La historia de la civilización china ha sido particularmente prolongada e interesante. Tradicionalmente, la unificación de China como estado se atribuye al emperador Qin Shi Huangdi, famoso por la tumba de Xi’an donde se encontraron los guerreros de terracota, quien en el año 221 a.C. se convirtió en el primer emperador de “todo bajo el cielo”. Sin embargo, desde el año 4000 a.C. se tiene registro de las primeras aldeas en el territorio de la actual China, con la cultura Yangshao.
Se considera al legendario Du-Yu (o Yu el Grande) como el fundador de la dinastía Xia, considerada semimítica, alrededor del año 2000 a.C., siendo sucedido por su hijo Qi cerca del 1900 a.C. Durante casi 500 años, esta primera dinastía gobernó el núcleo de lo que sería hoy China, siendo conquistados hacia el año 1550 a.C. por los Shang, fundadores de la segunda dinastía. Este constante estado de guerra y sucesiones dinásticas ha sido la norma a lo largo de la historia china. La milenaria cultura asiática, extendida a lo largo de los vastos kilómetros de la estepa, siempre ha tenido turbulentas relaciones con los vecinos, resultando en más de una conquista extranjera. Por ello resulta sumamente llamativo que en el siglo X de la era común, bajo la dinastía Song, se haya experimentado un auge cultural que anticipa al Renacimiento italiano con el que tan familiarizados estamos.

Su ideología se basó en desmilitarizar para dar protagonismo a lo civil. Los exámenes imperiales habían sido instituidos por los Sui 400 años antes, pero la dinastía Song los amplió radicalmente, sirviendo de base para la burocracia del Estado chino hasta la primera mitad del siglo XX.
Otra importante contribución fue la de Sheg Quo (1031-1095), quien estableció el norte geográfico y fijó la posición de la estrella polar, con lo que daría lugar posteriormente al descubrimiento de la brújula.
En 1048, una gran inundación desencadenó una serie de desastres naturales que desencadenarían el declive Song. Existieron 2 facciones, los reformistas representados por Wang Anshi y los conservadores liderados por Sima Guang. A pesar de una serie de intercambios de poder, donde las tensiones se encontraban al máximo y el emperador cambió de bando en más de una ocasión, finalmente los Jin o Yurchen asediaron y saquearon Kaifeng (la capital de los Song) entre 1126 y 1127, llevando al emperador cautivo hasta Manchuria, donde murió en 1139. Finalmente, la nueva dinastía fundada para reemplazar a los Song fue la dinastía Yuan, proclamada por el gobernante mongol Kublai Kan en 1268, quien en cierta medida continuó con el progresismo Song, como pueden atestiguar los relatos de Marco Polo, quien visitó China durante esta época.
Así, con el tiempo, la temprana modernidad Song desembocaría en el despotismo de la dinastía Ming, que se comportaron de esa manera precisamente por la conmoción del dominio extranjero de los mongoles. Cabe preguntarnos por qué no fueron los Song los primeros en alcanzar una sociedad moderna y por qué, después de los Song, China no pudo mantener el mismo ritmo de avance tecnológico y social. Según Michael Wood, “en el 1100, China había desarrollado muchas de las características que más tarde constituirían la sociedad moderna temprana tal como la definimos en Occidente. Se había reunificado y habían efectuado transformaciones revolucionarias en la tecnología, la educación y las artes” (230). ¿Por qué entonces se cortó tan bruscamente su avance? ¿Por qué se vio truncada su promesa de ser la primera sociedad moderna del mundo? Las respuestas a estas cuestiones no las tenemos todavía, pero en el siglo XXI China está reclamando su merecido lugar como potencia mundial.
—Rererencias:
Wood, Michael. “El Renacimiento Song”. Historia de China: El retrato de una de las grandes civilizaciones de la historia. Barcelona: Ed. Ático de los Libros, 2023.
