Categoría: Filosofía

Por: RAMIRO ALBERTO BALDERAS SANCHEZ / Fecha: abril 30, 2026

En este texto se desarrollará un breve análisis explicando la postura metafísica del sabio de Königsberg, precursor del idealismo alemán. Kant concluye que es incompleta por sí sola.

La “Crítica de la razón pura” se considera la obra cumbre de Immanuel Kant; sin embargo, en su época recibió un acogimiento pobre, por lo que se especula que el filósofo alemán decidió popularizar su contenido por medio de un trabajo más breve, digerido y sintético llamado “Prolegómenos a toda metafísica del porvenir que haya de poder presentarse como una ciencia”.

En esta obra, Kant trata de corregir o evitar la ambigüedad en las formas de expresión y pasar de un método analítico a uno sintético, para mitigar la dificultad de la interpretación del lenguaje kantiano y hacer un resumen de la “Crítica”.

Los “Prolegómenos” sirven como una introducción a la filosofía crítica, se preguntan por la posibilidad de la ciencia metafísica y dan lugar a la reinvención de la metafísica en sí misma. Dice Kant que nada puede ser llamado o considerado metafísica, si no cumple con los requisitos que él mismo formula en los “Prolegómenos”.

Se divide el pensamiento de Kant en 2 etapas: la precrítica y la etapa de las “3 Críticas”, que lo hizo despertar de su sueño dogmático de racionalismo tras la lectura del escepticismo de David Hume, a quien se refiere muchas veces en los “Prolegómenos” como el “perspicaz autor”. Para Hume la metafísica simplemente no era posible; sin embargo, para Kant la respuesta está un poco más allá de lo que Hume pudo observar. Se debe exponer según el método analítico para poder completar las investigaciones sobre fenómenos puramente abstractos y lograr llegar a la conclusión de una metafísica posible, cambiando del paradigma realista dominante, donde nuestro entendimiento se adapta a la realidad en sí, a un paradigma que él inicialmente llamó trascendental y que posteriormente decidió llamar crítico, donde es la realidad la que se adapta a nuestro entendimiento.

Kant inicia los “Prolegómenos” preguntándose por las fuentes de la metafísica, diciendo que no pueden ser empíricas, es decir, todo conocimiento metafísico debe ser a priori o independiente de la experiencia. Al no tratarse de conocimientos físicos, deben estar más allá de la experiencia. Lo equipara a la matemática pura.

Prosigue repasando su clásica distinción entre juicios analíticos (que contienen al sujeto en el predicado) y juicios sintéticos (que son amplificativos, añadiendo algo nuevo al concepto), además de poder ser a priori o a posteriori según su relación con la experiencia. Kant concluye que los juicios de la experiencia son siempre sintéticos y que los juicios matemáticos son todos sintéticos, mientras que los juicios metafísicos propiamente dichos son en su totalidad sintéticos y a priori, aunque para construirse necesita analizar muchos conceptos mediante juicios que son analíticos.

Por ello, el conocimiento matemático no debe proceder de los conceptos y será siempre a priori, y en la posibilidad de la matemática pura basará la posibilidad de la metafísica. Estas son las dos siguientes secciones de los “Prolegómenos”, donde se pregunta por cómo es posible la metafísica y cómo la razón debe proceder para alcanzarla.

Debe responder ahora cómo es posible la existencia de juicios sintéticos a priori, ya que, según la visión de Hume (del problema de la inducción), el conocimiento a priori sería solo una larga costumbre de encontrar algo verdadero y por ello considerar como objetiva la necesidad subjetiva. Para responder, Kant propone la filosofía trascendental que precede a toda metafísica; apelando a la matemática pura y a la ciencia natural pura, encuentra en la razón misma las fuentes de las ciencias y la facultad de reconocer algo a priori. La matemática es un producto puro de la razón, totalmente sintético, capaz de presentar sus conceptos de antemano en la intuición pura.

Así, el filósofo de Königsberg concluye que las intuiciones que son posibles a priori son aquellas que conciernen a objetos de nuestros sentidos; a través de la intuición sensible podemos contemplar las cosas a priori.

Postula Kant al espacio y al tiempo como las intuiciones que establece la matemática pura, pues aun cuando se eliminara el cuerpo, el movimiento y todo cuanto pertenece a los sentidos, tiempo y espacio subsisten. Todo lo que puede ser dado a nuestros sentidos (lo externo en el espacio y lo interno en el tiempo) será contemplado por nosotros tal como nos parece, no como es en sí. En esta importante distinción radica el crucial giro copernicano que Kant establece en la filosofía, pues, negando el paradigma realista, cambia el enfoque del objeto hacia el sujeto, preguntándose: ¿qué puedo YO conocer?, ¿qué debo YO hacer?, ¿qué puedo YO esperar si hago lo que debo?, que es lo que trata de responder con sus 3 críticas (razón pura, razón práctica y del juicio). Así, dice que es imposible conocer la cosa en sí, pero es la realidad la que se adapta a nuestro entendimiento a través de las intuiciones a priori del espacio y el tiempo.

Los objetos se convierten en puros fenómenos; no es la cosa en sí misma, sino una representación de las cosas tal como nos parecen a nosotros. El entendimiento no contempla, solamente refleja. Para Kant, ya desde la filosofía de John Locke se habían rechazado los predicados secundarios del objeto (calor, color, gusto, etc.). Pero él mismo propone rechazar también las cualidades primarias (extensión, lugar, espacio). No suprime la existencia del objeto como en el verdadero idealismo, sino que acepta que no podemos conocer por medio de los sentidos la cosa en sí, y se resigna (para no caer en el escepticismo de Hume) a que solo conocemos los objetos como fenómenos. Se defiende así para no ser confundido con el idealismo empírico de Descartes, ni el idealismo místico de Berkeley, sino que lo suyo es un idealismo crítico.

Dice que el error procede de que una representación subjetiva del fenómeno sea tomada como objetiva y así dé lugar a un juicio falso, por lo cual no debemos ser imprudentes para evitar caer en una apariencia engañosa y es necesario proceder siempre de manera precavida y así llegar a una verdad.

Conclusión. Para Kant, la metafísica se ocupa de conceptos puros de la razón que jamás han sido dados en la experiencia y cuya realidad objetiva no puede ser confirmada. Por ello se eleva sobre todo empirismo y se convierten en trascendentales.

Para Kant, espacio y tiempo son principalmente conceptos inherentes a nuestra mente; son las intuiciones puras que permiten entender los fenómenos externos (espacio) e internos (tiempo). Es muy importante para el filósofo alemán distinguir entendimiento (que se da en la experiencia) de la razón (cuyos conocimientos trascendentales no se pueden dar en la experiencia ni ser confirmados).

Concluye que la metafísica es real, pero por sí sola dialéctica y falaz; para aspirar a conocimientos y convicciones verdaderas, debe aplicar una crítica de la razón para exponer los conceptos a priori, las fuentes de los mismos, el análisis de los conceptos y la posibilidad de los conocimientos sintéticos a priori, así como establecer los límites de los mismos.

Obras consultadas

  • Kant, Immanuel. Prolegómenos a toda metafísica del porvenir que haya de poder presentarse como una ciencia. Madrid: Akal, 1999.