III. Hugo de San Victor
B. Su postura sobre la teología
Para Hugo de San Víctor, la demostración racional de la existencia de Dios, como momento necesario de la investigación filosófica, se divide según parta de la consideración del hombre o de la consideración de las cosas externas. Así, la existencia de Dios se demuestra por la consideración de la existencia del espíritu del ser humano, dado que, cuando el espíritu humano se considera a sí mismo como una realidad existente, se distingue de los cuerpos y de todo lo que conoce; y al percibirse como existente, ve que no siempre ha existido, sino que su ser ha tenido un principio y que no es él mismo. Así que admite la existencia de una causa creadora que es el fundamento de su existencia. Y en vista de que no se puede pensar que esta causa también fue creada, para evitar un proceso al infinito, se debe admitir que la causa subsiste por sí y en sí y que el ser de ella no tiene principio, sino que es eternamente real. También la existencia de Dios se demuestra por medio de la consideración de las cosas externas, dado que todas las cosas que tienen nacimiento y muerte deben tener un origen y un creador; y el hecho de que todo lo que es mudable no siempre ha existido indica que ha debido tener un principio. Por tanto, las cosas externas confirman lo que el alma encuentra en sí; es decir, que la naturaleza revela a su autor, así como lo revela el alma.
También la doctrina de la Trinidad divina puede ser demostrada a través de la vía interna y de la vía externa. Así como en el hombre la palabra interior se revela en la palabra externa, en Dios la palabra interior, que es su eterna Sabiduría, se revela en la palabra externa, que es el mundo creado; y así como en los seres humanos, el espíritu, la razón, la sabiduría que nace de la razón y el amor que nace de ambas son una única realidad, también en Dios espíritu, sabiduría y amor constituyen una única sustancia. A diferencia de que en el espíritu del ser humano la sabiduría y el amor no tienen personalidad porque son puros accidentes o afecciones del espíritu, en Dios la Sabiduría y el Amor son el ser mismo de Dios; es decir, que son lo que Dios mismo es y, por consiguiente, personas divinas. De este modo, en Dios hay tres personas en una sola naturaleza, mientras que en el hombre hay una sola persona. Aun cuando en el hombre hay una sola persona, las diversas cualidades de su vida interior corresponden a la Trinidad divina, aunque sin reproducirla adecuadamente. Además, la grandeza del mundo corresponde a la potencia divina, y su belleza a la sabiduría divina; y su finalismo y su conformidad a las necesidades del hombre, a la bondad divina.
Dios creó el mundo secundum se; es decir, en conformidad consigo mismo, porque no tomó del exterior la forma de su obra; y también lo creó propter se, es decir, a causa de sí mismo, porque no recibió de otro la causa de su acción creadora. Al tratar sobre la creación, Hugo distinguió las cosas que son solamente causa, las que solo son efecto y las que son al mismo tiempo causa y efecto. Así, lo que solo es causa es Dios, dado que Él es la causa suprema; lo que solo es efecto es la materia, de la cual las cosas generadas están compuestas; y entre la causa y el efecto existen y se mueven todas las otras cosas, que están en relación de causa a efecto, y que van desde la causa primordial hasta la materia. En el proceso de creación, Dios creó primero la materia informe, la cual no era informe en el sentido de estar sin ninguna forma, dado que lo que está falto de forma carece de existencia. La materia era informe en el sentido de que estaba confusa y mezclada; es decir, que le faltaba el orden y la disposición que después Dios le dio.
En contra de la afirmación que Abelardo había sostenido de que Dios no puede hacer otra cosa que lo que hace, y que ni aquello que hace puede hacerlo mejor de como lo hace, Hugo sostuvo que Dios hubiera podido crear un mundo mejor. Para Hugo, es posible que Dios no pueda crear un mundo mejor debido a que el mundo no carece de ninguna perfección o porque no es susceptible de mayor perfección. Pero, si Dios no puede crear un mundo mejor debido a que el mundo no carece de ninguna perfección, el mundo sería semejante al creador y el creador sería rebajado a los límites de lo finito o el mundo sería situado más allá de los límites de lo finito; ambas cosas son imposibles. La afirmación de la incapacidad del mundo para recibir una perfección mayor es una prueba de que el mundo no es el mejor y más perfecto, porque esta incapacidad es defecto e imperfección. Dios es el único que, por ser perfecto, no puede ser más perfecto. El hecho de que el mundo creado no participe de la perfección absoluta de Dios indica que Él hubiera podido crearlo mejor que como en realidad lo ha creado. Solamente Dios puede hacer lo que es imposible, porque poder lo imposible no es no poder.
Al hablar sobre la creación, Hugo sostuvo que la realización de la creación no fue una acción necesaria de Dios, sino una libre manifestación de su bondad; y negó que la creación sea eterna. Dios tuvo la decisión y la voluntad de crear a los hombres desde la eternidad, pero la creación no es eterna. Aun cuando Dios quiso siempre que el mundo existiera, no quiso que fuera eterno. La diferencia entre el querer creador de Dios y lo creado consiste en que el querer creador de Dios es eterno y lo que es creado no es eterno. En la creación participaron el poder y la bondad de Dios, y también su sabiduría. La sabiduría de Dios se caracteriza por ser ciencia, presciencia, disposición, predestinación, providencia. De manera específica, la sabiduría de Dios es ciencia de las cosas existentes, es presciencia de las cosas futuras, es disposición de las cosas que se han de hacer, es predestinación de los hombres a la salvación, y es providencia de los que están sujetos al querer divino. El hecho de que todas las cosas estuvieran en el conocimiento de Dios desde la eternidad no indica que sean necesarias, dado que las cosas no llegan necesariamente al ser porque han sido pensadas por Dios. Aun cuando todas las cosas estaban en el conocimiento de Dios desde la eternidad, pudo ser posible que no hubieran llegado a ser reales, dado que las ideas divinas no son causa de las cosas; la voluntad divina es la única que transforma las ideas divinas en realidad creada.
Para Hugo, todos los valores están determinados por la voluntad de Dios. Así, todo lo que es bueno y justo es tal porque Dios ha querido que lo sea. En vista de que el ser justo es la propiedad esencial del querer divino, a la pregunta por qué es justo lo que es justo, hay que responder que es justo porque está conforme con la voluntad de Dios, la cual es justa; y a la pregunta de por qué la voluntad de Dios es justa, hay que responder que no hay causa de la causa primera, sino que ella es por sí lo que es.
Si se da por hecho que la voluntad de Dios es el bien, también se da por hecho que la presencia del mal en el mundo debe ser exigida por la bondad conjunta del mundo. Es un hecho que Dios hizo el bien y permitió la existencia del mal, a pesar de que Él no es autor del mal. Aun cuando el mal existe y permanece, también existe y permanece el bien, y fue bueno que el bien y el mal existieran en el mundo. Para Hugo, el bien no procede solo del bien, sino también del mal; y a través de la oposición del bien y del mal, resulta más evidente la belleza y el orden total del mundo. Así que es bueno que el mal exista. Por este motivo, Dios ha permitido la existencia del mal.
Bibliografía
Historia de la filosofía, volumen I, Nicolás Abbagnano, Traducción de Juan Estelrich y J. Pérez Ballestar.
