En los últimos veinte años del siglo XX se expandió en el mundo un movimiento democrático que acabó con dictaduras y gobiernos autoritarios. México no podía mantenerse ajeno a esta tendencia internacional; el predominio de un solo partido, en este caso el PRI, era insostenible. En 1990 se expidió el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) y se creó el Instituto Federal Electoral (IFE). Ambos nacieron como respuesta a la exigencia ciudadana de contar con una institución electoral imparcial que brindara certeza, transparencia y legalidad a las contiendas electorales. Una de las principales contribuciones del IFE ha sido la búsqueda de erradicar la duda, desconfianza y sospecha que caracterizan a las elecciones. De esta manera se esperaba fortalecer la confianza del pueblo en el voto.
Las reformas electorales renovaron la fuerza de los partidos políticos y del electorado, al mismo tiempo que debilitaron al PRI y al presidencialismo. El sistema basado en el predominio del partido oficial empezaba a resquebrajarse. En esta época, el PAN obtuvo importantes avances en el terreno electoral. Tres años después, en 1989, triunfó en Baja California y fue el primer partido de oposición en ganar una gubernatura. El Partido de la Revolución Democrática (PRD), fundado en 1989 por miembros del FDN y de la izquierda, le disputó al PRI el voto de sus electores y se convirtió en el defensor de los ideales de la Revolución Mexicana. Posteriormente aparecieron otros partidos como el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).
A partir de 1989, la influencia de la oposición creció; además de Baja California, el PAN ganó las gubernatura de Chihuahua, Jalisco, Guanajuato, Nuevo León, Querétaro, Aguascalientes, Nayarit y Morelos. En 1997 el PRD ganó el gobierno del Distrito Federal y la mayoría en la Asamblea de Representantes; posteriormente obtuvo triunfos en estados como Baja California Sur, Zacatecas, Tlaxcala y Michoacán.
Otro acontecimiento que dio un fuerte impulso a la participación ciudadana y la democratización del país fue el levantamiento indígena del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en enero de 1994. Encabezada, entre otros, por el autodenominado subcomandante Marcos, la guerrilla chiapaneca exhibió el autoritarismo del Estado, la injusticia, la condición miserable en que viven las comunidades de indígenas y, por si fuera poco, fue una poderosa sacudida al sueño salinista de que México era parte ya del Primer Mundo.
Otros dos acontecimientos contribuyeron a profundizar la crisis del régimen priista: el asesinato, el 23 de marzo de 1994, de Luis Donaldo Colosio, el candidato del PRI a la Presidencia de la República (crimen cuyo autor intelectual no ha sido esclarecido hasta la fecha) y, meses después, en septiembre del mismo año, el de José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del PRI.
A pesar del movimiento zapatista y del crimen de Colosio, Ernesto Zedillo, el nuevo candidato del PRI, logró ganar las elecciones presidenciales porque los acontecimientos de violencia de ese año infundieron temor en el electorado y desprestigio a Cuauhtémoc Cárdenas y al PRD, a quienes se vinculó, falsamente, con el clima de violencia que se vivía en el país. El panorama cambió para el PRI y el gobierno en las elecciones federales de 1997 cuando el partido oficial perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. El PAN y el PRD sumaron 53 % de la representación en este órgano legislativo, por lo que el presidente Zedillo se vio obligado a establecer negociaciones con la oposición para gobernar.
Entre las crisis de 1982 y las reformas de finales del siglo XX, México se transformó. La sociedad, sobre todo la urbana, que estaba más informada y politizada, demandó el cambio político. El PRI trató de controlar y frenar el cambio, pero no lo logró; al contrario, en esos veinte años decayó por diversos motivos: conflictos internos, avance electoral de la oposición, inconformidad social, mayor participación ciudadana y debilitamiento de las organizaciones corporativas en las que se apoyaba (sindicatos, centrales obreras, campesinas y populares).
Cuando en diciembre de 1994 Ernesto Zedillo asumió la Presidencia de la República, propuso que el Poder Ejecutivo mantuviera una “sana distancia” del PRI para no intervenir en la vida interna del partido y abrir el camino para su democratización, pues hasta entonces tomaba las decisiones importantes del partido. La postura de Zedillo, la cual no aplicó totalmente, pues siguió interviniendo en el partido de acuerdo con sus intereses, propició la formación de grupos que se disputaron el poder dentro del PRI y en 1999, por designar al candidato para la elección presidencial. El momento culminante de este proceso fue la pérdida, por primera vez desde 1929, de la Presidencia de la República en el año 2000, cuando Vicente Fox Quezada, candidato del PAN, obtuvo la victoria con 15.9 millones de votos, mientras que el priista Francisco Labastida, su más cercano competidor, logró 13.5 millones. Cuauhtémoc Cárdenas, líder de la izquierda y quien participaba por tercera ocasión consecutiva como candidato, obtuvo 6.2 millones de sufragios.
La derrota del PRI fue mucho más que un revés electoral; era el fin de la época del Milagro mexicano con que se inició la segunda mitad del siglo XX. El triunfo de Vicente Fox tuvo el sabor de la revancha de aquellos que supuestamente habían sido vencidos por la Revolución: las élites locales, los agricultores ricos y los católicos.
Bibliografía
Caballero, Mario. laizquierdadario.com 20 de abril de 2018. https://www.laizquierdadiario.com.ve/A-que-fines-sirvio-la-transicion-politica-del-2000 (último acceso: 3 de enero de 2026).
Secretaría de Educación Pública. «Arma la historia.» En La transición política, parte II, de Secretaría de Educación Pública, 181-183. México, D.F.: Secretaría de Educación Pública, 2010.
