Hablar de los textos de Kant parece un engranaje de conceptos complejos que muchas veces parecen intimidantes y de difícil comprensión, pero la realidad es que la propuesta de Kant es antes que nada una propuesta epistemológicas que busca explicar cómo entendemos, conocemos y enunciamos la realidad, esta propuesta resulta sencilla (así lo creo y espero no estar en un error) una vez entendiendo que lo complicado en Kant es lo rebuscado de las palabras y denominaciones que usa para nombrar sus conceptos, como lo es por ejemplo: juicios a analíticos, sintéticos, a priori o a posteriori, trascendental o no, la estética no como estudio de lo bello, sino a lo que percibimos, noúmeno, etc. sin que esto intente demeritar en lo mas mínimo su gran aporte a la historia de la filosofía con la complejidad que eso implica.
El texto en referencia y tal vez al que mayor contenido de estos conceptos es Crítica de la razón pura; aquí Kant propone un sistema que nombra trascendental que busca resolver la dicotomía histórica entre sensación y pensamiento, en tanto conocemos, un problema que recorre la filosofía desde Heráclito y Parménides hasta la modernidad.
Para empezar, Kant se pregunta si es posible un conocimiento que amplíe nuestro entendimiento y, al mismo tiempo, sea necesario y universal. Este artículo enuncia de forma escueta pero a la vez amigable para las personas no familiarizadas con la filosofía o con Kant los pilares de su propuesta, es decir, la Estética Trascendental, que estudia las formas a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo), y la Lógica Trascendental, que examina los conceptos puros del entendimiento (categorías), distinguiéndolos de la lógica general y la dialéctica.
Para tal efecto es preciso entender que Kant distingue entre el conocimiento “a priori”, que significa que es independiente de la experiencia, y el conocimiento “a posteriori”, derivado de la propia experiencia. El conocimiento “puro” es aquel que no contiene nada empírico. Como señala Kant: “Saber si existe semejante conocimiento independiente de la experiencia e, incluso, de las impresiones de los sentidos”. Tal conocimiento se llama a priori y se distingue del empírico, que tiene fuentes a posteriori, es decir, en la experiencia” (Kant, Crítica de la razón pura, p. 40). “Entre los conocimientos a priori reciben el nombre de puros aquellos a los que no se ha añadido nada empírico” (41). En otras palabras, el conocimiento a priori es previo a la experiencia y constituye la base de juicios necesarios y universales, mientras que el conocimiento empírico depende de la sensación y es contingente.
Otra distinción crucial es la que se da entre “juicios analíticos” y “sintéticos”. Los analíticos explican un concepto sin añadir nuevo conocimiento, pues el predicado está contenido en el sujeto. Los sintéticos, en cambio, amplían el conocimiento al añadir un predicado no contenido en el sujeto. Kant lo expresa así: “Los juicios analíticos (afirmativos) son, pues, aquellos en que se piensa el lazo entre predicado y sujeto mediante la identidad; aquellos en que se piensa dicho lazo sin identidad se llamarán sintéticos. […] aquéllos no añaden nada al concepto del sujeto mediante el predicado, sino que simplemente lo descomponen en sus conceptos parciales […] Por el contrario, los últimos añaden al concepto del sujeto un predicado que no era pensado en él” (45). Mientras un juicio analítico como “el soltero no está casado” o “el triángulo tiene tres lados” es a priori y necesario, un juicio sintético como “todos los cuerpos son pesados” amplía nuestro conocimiento y puede ser a posteriori. La pregunta central de Kant es: ¿hay juicios sintéticos a priori? Kant responde afirmativamente: las matemáticas, la física y la metafísica contienen juicios sintéticos a priori. En matemáticas, “7 + 5 = 12” es sintético porque el concepto de “12” no está contenido en “7 + 5”, y es a priori porque no requiere contar objetos. En física, “todo cambio tiene una causa” es sintético y a priori, pues la causalidad no se deriva de la experiencia, sino que la hace posible. Sobre la metafísica, Kant es cauto: aunque la considera indispensable, reconoce que hasta entonces había sido cauto justamente por no haberse planteado la distinción entre analítico y sintético.
La tarea fundamental de la razón pura se condensa en la pregunta: “¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori?” (51). Este problema se divide en tres: ¿Cómo son posibles las matemáticas puras? (Estética trascendental), ¿Cómo es posible la física pura? (Analítica Trascendental), ¿y cómo es posible la metafísica como ciencia? (Dialéctica trascendental).
Kant reconoce el historial de fracasos metafísicos, pero propone que solo un examen trascendental puede darle fundamento científico. La Estética Trascendental estudia la sensibilidad, no en su sentido estético común, sino como facultad de recibir impresiones. Aquí Kant demuestra que el espacio y el tiempo son formas a priori de la intuición, no conceptos derivados de la experiencia. El espacio es una representación necesaria que sirve de base a todas las intuiciones externas. No es empírico, sino una condición previa para percibir objetos como exteriores. Es una intuición pura, singular e infinita. El tiempo es la forma a priori de la intuición interna, condición de posibilidad de la sucesión y la simultaneidad. Tampoco es empírico, sino una intuición pura que funda principios necesarios como los axiomas del tiempo: “El tiempo no es un concepto empírico extraído de alguna experiencia. […] es una representación necesaria que sirve de base a todas las intuiciones” (69-70). Ambos son subjetivos: pertenecen a nuestra sensibilidad, no a las cosas en sí mismas.
Kant concluye que solo conocemos fenómenos, no las cosas en sí mismas. El espacio y el tiempo son formas subjetivas que organizan la materia de la experiencia, es decir, las sensaciones. Si se suprime al sujeto, desaparecen estas formas: “Las cosas que intuimos no son en sí mismas tal como las intuimos […] si suprimiéramos nuestro sujeto […] el espacio y el tiempo mismos, desaparecerían” (77). Esto no convierte al mundo en mera ilusión: los fenómenos son “algo realmente dado” (82), pero mediados por nuestras formas de percepción. La objetividad de la ciencia se garantiza porque estas maneras son universales para todos los seres humanos. Si la Estética estudia la sensibilidad, la Lógica Trascendental estudia el entendimiento. Kant distingue entre: Lógica general, que estudia el modo del pensamiento en general, sin considerar su contenido; que incluye la lógica pura o reglas universales, y la aplicada o uso empírico con sus obstáculos psicológicos; y lógica trascendental, que estudia los conceptos puros “a priori” (categorías) que hacen posible el conocimiento objetivo de los fenómenos. Como se dijo, para Kant solo conocemos fenómenos desde nuestra percepción e intuición, pero no conocemos la cosa en sí; ese conocimiento escapa a nuestras posibilidades. Kant nombró ese conocimiento de la cosa en sí como “nóumeno”.
Espero que con esto sea un acercamiento más amigable a la propuesta filosófica de Canta y su sistema trascendental, que propone e intenta superar el empirismo y el racionalismo clásicos al demostrar que el conocimiento requiere tanto de la sensibilidad como del entendimiento, estructurados por formas a priori.
Óscar Hugo Rodríguez Ceja.
Bibliografía.
Kant, Emmanuel. Crítica de la razón pura. España, 2010. Editorial Gredos. P. 39–97.
