Categoría: Filosofía

Por: ROSANIO BRAVO DIAZ / Fecha: mayo 14, 2026

Para santo Tomás, la existencia de Dios se debe demostrar a posteriori; es decir, que se debe partir de los efectos conocidos para elevarse por el principio de causalidad a la causa primera y suprema.

TOMÁS DE AQUINO, EL MÁS GRANDE TEÓLOGO-FILÓSOFO DE LA IGLESIA DE LA EDAD MEDIA

III. Sus cinco vías de la demostración de la existencia de Dios

Santo Tomás sostuvo que no es inútil o superfluo facilitar las pruebas de la existencia de Dios, porque, aun cuando la proposición “Dios existe” indica la existencia de Dios, debido a que para nuestro entendimiento limitado no es un juicio analítico, evidente por sí mismo, sino que es una verdad que puede y debe ser deducida de otros conocimientos, la existencia de Dios es demostrable y necesita demostración. Para argumentar la existencia de Dios, santo Tomás siguió el método de Aristóteles de la distinción entre lo que es primero “por sí” o “por naturaleza” y lo que es primero “para nosotros”. Así, si Dios es primero en el orden del ser, él no es el primero en el orden de los conocimientos del ser humano, porque ellos empiezan por los sentidos. Así que la demostración necesaria de la existencia de Dios debe partir de lo que es primero para los seres humanos, es decir, de los efectos sensibles. En otras palabras, la existencia de Dios se debe demostrar a posteriori; es decir, que se debe partir de los efectos que son conocidos y que están cerca para elevarse por el principio de causalidad a la causa primera y suprema. A causa de la convicción de santo Tomás de que la existencia de Dios solo se debe demostrar a posteriori, rechazó el argumento ontológico de san Anselmo, el cual es a priori. Santo Tomás argumentó la existencia de Dios por medio de cinco vías que parten de los efectos sensibles para llegar a Dios. Él expuso estos argumentos en su obra Summa contra Gentiles y en su obra clásica Summa Theológica.

A. La vía del movimiento

Esta vía de la demostración de la existencia de Dios, que según santo Tomás se deduce del movimiento, fue establecida por Aristóteles y utilizada por Maimónides y por san Alberto Magno. Santo Tomás sostuvo que por la percepción de los sentidos se sabe que en este mundo hay movimiento; y en vista de que él entendió el movimiento en el sentido aristotélico del paso de la potencia al acto, argumentó que una cosa solo puede ser reducida al acto desde su estado de potencia por algo que ya está en acto. Así, todo lo que se mueve es movido por otro; es decir, que el que se mueve es movido por otro y el que mueve también es movido por otro, y así se podría seguir hasta el infinito; pero, por el hecho de que es imposible una serie infinita, es necesario llegar a un motor no movido, un primer motor; y, según santo Tomás, todos reconocen que ese primer motor es Dios.

B. La vía de la causa eficiente

El argumento que santo Tomás empleó en esta vía lo tomó de la causa eficiente de Aristóteles. Este argumento fue empleado por Avicena, por Alain de Lille y por san Alberto. Santo Tomás sostuvo que, en el orden de las causas eficientes que hay en el mundo sensible, no es posible que algo sea causa eficiente de sí mismo, porque, para que algo sea causa de sí mismo, tendría que haber existido antes de sí mismo, lo cual es imposible. Además, en la serie de causas eficientes es imposible proceder al infinito, porque no existiría la primera causa eficiente, ni habría efecto último ni causa intermedia. Así que es necesario admitir que debe haber una causa eficiente primera; es decir, la que todos la llaman Dios.

C. La vía de la contingencia y del ser necesario

Este argumento de santo Tomás había sido sostenido por Avicena y desarrollado por Maimónides. Para santo Tomás, el hecho de que las cosas pueden existir o no existir indica que pueden ser y no ser y que son contingentes y no necesarios, porque si fueran necesarios, siempre habrían existido, y no empezarían a ser ni perecerían. Por tanto, debe haber un ser necesario que siempre ha existido, y el cual es la causa de que los seres contingentes lleguen a existir. Tanto es así que todos le dicen Dios.

D. La vía de los grados de perfección

Este argumento fue sugerido por Aristóteles, en su obra Metafísica, y, en sustancia, fue sostenido por san Agustín y san Anselmo. Los grados de bondad, verdad, de la nobleza y de otros valores de las cosas de este mundo, que permiten formular juicios comparativos, por ejemplo, eso es más bello que esto, o esto es mejor que aquello, según santo Tomás, implican necesariamente la existencia de un Ser absolutamente perfecto; y ese Ser es el que llamamos Dios.

E. La vía de la finalidad

Santo Tomás sostiene que los objetos inorgánicos operan por un fin, porque siempre o a menudo obran igual para conseguir lo mejor. Así que no obran al azar, sino intencionalmente. Sin embargo, el hecho de que los objetos inorgánicos carezcan de conocimiento indica que no pueden tender hacia un fin a menos que sean dirigidos por alguien inteligente, así como la flecha es dirigida por el arquero. Por tanto, existe un ser inteligente, por el cual todas las cosas naturales son dirigidas a un fin. Ese Ser es Dios. En su obra La suma contra los gentiles, santo Tomás formula este mismo argumento, diciendo que el hecho de que muchas cosas con cualidades diferentes e incluso contrarias cooperen hacia la realización de un solo orden indica que existe una causa inteligente o providencia: et hoc dicimus Deum (y a esto llamamos Dios).

Bibliografía

  • Historia de la filosofía, tomo II, Frederick Copleston, Editorial Ariel, S.A., Barcelona.
  • Historia de la filosofía, volumen I, Nicolás Abbagnano, traducción de Juan Estelrich y J. Pérez Ballestar.
  • Historia de la filosofía medieval, Mauricio Beuchot, Fondo de Cultura Económica, Suma de Teología por Santo Tomás de Aquino, Edición dirigida por los Regentes de Estudios de las Provincias Dominicanas en España, Presentación por Damián Byrne, O.P., Maestro general de la orden de predicadores.