SAN AGUSTÍN, EL ESTABLECEDOR DE LOS PRINCIPIOS DE LA FILOSOFÍA Y LA TEOLOGÍA CRISTIANA DE TODA LA EDAD MEDIA
II. Su doctrina sobre Dios
A.-Los argumentos que empleó para demostrar la existencia de Dios
1.- La aprehensión de la verdad necesaria e inmutable que existe en el espíritu.
Para san Agustín, la verdad que es aprehendida por el pensamiento no es de ningún hombre, está presente a todos y se da a sí misma a todos por igual; es superior a la mente. La mente no constituye la verdad ni puede enmendarla, y reconoce que la trasciende y gobierna su pensamiento. Aun cuando la mente varía en su aprehensión de la verdad, la verdad permanece siempre igual. San Agustín llega a la conclusión de que la verdad necesaria e inmutable que es aprehendida por la mente es Dios, porque él es el Ser eterno, inmutable y necesario; Dios es la Verdad más alta y la fuente de todas las verdades.
Una variante de este argumento es que San Agustín demuestra la existencia de Dios a través de su pensamiento de la búsqueda de la verdad por parte del alma. Así, el alma empieza a buscar la verdad, considerando el mundo de los sentidos a partir de la duda inicial y su refutación si falló, sum, una especie de preliminar metódico para la búsqueda de la verdad. Al no encontrarla en el mundo de los sentidos, se vuelve hacia su propia intimidad y considera su propia falibilidad y mutabilidad. Así que, descubre que la verdad inmutable la trasciende, no depende de ella; y es conducida a la aprehensión de Dios como fundamento de toda verdad.
2.-El mundo corpóreo demuestra la existencia de Dios
AL emplear Agustín este argumento para demostrar la existencia de Dios, indica que él no tuvo el objetivo de desarrollar una prueba en el sentido académico para probar al ateo que Dios existe, sino mostrar al alma cómo toda creación proclama al Dios viviente que ella puede experimentar en sí misma. En otras palabras, a san Agustín no le interesaba la construcción de argumentos dialécticos con una conclusión puramente teorética, sino la actitud dinámica del alma hacia Dios. Agustín sostiene que la felicidad que el alma aspira no se la puede dar la creación, y que ella le informa que la perfecta felicidad que busca solo la puede hallar en Dios, a quien debe buscar dentro de sí misma.
En su comentario al Salmo 73, san Agustín pregunta a un interlocutor: “¿Cómo sé que estás vivo tú, cuya mente no veo? ¿Cómo lo sé?” Antes de que el interlocutor le responda, él, le instruye que responda: “porque hablo, porque ando, porque trabajo”. Con base en la respuesta que el interlocutor debe darle, san Agustín le dice: “¡Necio! Por las operaciones del cuerpo yo sé que tú vives, ¿y no puedes tú, por las obras de la creación, conocer al Creador?” Así, san Agustín formula la prueba de la existencia de Dios a partir de sus efectos; pero, no la desarrolla de manera teórica, sino que la presenta por vía de comentario en el curso de su exégesis de las Escrituras. De igual manera, san Agustín, en su libro la ciudad de Dios, al afirmar que el orden, disposición, belleza, cambio y movimiento del mundo y de todas las cosas visibles, proclaman silenciosamente que el único que los creo fue Dios, el inefable e invisiblemente grande y bello, no está ofreciendo una prueba sistemática de la existencia de Dios, sino, que está recordando un hecho a los cristianos. Además, cuando, en su comentario a Génesis capítulo 5, expresa que el poder del Creador y su fuerza omnipotente y omnisciente es para todas y cada una de las criaturas, la causa de su continua existencia, y que, si esa fuerza dejara de dirigir las cosas que han sido creadas, en ese mismo instante sus formas dejarían de ser y su naturaleza entera, perecería, él enuncia el hecho y la necesidad de la conservación divina, y recuerda a sus lectores un hecho reconocido, en vez de dar una prueba filosófica de ese hecho.
3.- El consentimiento universal de la existencia de Dios
San Agustín sostuvo que el poder de la verdadera divinidad no puede quedar totalmente escondido a la criatura racional, cada vez que ella hace uso de su razón; dado que, con la excepción de unos pocos seres humanos, cuyas naturalezas están excesivamente depravadas, toda la raza humana confiesa que Dios es el autor del mundo. Incluso si un hombre es politeísta, todavía intenta concebir al único Dios de dioses como algo más excelente y más sublime que lo cual nada existe. Todos coinciden en la creencia de que Dios es aquello que sobrepasa en dignidad a todos los demás objetos. Sin duda alguna, san Anselmo estaba influido por esas palabras de san Agustín cuando estableció su argumento ontológico para demostrar la existencia de Dios, con base en la idea universal de aquello mayor que lo cual no se puede concebir nada por el pensamiento.
