Categoría: Filosofía

Por: ROSANIO BRAVO DIAZ / Fecha: febrero 23, 2026

Orígenes, para indicar la unidad de Dios, se sirvió del término pitagórico mónada; y sostuvo que el mundo sensible fue formado por la caída de las sustancias intelectuales del mundo inteligible.

DIOS Y EL MUNDO, SEGÚN EL SISTEMA FILOSÓFICO-TEOLÓGICO DE ORÍGENES

Imagen de Orígenes en el libro de apologética católica

Orígenes fue hijo de padres cristianos, nació en 185 o 186, probablemente en Alejandría; fue discípulo de Clemente, y, según algunos, también de Saccas, el maestro de Plotino; cuando tenía 18 años, el año 203, fue nombrado director de la escuela catequética, como sucesor de Clemente; estudió las obras de los filósofos griegos; Se castró, probablemente para quitar todo pretexto a la malignidad pública, puesto que su escuela era frecuentada también por mujeres; Huyó a Palestina,  en el 215 o 216, a causa de los extraños estragos hechos por Caracalla en Alejandría, donde los obispos Alejandro de Jerusalén y Teoctisto de Cesárea le acogieron con honor y le hicieron predicar en sus iglesias; pero, Demetrio no aprobó esta predicación de un lego e impuso a Orígenes su vuelta a Alejandría. Abandonó la dirección de la escuela de Alejandría, en 231 y 232, a causa de un proceso sinodal dirigido contra ciertos rasgos de su doctrina, y también contra su ordenación, la cual, se dijo que había sido realizada en Palestina a pesar de su acto de automutilación; y fundó una escuela en Cesarea de Palestina, donde san Gregorio Taumaturgo fue uno de sus discípulos. Murió en Tiro, en 254 o 255, a los sesenta y nueve años, a consecuencia de la tortura que sufrió en la persecución de Decio.

Dentro de su postura sobre la metafísica, Orígenes sostuvo que Hay un Dios, el cual es simple e inmaterial; pero, que dada su completa trascendencia sobre nuestras categorías, sólo puede ser conocido negativamente. Orígenes afirmó que Dios no es un cuerpo y no existe en un cuerpo; sino, que su naturaleza es espiritual y simplicísima. Su ser es homogéneo, indivisible y absoluto que no puede ser considerado como el todo ni como una parte del todo, porque el todo está compuesto de partes. Para indicar la unidad de Dios, él se sirvió del término pitagórico mónada; y para expresar aún más claramente la singularidad absoluta de Dios empleó el término neoplatónico énada. Bajo la influencia del neoplatonismo sostuvo que Dios creo el mundo desde la eternidad. En primer lugar, según Orígenes, Dios creo el mundo desde la eternidad por necesidad de su naturaleza que es bondad, puesto que por ser bondad nunca pudo estar «inactivo», ya que la bondad tiende siempre a la autocomunicación y a la autodifusión. En segundo lugar, sostuvo que Dios creo el mundo desde la eternidad, porque si él hubiera creado el mundo en el tiempo, y hubiera habido un tiempo en el que el mundo no existiera, la inmutabilidad de Dios resultaría deteriorada, lo cual es una imposibilidad. Por otro lado, Dios es el creador de la materia en el sentido estricto y cristiano; pero, hay una infinidad de mundos, que se suceden unos a otros, y todos diferentes unos de otros. Además, por el hecho de que el mal, es privación, y no algo positivo, Dios no puede ser acusado de ser el autor del mal.

Sobre el Logos, Orígenes sostuvo que se halla en una posición subordinada; y aun cuando es coeterno con el Padre, el cual no sería Padre si no hubiera engendrado al Hijo; pero, no es eterno en el mismo sentido. La eternidad del Hijo depende de la voluntad del Padre, en el sentido de que Dios es vida y el Hijo recibe la vida del Padre; y en el sentido de que el Padre es el Dios, el Hijo es Dios. El Espíritu Santo es creado por Dios a través del Logos. El Espíritu Santo es una fuerza puramente religiosa, que no tiene en el mundo ninguna tarea propia.

