… Y toda historia empieza con la Historia. Parte 2.
Nerón
La Historia brinda información que a veces puede ser o no ser real; el pasado siempre estará en manos del historiador, quien al describir un hecho o un personaje maneja el futuro todavía ignoto de los mismos. Es un hilo fino del que cuelga la veracidad y la reputación del momento; sus palabras pueden elogiar o demeritan. Nerón, quizás fue todo lo que se escribió acerca de él, o bien, por mandato imperial, se le describió como un ser detestable en la Roma antigua.
Uno de los libros escritos sobre su imperio, como eje central, en el que se desata una historia de amor, de persecución, de intrigas y tragedias, es “Quo Vadis?”, el cual cautiva por la belleza de las palabras del árbitro de la Elegancia, por la fuerza y valentía de los combatientes, por la dulzura de la protagonista y su familia, por la pasión que despliegan en sus actos estos personajes y por la siniestra persecución que vivieron los primeros cristianos.
Sobrino de Calígula, Nerón Claudio César Augusto Germánico, el último emperador romano de la dinastía Julio-Claudia, hijo de Agripina la menor e hijastro de su tío abuelo, el emperador Tiberio Claudio César Augusto Germánico. Sangre real, aunque no educado como tal.
Nerón vivió su infancia con una tía que no le prodigaba mucho cuidado debido a la separación de sus progenitores; su padre era muy violento y su madre fue exiliada por conspirar contra el imperio de su hermano Calígula. En este panorama, ¿cómo llegó a convertirse en emperador? La respuesta es: Su madre, Agripina la menor, astuta y sabia para manejar sutilmente los hilos del poder detrás del telón. El emperador Claudio, tío abuelo casado con Mesalina, fue el que la rescató del exilio y con quien contrajo nupcias después de ejecutar a la bella Mesalina por haberle sido infiel. Aunque adolorido y convencido de que jamás volvería a amar, se enamoró de Agripina la menor.
Y por supuesto que Agripina, inteligente como era, se encargó de posicionar a Nerón al lado de su esposo, primero como procónsul y después como yerno, ya que lo casó con la hija del mismo emperador, Claudia Octavia. Para ambas parejas no aplicó el final de “vivieron felices para siempre”, puesto que tiempo después Claudio murió envenenado, lo sucedió Nerón en el trono, Británico, el hijo natural de Claudio, fue envenenado también y Claudia Octavia, a pesar de ser un modelo de virtud, fue exiliada y después desprestigiada para terminar…
Pero, vamos paso a paso. Cuando Nerón llegó al poder a la edad de 16 años, lo acompañaron su tutor Burro y el prefecto Séneca junto con Agripina. Este trío fue el que lo condujo a gozar del beneplácito del pueblo porque tuvo aciertos y logros al reducir los impuestos, cuidar de las fronteras, su lealtad al senado, su amor por la música y los juegos neronianos para beneplácito del pueblo. Su fama decayó por su tiranía, su lujoso estilo de vida y su locura.
A pesar de estar casado con Claudia Octavia, era infeliz, voluble; se le inflamó el pecho de amor por Claudia Actea, pero no fructificó esa relación por argucias de Agripina. Tiempo después, sus ojos se posaron en Popea Sabina, casada con Oton, y se dice que entre los tres se pusieron de acuerdo para que Popea permaneciera al lado de Nerón y Oton fuera nombrado gobernador de Lusitania, lejos de los amantes, sin permiso para regresar a Roma. A pesar de que su madre Agripina había sido la principal figura para llevar al trono a Nerón, sufrió de intrigas por parte de Burro y Séneca, por lo que su vida empezó a correr peligro y, aunque afortunada, se salvó de varios intentos por quitarle la vida, como cuando pretendieron envenenarla, pero ella, suspicaz, tomó pequeñas dosis para inocularse. Luego quisieron que el techo de su aposento cayera sobre ella; intuyó esta maquinación y, molesta, se apartó de Nerón, pero como madre lo perdonó y fue agasajada con un viaje en el que, después de naufragar, la esperaban para matarla, pero una vez más, logró salvarse. Finalmente, una espada enviada por su hijo fue la que extinguió su vida. Nerón, matricida, jamás se recuperó de esta tragedia que él mismo propició; el fantasma de su madre lo persiguió durante el resto de sus días.