B.- Los atributos de Dios
Dios, según san Agustín, por ser autoexistente, eterno e inmutable, es infinito; y, por ser infinito, es incomprensible; Dios es su propia perfección y es simple. Así que su sabiduría, su conocimiento, su bondad y su poder son su propia esencia, la cual no tiene accidentes. Dios, a causa de su espiritualidad, infinitud y simplicidad, trasciende el espacio; y a causa de su eternidad, trasciende el tiempo. Dios es autoexistente; y no existe en ningún intervalo ni extensión de espacio, sino que, debido a su inmutable y preeminente poder, simultáneamente es interior a todas las cosas porque todas ellas están en él, y es exterior a todas las cosas, porque él está por encima de todas ellas. Dios, tampoco está en ningún intervalo ni extensión de tiempo, dado que, por su inmutable eternidad, es más antiguo que todas las cosas y más joven que todas ellas.
C.- Su doctrina del ejemplarismo
De acuerdo con San Agustín, Dios conocía desde la eternidad todas las cosas que iba a hacer, tal como están en él como ejemplares. Él, desde toda la eternidad, ha visto en sí mismo las cosas que podía crear y crearía, como posibles reflejos de sí mismo; y él hizo todas las cosas tal como las conocía y así como existen, como reflejos externos y finitos de su divina esencia. El conocimiento de Dios se caracteriza por ser una sola visión eterna, inmutable e inefable. Dios ve y prevé, en virtud del acto externo de su conocimiento y visión; para él, nada es pasado ni futuro. Incluso conoce de antemano los actos libres del hombre; por ejemplo, él conoce de antemano lo que le pediremos, y cuándo le pediremos, y a quién atenderá o a quién no atenderá, y en qué cuestiones atenderá o en qué cuestiones no atenderá. Dios, al contemplar su esencia desde toda la eternidad, ve en él todas las posibles esencias limitadas y los reflejos finitos de su infinita perfección. Por tanto, las esencias o rationes de las cosas están presentes en la mente de Dios desde toda la eternidad. Aun así, de acuerdo con la doctrina de san Agustín sobre la simplicidad divina, no puede entenderse que haya en Dios accidentes, es decir, ideas que sean ontológicamente distintas de su esencia. San Agustín, en su obra Confesiones sostiene que las razones eternas de las cosas creadas se mantienen inmutablemente en Dios; y en su obra De Ideis afirma que las ideas de Dios son ciertas formas arquetípicas o razones estables e inmutables que él tiene de las cosas, que él, a su vez, no formó, sino que, las tiene contenidas eternamente en su mente y son siempre iguales. Las razones estables e inmutables que Dios tiene de las cosas nunca nacen ni perecen, sino que todo cuanto nace o perece se forma según ellas. Por tanto, las criaturas tienen verdad ontológica toda vez que encarnan o ejemplifican el modelo establecido en la mente del ser divino; y que él en sí mismo es la norma de la verdad. La doctrina ejemplarista de san Agustín fue influenciada por el neoplatonismo, según el cual las ideas ejemplares platónicas están contenidas en el Nous; sin embargo, para san Agustín las ideas no están contenidas en el Nous, una sustancia subordinada, sino en el Verbo, quien es la segunda persona de la Santísima Trinidad y consustancial con el Padre. Esta doctrina de san Agustín pasó a la Edad Media; puede ser considerada una característica de la escuela agustiniana. Fue aceptada por santo Tomás, aunque la reformuló para que no implicara que en Dios hay ideas ontológicamente separadas, y para, según él, no sostener una doctrina que dañaría la doctrina de la simplicidad de Dios, dado que, en Dios no hay distinción real, salvo la que se da entre las tres personas divinas. Por haber aceptado esta doctrina, Tomás de Aquino fue un seguidor de san Agustín, sin embargo, san Buenaventura fue quien más insistió en la doctrina del ejemplarismo y en la presencia de las Ideas divinas en el verbo de Dios, en el siglo 13; su insistencia en esta doctrina contribuyó para que su actitud hacia la metafísica de Aristóteles, que había tirado por la borda las ideas platónicas, fuera hostil.
Bibliografía
- Historia de la filosofía, tomo II, Frederick Copleston, Editorial Ariel, S.A., Barcelona.
- Historia de la filosofía medieval, Mauricio Beuchot, Fondo de Cultura Económica.