Basado en la doctrina Platónica del Fedro y bajo la influencia de los gnósticos, especialmente de Valentino, Orígenes sostuvo que el mundo sensible fue formado por la caída de las sustancias intelectuales que habitaban el mundo inteligible. Las inteligencias incorpóreas, que constituían el mundo inteligible, fueron creadas sujetas a cambio; y provistas de libre albedrío. Ellas cayeron de su estado original debido a su pereza y repugnancia hacia el esfuerzo que la práctica del bien exige. El bien dependía, según lo establecido por Dios, exclusivamente de la voluntad de ellas, dado que, para que así fuera, Dios las había creado libres. Por su descuido y oposición al bien ocasionaron su caída, dado que, la ausencia del bien es el mal y en la medida del alejamiento del bien se cae en el mal. Orígenes, en contra de la doctrina gnóstica que había negado la libertad del acto, insistió que ella había provocado, la caída de las inteligencias en el mal. De manera concreta, la caída se debió a un acto libre de rebelión contra Dios, en la cual participaron todos los seres suprasensibles, excepto el Hijo de Dios. Así, apareció el mundo visible con la variedad y multiplicidad de los seres que lo constituyen. A causa de la caída, algunas inteligencias se convirtieron en almas de los cuerpos celestes, etéreos, luminosos y sutiles; otras, en ángeles, a los cuales Orígenes dio los nombres bíblicos de tronos, potestades, dominaciones, etc., destinados a ser los ministros de Dios cerca de los hombres; otras, descendieron hasta la carne y la sangre” y se convirtieron en hombres; y las últimas, se convirtieron en demonios. Para Orígenes existe una pluralidad sucesiva de mundos; pero, contrario al estoicismo, niega que estos mundos sean la repetición uno del otro, dado que, la libertad de que están dotados los hombres impide tal repetición; sin embargo, después que se han sucedido un número indeterminado de mundos, llegará el fin. Entonces, el mundo visible volverá al invisible; los seres racionales habrán expiado a través de la serie de vidas sucesivas en los diversos mundos, su pecado original, y llegarán a la perfección y a la salvación final, y podrán ser restituidos a su condición primitiva y conocer a Dios.

El Logos, según Orígenes, tiene una misión esencial en este proceso de caída del mundo inteligible en el mundo sensible y del retorno del mundo sensible al inteligible. Por atribuir al logos la misma función que le atribuían los estoicos, sostuvo que el Logos es el orden racional del mundo y la fuerza que determina su unidad y lo dirige; y como tal, se distingue de Dios, ya que solamente el Padre es el Dios en sí y el Logos es la imagen y el reflejo de Dios. Difiere del Padre en esencia y en sustrato” y dejaría de ser Dios si no contemplara continuamente al Padre. EL Logos, por su naturaleza subordinada, ha recibido del Padre el encargo de penetrar en la obra de la creación y de infundirle orden y belleza; y vive en todos los hombres, los cuales participan de él; y aun permaneciendo idéntico a sí mismo, el Logos se adapta a los hombres y a su capacidad de llegar hasta él; y se reviste de formas diversas, según la disposición y capacidad de progreso de aquellos que se acercan a conocerle. Por tanto, el Logos es la fuerza inmanente que diviniza al mundo y al hombre; y en la misma medida en que se acerca al mundo y al hombre para penetrarlos y volverlos a conducir a la perfección originaria, se aleja del Padre. La encarnación del Logos fue exigida y justificada por la función de él, en el hombre; y  por ella se apropia de un cuerpo mortal y de un alma humana. Ni su cuerpo mortal es divino ni su alma humana, sino solamente el Logos, que permanece inmutable en su esencia y no sufre nada de lo que le sucede al cuerpo y al alma de Cristo. Aun así, el elemento divino y el elemento humano no permanecen, yuxtapuestos en Cristo después de la encarnación; sino que, su alma y su cuerpo constituyen con el Logos una unidad absoluta.

Bibliografía

  • Historia de la filosofía, volumen I, Nicolás Abbagnano, Traducción de Juan Estelrich y J. Pérez Ballestar, Hora, S.A., Barcelona.
  • Historia de la filosofía, tomo II, Frederick Copleston, Editorial Ariel, S.A.,Barcelona.
  • Historia de la filosofía medieval, Mauricio Beuchot, Fondo de Cultura Económica.