Popea, otra mujer que anhelaba el poder como su suegra, pidió como regalo de bodas la cabeza de Claudia Octavia, la primera esposa de Nerón y la que le concedía el cargo imperial. El que a hierro mata, a hierro muere; Popea embarazada perdió la vida junto a su hijo, ya que por un acceso de cólera de Nerón le asestó una patada en el vientre. Muchos otros murieron; Burro fue envenenado y Séneca se retiró de la vida pública, no sin haber participado en una conspiración contra Nerón, después de lo cual se le hizo una cordial invitación para abrir sus venas.
El reinado de terror de Nerón se pronunciaba por todo aquel que no estaba de acuerdo con él; estaba contra él. Traiciones, envenenamientos, asesinatos, purgas políticas, la persecución a los cristianos y el gran incendio de Roma hicieron notable este período.
Cuentan los historiadores que Nerón era músico, cantante, excelente auriga y un sádico impasible ante el sufrimiento, cruel, egocéntrico y tirano. Fueron trágicas las representaciones que llevó a cabo durante la persecución de los cristianos, quienes fueron arrestados, torturados y crucificados. Nerón, de ser un joven emperador bien guiado y que pudo haber sido un excelente César, devino en un personaje patético, desconfiado y paranoico que cometió muchas atrocidades. El senado descontento lo calificó como enemigo público y fraguó su caída; fue perseguido y, al no poder huir, se vio obligado a pedir que lo ayudaran a suicidarse; su frase imperecedera: ¡Qué artista muere conmigo!
Mucha de la información que versa sobre la vida de Nerón está en dudas, como el matrimonio que celebró con Esporo, a quien mandó castrar por ser parecido a Popea, del gran incendio de Roma, de si a Popea la mató o fue un mal trabajo de parto, entre tantos otros hechos que se le adjudican. Verdad o mentira, no lo sabremos; lo que sí podemos es disfrutar del libro de Henryk Sienkiewicz, Quo vadis?, en el que retrata la decadencia de Roma bajo el reinado de Nerón y el floreciente cristianismo.
Pedro, el apóstol, quien debe fundar la iglesia en Roma, dirigir y fortalecer al incipiente grupo de feligreses cristianos, huye de Roma después del gran incendio y se encuentra en el camino a Nuestro Señor Jesucristo y le cuestiona: “Quo vadis, Dómine?”, y él le responde: “A Roma para ser crucificado una segunda vez”. Esa respuesta fue un despertar en su conciencia para regresar y culminar su cometido, morir con muerte de cruz. De ahí parte el título.
La historia inicia con Marco Vinicio, un joven y noble patricio romano, que se enamora perdidamente de Ligia, una joven cristiana de origen bárbaro. Marco Vinicio es apasionado y muy arrebatado, un romano orgulloso que posee lo que quiere, no comprende la nueva fe ni la pureza ni la moral de Ligia; sin embargo, con las enseñanzas de los apóstoles Pedro y Pablo comienzan a transformar su visión del mundo.
Los personajes romanos que participan en esta obra son representados con sus instintos más primitivos; los apóstoles Pablo y Pedro, cómo predican el evangelio con palabras y hechos; el choque entre la cultura romana tan pagana y la fe manifiesta de los cristianos; el amor con su poder que todo lo transforma; el detalle de cómo se trama el gran incendio y la subsiguiente persecución a los cristianos.
Petronio, el árbitro de la elegancia, un hombre refinado, esteta, culto, que gusta del placer y aprecia lo bello, es un deleite leerlo por su sagacidad. Un pasaje que es para recordar es la lectura de su última carta a Nerón, la que irremisiblemente lo conduce a la muerte junto a su amada Eunice: “Conmigo muere la elegancia, contigo (Eunice) la belleza”.
Bibliografía:
Henryk Sienkiewicz, Henry. Quo Vadis?
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/n/neron.htm
https://www.enroma.com/neron/
https://www.youtube.com/watch?v=cAeb3T_Cmjg
