
ACTO 1 | EL MOVIMIENTO SOCIAL CAMBIANTE.
Teniendo en consideración el pasado histórico cargado de represión y la adversidad que parecen cargar los ciudadanos a la hora de demostrar apoyo a cual determinado partido político en turno se tratase, pareciera incorrecto afirmar la existencia de una relación ambigua entre estos grupos y los movimientos sociales. Sin embargo, parte de las técnicas de los grupos sociales están ligadas al uso de los medios políticos como vehículo democrático para el cumplimiento de las exigencias y cambios que sus miembros tanto esperan. Existe un claro pensamiento de desconfianza y descrédito hacia los partidos políticos, y los movimientos sociales se han convertido en medios de expresión para las demandas de ciertos grupos o sectores de la sociedad. Lo sorprendente es la manera en la cual esta división parece desdibujarse dependiendo de las necesidades de la población, el entorno y la memoria histórica.
No es sorprendente que el principal factor que moviliza a la sociedad civil y que favorece la aparición de los movimientos sociales sea la pérdida de legitimidad y confianza en las instituciones democráticas o gubernamentales, la mayoría de las veces, ligadas a un partido político. Los partidos políticos son reflejo de la democracia, y su descrédito significa la inestabilidad de la confianza. La búsqueda de una reivindicación es el resultado de los «cambios globales» para adaptarse a las nuevas sociedades. Jürgen Habermas, un filósofo y sociólogo alemán conocido por su teoría de la «democracia deliberativa», ve en los movimientos sociales una visión de la era moderna. Las instituciones tradicionales se vieron alteradas por las nuevas formas de organización generadas por la producción capitalista, la dominación burocrática y los paradigmas sociales; los movimientos sociales adyacentes de esta época representan el cambio cultural producido por la aparición de una sociedad industrializada.
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ACTO 2 | EL CHOQUE DE OPINIONES Y LA CREACIÓN DE UNA EXIGENCIA.
El «enfoque del proceso político» es el punto de partida para entender la relación que tienen los movimientos sociales con los partidos políticos, pues es la influencia del contexto político lo que vincula la acción del Estado. Por ejemplo, la oportunidad/amenaza para los grupos movilizados y la facilitación/represión por parte de las autoridades. Los movimientos sociales son la manifestación de sentimientos de privación experimentados por los «actores», por lo que están sujetos a la percepción del individuo, el descontento social y la movilización de recursos.
El movimiento social está constituido por dos componentes: redes de grupos y organizaciones preparados para la movilización; actos de protesta para promover el cambio social; e individuos que asisten a actos de protesta o contribuyen con recursos sin ser necesariamente parte del grupo. Es aquí donde los partidos políticos entran en la búsqueda de una «coalición». Independientemente de aquello por lo que luchan los movimientos sociales, se debe entender que se trata de un hecho «popular», de la agrupación de sujetos que crearán un cambio; uno que necesita de actores sociales, los partidos políticos.
La alianza se convierte entonces en una forma de utilizar los canales institucionales. Existen varias maneras, como la «articulación», donde las organizaciones de los movimientos sociales alrededor del programa de un partido político promueven las posiciones partidarias para la obtención de un apoyo. O por el contrario, dentro de una perspectiva más sutil, están la «permeabilidad» y la «alianza», donde mientras en la última busca la negociación de una colaboración por un objetivo mutuo, la primera intenta infiltrarse en las organizaciones para, de manera paulatina, obtener el beneficio del movimiento social. Estos métodos se han visto a lo largo de la vida política en las campañas electorales. Tanta es la búsqueda de una aprobación social, que parte de los ideales o bases de los partidos puede cambiar dependiendo de las exigencias de los grupos sociales. Sin embargo, en muchos casos el descontento y la desconfianza crean un ambiente que no da lugar a una coalición; ya sea por no contar con los mismos objetivos o por el pasado histórico, prueba de un descontento social.
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ACTO 3 | LA INDEPENDENCIA DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES Y LA CONSECUENTE MEMORIA HISTÓRICA.
En estos casos se dan pie a dos procesos que son la «independencia» y la «transformación». Que —desde mi punto de vista— parecieran ser, en la mayoría de las ocasiones, las únicas alternativas viables. El primero surge cuando el movimiento social crea una presión a los partidos políticos para que estos hagan concesiones que, de no hacerse, pueden significar la pérdida de votos potenciales de quienes apoyan el movimiento —nuevamente, visto con mayor frecuencia en las campañas electorales—. La transformación se da cuando los propios movimientos sociales deciden convertirse en partidos políticos como medida para obtener sus exigencias y ser representantes políticos de sus miembros, como ocurrió en los movimientos obreros, los activistas ecológicos o los candidatos independientes.

Se debe entender que la sociedad civil está en constante cambio. Los movimientos sociales son el reflejo de la disconformidad de sus miembros y la exigencia de sus necesidades; mismos que, como se ha declarado, están en constantes cambios. Los mismos partidos políticos, en la búsqueda de la aprobación social o la garantía de contar con los suficientes votantes a sus nombres, han cambiado. Un ejemplo de esto es la desaparición de los movimientos sociales tradicionales que han sido reemplazados por nuevos paradigmas ligados a intereses como el medio ambiente, la transparencia política —consecuencia de la memoria histórica— y componentes técnicos relacionados con los derechos civiles.
Los movimientos sociales, especialmente los latinoamericanos, han surgido como un medio de lucha por el poder para los grupos desfavorecidos. La aparición de nuevos partidos políticos liderados por miembros de grupos sociales o activistas es un reflejo de la búsqueda de este poder. Dentro de ese contexto, se pueden apreciar dos posturas: aquella en donde los movimientos sociales hacen uso de la creación de un partido político ante la percepción de una falta de «verdadero apoyo» hacía sus demandas, y de la «adaptabilidad» de los partidos ya existentes que buscan la recuperación de la confianza de los ciudadanos, especialmente, por parte de las diversas instituciones democráticas.
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—BIBLIOGRAFÍA—
- Somuano Ventura, María Fernanda. 2007. Movimientos sociales y partidos políticos en América Latina: una relación cambiante y compleja. Política y Cultura 27 (primavera); 31-53.
