Categoría: Tecnología

Por: TANIA GARCIA RIVERA / Fecha: marzo 26, 2026

En este Café Filosófico reflexionamos sobre cómo la tecnología transforma el aprendizaje y la vida. ¿Aprendemos mejor o solo más rápido? El reto es usar la tecnología sin perder lo humano.

En nuestro Café Filosófico titulado “Del lápiz a la IA: ¿estamos aprendiendo mejor o solo más rápido?”, nos propusimos reflexionar sobre los cambios que ha traído la tecnología en nuestras formas de aprender y de relacionarnos. Desde el inicio, los participantes reconocieron que el uso constante de dispositivos digitales ha modificado nuestras capacidades cognitivas y emocionales. Cada vez nos cuesta más concentrarnos, recordar la información que hemos visto o mantener la paciencia necesaria para construir el conocimiento de manera pausada y significativa.

Se mencionó también que, al delegar muchas tareas a las inteligencias artificiales, estamos perdiendo la práctica del análisis, la redacción y la lectura. Evitamos todo lo que implica un esfuerzo, y aprender requiere un esfuerzo de nuestra parte. Buscamos respuestas inmediatas, cumplir con lo que se nos pide, en lugar de hacer el trabajo necesario para poder lograr adquirir un aprendizaje durante el proceso.

Otro aspecto que se destacó fue que, al pasar tanto tiempo frente a pantallas, evitamos la interacción directa con el entorno, las personas y la comunidad; si tomamos en cuenta que las personas somos el producto de todas nuestras experiencias, vemos cómo nuestra humanidad se está viendo afectada. En este punto, surgió una preocupación particular, la infancia. Muchos coincidieron en que, por comodidad o falta de tiempo, los adultos permitimos que los niños pasen largas horas frente a dispositivos, mientras nosotros mismos permanecemos igualmente distraídos. Esta desconexión mutua afecta particularmente a las nuevas generaciones, de maneras que no podemos predecir.

Además, hablamos de la sobrecarga informativa. Hoy recibimos imágenes, noticias, anuncios y videos de todo tipo, de manera acelerada, por lo que rara vez tenemos tiempo para verificarla ni para procesarla de manera crítica; esto nos lleva a aceptar lo que vemos sin cuestionarlo; al parecer nos estamos llenando de información poco confiable debido a la forma en que llega hacia nosotros.

No obstante, también reconocimos los aspectos positivos del momento actual. La educación ha comenzado a dejar atrás métodos punitivos, autoritarios y rígidos, dando paso a modelos pedagógicos más abiertos, humanos y reflexivos. Los docentes, además, tienen hoy la posibilidad de formarse en nuevas metodologías que fomentan el pensamiento crítico, la creatividad y la autonomía del estudiante. Coincidimos en que los docentes de hoy tienen importantes responsabilidades.

También reconocimos que el avance tecnológico tiene sus aspectos positivos; el acceso a la información es más ágil y democrático, lo que nos permite aprender de manera más libre e independiente. Por eso, debemos realizar un esfuerzo por practicar y recuperar las capacidades de concentración, voluntad y reflexión, para poder complementar esto con las herramientas tecnológicas.

Finalmente, concluimos que el reto de esta era no es renunciar a la tecnología, sino usarla de forma consciente para potenciar nuestro crecimiento humano. Debemos devolver valor a actividades trascendentes como la convivencia con los otros y el amor comunitario. Solo así lograremos que el conocimiento no sea un cúmulo de datos, sino una vía para el desarrollo integral de la humanidad en su conjunto.