reconocimos que los actos racionales son siempre más morales si reconocemos nuestros verdaderos objetivos y motivaciones.
Desde un punto de vista biológico, observamos que existe un altruismo instintivo en los humanos, que solemos ser empáticos con nuestros semejantes y eso nos puede llevar a efectuar acciones que son buenas para todos. Sin embargo, también se dijo que estas acciones probablemente no pertenecen a un altruismo real, pues, al ser un mecanismo biológico, su finalidad siempre estaría relacionada con el bienestar que causa realizar actos bondadosos, o bien, con algún beneficio indirecto. De cualquier manera, lo que sí pudimos reconocer es que, independientemente de que se trate de un altruismo real, los actos empáticos son siempre convenientes de ser realizados.
Al continuar en nuestra búsqueda, se nos ocurrió que la Moral Universal podría encontrarse en sus consecuencias, es decir, en el bien causado a los seres vivos y al entorno. Mas, en esta ocasión, reconocimos que se vuelve imposible causar el bien a todos sin causar también algún daño… Aun así, pudimos ver que realizar un esfuerzo por pensar en todxs al actuar y decidir es, sin duda, un acto transformador que nos asegura resultados más morales.
Prosiguiendo en nuestra reflexión, nos encontramos con “lo ideal”, definido como una expresión exclusiva de actos virtuosos, amorosos y humanistas. Es decir, hacer el bien y actuar con amor en todos los casos. Pero reconocimos que esto también se vuelve utópico, que en la práctica es inalcanzable y que los intereses egoístas son también parte de la vida. A pesar de ello, pudimos ver que es posible acercarse al ideal y que, para ello, requerimos tener una educación en virtudes, así como en la práctica del amor y la empatía.
Después de todas estas reflexiones, concluimos que la existencia de una Moral Universal era prácticamente irrealizable, pero también que el solo hecho de realizar lo que es bueno y virtuoso, buscando el mayor impacto posible, tendrá siempre un valor intrínseco y cosechará resultados dignificantes.
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