En este Café Filosófico comenzamos definiendo lo que es el humor, diciendo que es una conducta natural o biológica que funciona como una catarsis ante los problemas que supone la realidad; nos ayuda a resignificar lo que de inicio se ve como negativo o doloroso y, por eso, funciona como un mecanismo de defensa.
Luego, para lograr ir más a fondo en nuestro entendimiento de lo que es el humor, nos cuestionamos acerca de cuáles serían las causas que provocan el humor, es decir, las cualidades que tiene aquello que pueda resultar gracioso. Dijimos entonces que se necesita tener un contexto en común para poder comprender lo gracioso; además, que lo disruptivo, lo absurdo y lo irónico también suelen ser características definitorias.
Fue a través de ese discurrir que llegamos a la necesidad de diferenciar los distintos tipos de humor que existen, catalogando así al humor blanco como aquel que es meramente ingenioso, sin llegar a “dañar” a nadie; luego, el humor negro, que emplea la tragedia y el dolor para hacer bromas irreverentes y disruptivas. Nos encontramos también con la sátira y la crítica social, que suelen ser irónicas, disruptivas e incluso absurdas, pero con una causa social o política. Por último, mencionamos la burla, que fue catalogada como un estilo de humor que se sirve de prejuicios para reírse de una persona, situación o grupo social.
Habiendo diferenciado entre los distintos tipos de humor, nos encontramos con la necesidad de identificar las causas por las que el humor se convierte en ofensa. Dijimos entonces que resulta determinante la posición de poder que pudiera gozar el emisor de la broma con respecto a quien la recibe para saber si se trata de una broma o bien de una falta a la dignidad de las personas; consideramos también relevante la existencia de un consenso entre ambas partes; y, por supuesto, la intención consciente de ofender es también un factor determinante.
Sin embargo, esto último también nos hizo reflexionar acerca de quién sería la responsabilidad de que la broma se convierta en ofensa: del receptor que “decide” ofenderse, o bien, de aquel emisor que lanza una broma hiriente de manera premeditada…
La cuestión también nos llevó a preguntarnos si deberíamos poder reírnos de “todo”, y si eso sería algo positivo. Por un lado, se dijo que sí, porque eso sería una señal de que hay libertad de expresión. Y, por otro lado, se dijo que no, porque la risa también puede ayudar a normalizar o promover ciertos tipos de violencia.
Pensando en esto, recordamos que muchos políticos suelen presumir que tienen un buen sentido del humor para ganar la simpatía de la población y también lo emplean para atacar a sus opositores. Sin embargo, también existen otros usos políticos del humor, por ejemplo, cuando se utiliza de manera inteligente para criticar al poder en turno.
En conclusión, lo que pareciera una simple forma de liberar estrés, o algo divertido, puede convertirse en una poderosa herramienta de protesta y también en un arma destructiva.
