A. La Cábala
El término cábala viene de la palabra hebrea qabbalah, que significa tradición. Con este término se designa la serie de especulaciones que se considera como parte de la filosofía judía. La cábala contiene diversos elementos; incluye la meditación de la Escritura, de toda la tradición oral, de la liturgia, de la práctica, de la teurgia, de las supersticiones populares, etc.
La cábala estaba constituida por el libro de la creación (Jezîrah), el cual fue escrito probablemente después de la mitad del siglo IX; y el libro del Esplendor (Sohar), cuya composición inició a principios del siglo XIII y fue escrito por el judío español Moisés de León y publicado en España hacia fines del siglo XIII, y posteriormente se le hicieron adiciones y comentarios. En la Cábala se distinguen dos corrientes de pensamiento: la contemplativa y la teosófica, expuesta en el llamado Sohar (Esplendor). La filosofía cabalística sostiene la doctrina emanatista semejante a la de los neopitagóricos y a la de los neoplatónicos. El Sohar, el cual contiene un comentario al Pentateuco, expone la doctrina emanatista. Dios, según la doctrina expuesta en el Sohar, es una realidad sin límite y es inaccesible a toda determinación o conocimiento. Él, esencialmente, es la negación de toda cosa determinada; es decir, que es el no-ser de cada cosa o la Nada. Así que el mundo creado por Dios salió de la nada. El mundo fue creado por las sustancias intermedias llamadas Números (Sefiroth), las cuales son al mismo tiempo los atributos fundamentales de Dios y las fuerzas a través de las cuales se realizó la creación divina. Los Sefiroth son como los primeros rayos y más directos del esplendor divino, porque la mediación de ellos garantizó a Dios la unidad absoluta mientras su acción emanante se expande en lo múltiple de las cosas. Hay diez Sefiroth, las cuales están representadas en círculos alrededor de un centro en el siguiente orden: la Corona Suprema de Dios; la Sabiduría o Idea de Dios; la Inteligencia o principio de organización del mundo; la Gracia; la Justicia; la Belleza; el Triunfo; la Gloria; el Fundamento (de las fuerzas activas de Dios); la Majestad. Estas sustancias producen todas las realidades del mundo visible. Las primeras tres constituyen, según el esquema de la trinidad neoplatónica, el mundo inteligible. A causa del amor, el mundo visible y el inteligible están relacionados y tienden a acercarse y a unirse. En respuesta al impulso que viene del mundo inferior y que tiende hacia el superior, el mundo superior desea y ama al inferior. Así, Dios solamente ama a aquellos que le aman.
El alma del ser humano reproduce las tres primeras sustancias emanadas; es decir, que ella es espíritu vital, espíritu intelectual y alma verdadera, de manera que domina sobre las dos anteriores y es el órgano de la santidad y de la virtud superior.
La cábala judía no tiene propósitos filosóficos; en vez de emplear expresión conceptual, prefiere la imaginativa o alegórica. Tiene la intención de despertar la actitud del misticismo y de defender el planteamiento doctrinal de la ortodoxia hebrea tradicional. En consideración a los conceptos tomados del helenismo o de la obra de los filósofos judíos de la Edad Media, los defensores o expositores de la cábala de los siglos XIII y XIV intentaron hacer de ella una alternativa a la obra de los filósofos y polemizaron en contra de ellos. Por el contrario, los filósofos del Renacimiento tomaron de la Cábala algunas de sus inspiraciones y con frecuencia la defendieron como un instrumento para la interpretación de los libros sagrados.
Bibliografía
- Historia de la filosofía, volumen I, Nicolás Abbagnano, Traducción de Juan Estelrich y J. Pérez Balleza, Hora, S.A., Barcelona.
- Diccionario de filosofía, Tomo I, José Ferrater Mora, Editorial Sudamenricana, Buenos Aires.
