Categoría: Cultural

Por: SAMUEL GARCIA GARCIA / Fecha: diciembre 4, 2025

La modernidad marcó el comienzo de una nueva forma de identidad. El individuo comienza a definirse a sí mismo, a construirse una identidad a partir de datos que debía encontrar en sí mismo.

La denominada «Marcha del hambre». Ilustración por Fernando Vicente.

ACTO 1 | EL INTERMINABLE ESTATUS DE LA CIUDADANIZACIÓN.

En la última década del siglo XX, las migraciones internacionales se han constituido en uno de los principales temas de la agenda mundial. Su aparición en los programas de trabajo de numerosos actores sociales, desde organismos internacionales e instituciones estatales hasta organizaciones no gubernamentales y redes de asociaciones de migrantes, refleja la articulación cada vez mayor entre los espacios nacional, regional e internacional.

La noción de «ciudadanización» es entendida como un proceso sociopolítico que resulta de los distintos modos de intervención y legitimación que desarrollan los organismos internacionales y los Estados Nacionales en materia de políticas públicas y de las diferentes estrategias de participación que despliegan ciertas instituciones de la sociedad civil como las organizaciones de inmigrantes, los organismos de derechos humanos y las instituciones eclesiales.

La ciudadanización estaría dando cuenta de: la creciente participación de los movimientos y organizaciones de la sociedad civil en los asuntos migratorios y, el formal reconocimiento y extensión de derechos civiles, sociales, económicos, políticos y culturales a los migrantes, tanto a los inmigrantes como a los emigrantes.

No es un detalle menor que la emergente agenda global sobre migraciones sea liderada por organismos internacionales ya consolidados en el orden mundial. Estas agencias disponen de una producción y sistematización de conocimiento y experiencias mundiales y de una extensa red de vínculos con organismos gubernamentales, que les permiten llevar adelante, no siempre con todo el éxito que desean, su proyecto político y les confieren al menos la base de su legitimación. Dichas iniciativas se realizan en cooperación con las autoridades gubernamentales, las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales pertinentes y, con las ONG, la sociedad civil y el sector privado. Esta agenda global establece una nueva manera de organizar, clasificar y controlar los movimientos internacionales de población, basada fundamentalmente en la noción de equilibrio y eficacia. Su desarrollo difiere según los intereses de los actores políticos implicados y las especificidades del contexto socio histórico: por ejemplo, la regulación de la migración laboral y la migración llamada «irregular» o la defensa de los derechos humanos, mientras que en otras se enfatiza la seguridad nacional, suprimiendo cláusulas relativas a los derechos de los migrantes.

Otra de las dimensiones que constituye el proceso de ciudadanización de la política migratoria es el formal reconocimiento y extensión de derechos a los migrantes, ya sea en calidad de «ciudadanos al interior» o de «ciudadanos en el exterior». De acuerdo a la posición de los Estados en tanto autodefinidos como de inmigración o de emigración, la noción de ciudadanía como atribución de derechos se restringe o se expande según el ejercicio de esos derechos que —aparentemente— amenacen la construcción de la comunidad política nacional. El gobierno nacional, al ocuparse de la protección y defensa de los ciudadanos en el exterior, también espera ser retribuido mediante la «ayuda» o «apoyo» que puedan brindarle mediante el voto en instancias de consulta popular o de elecciones de representantes políticos. Es decir, el Estado nacional también estaría protegiendo sus propios intereses al proteger los derechos de los ciudadanos en el exterior.

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ACTO 2 | EL NO CIUDADANO, QUE PAGA COMO UNO NATIVO; EL MULTICULTURALISMO.

Ilustración de Ricardo Tomás.

Tras el avance de la inmigración de masas, especialmente a partir de los años ochenta del siglo XX, los países receptores, y principalmente las grandes ciudades, han aumentado su complejidad social a causa de la diversidad de culturas y etnias que se hacen visibles en el territorio urbano y reclaman espacios de expresión e intercambio cultural. La ideología del multiculturalismo empieza a adquirir una significación política en el momento en que la inmigración transforma visiblemente el contexto social de las ciudades donde se instala la mayoría de los inmigrantes, obligando al Estado a responder a los nuevos fenómenos sociales y culturales que emergían. El advenimiento de las sociedades multiculturales puede ser considerado una consecuencia de fenómenos modernos como la urbanización y la industrialización.

La modernidad marcó el comienzo de una nueva forma de identidad. El individuo comienza a definirse a sí mismo, a construirse una identidad a partir de datos que debía encontrar en sí mismo y ya no sólo en su posición social. En este sentido, definirse a sí mismo consiste en buscar qué hay de significativo en la diferencia con los otros. Una vez que la ideología multicultural es adoptada por un Estado como su objetivo sociopolítico, el multiculturalismo adquiere significación jurídica y se inserta en la lógica de la administración de la sociedad, a la cual el Estado reconoce los derechos particulares de los grupos que habían sido dejados de lado por el universalismo político y cultural. De este modo, la ruptura del multiculturalismo político con la modernidad consiste en adelantar políticas y prácticas sociales con las cuales unas ciertas categorías de la población se ven beneficiadas de un tratamiento legal particular, destinado a garantizar sus derechos universales.

Ilustración de Adobe.

La expansión urbana ha sido una de las causas que han intensificado la hibridación cultural que caracteriza hoy las sociedades latinoamericanas, y ha contribuido también a la consolidación de las megalópolis multilingües y multiculturales. Una diversidad manifiesta en las diferentes maneras de vivir, de comunicar, de crear y construir culturalmente. De este modo, la interculturalidad desborda los límites locales para insertarse en las redes culturales globales, donde todos devienen ciudadanos portadores de una diversidad y complejidad de referentes culturales. Así, la interculturalidad es entendida no sólo como interacción de culturas, sino también como la posibilidad de mantener, dentro de un marco intercultural más amplio, la pluralidad y la diversidad cultural. En general, la perspectiva transnacional entiende el proceso migratorio como un proceso dinámico de construcción y reconstrucción de redes sociales que marcan la movilidad espacial y las condiciones laborales, sociales, políticas y culturales de la población emigrante, de su familia, amigos y comunidades de origen y destino —o destinos—. En el devenir de las sociedades multiculturales contemporáneas, la experiencia del inmigrante, portador de diversidad cultural, de relaciones múltiples y complejas, y constructor de nuevas identidades colectivas, lleva a introducir la dimensión transnacional en el análisis del multiculturalismo.

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—BIBLIOGRAFÍA—

  • Novick, Susana. 2008. Las migraciones en América Latina. Buenos Aires: Catálagos.
  • Torres Falcón, Marta. 2012. La migración y sus efectos en la cultura. Sociológica, vol. 27, núm. 77 (septiembre-diciembre): 301-6.