Categoría: Historia

Por: OLGA LIDYA REYNA RIOS / Fecha: febrero 18, 2026

La Constitución que surgió del Congreso Constituyente de 1856 y 1857 buscaba afianzar una república “representativa, democrática y federal”.

La Constitución que surgió del Congreso Constituyente de 1856 y 1857 buscaba afianzar una república “representativa, democrática y federal”. Y como tenían fresco el recuerdo de la dictadura de Santa Anna, los constituyentes buscaron reforzar al poder legislativo (diputados y senadores) frente al ejecutivo (presidente).    Aseguraron el derecho de votar de todo hombre mayor de edad que tuviera un “modo honesto de vivir” (las mujeres consiguieron el derecho al voto casi un siglo después). La Constitución aseguraba que la protección de los derechos del hombre, de las garantías individuales de los ciudadanos, era la tarea más importante del Estado.

Sin embargo, no prosperaron los esfuerzos de algunos diputados por terminar con la desigualdad, porque una cosa era obligar a las corporaciones a vender sus propiedades y otra muy distinta atacar el derecho de propiedad de los individuos, que la mayoría de los liberales consideraba intocable. El Congreso no quiso dar al Estado la facultad de regular la propiedad privada, ordenando, por ejemplo, que se vendiera la tierra si sus propietarios no la trabajaban.

La Iglesia consideraba que la desamortización era una intromisión de las leyes humanas en las leyes divinas, de modo que cuando el gobierno ordenó que todos los funcionarios juraran la Constitución, los obispo amenazaron con excomulgar a quien así lo hiciera. Estas circunstancias llevaron a considerar que el buen católico no podía ser un buen ciudadano.

Por lo difícil que resultaba gobernar con una Constitución que provocaba malestar y brotes de rebelión, pero le ataba las manos para combatirlos, el presidente Ignacio Comonfort (1855-1858) dio un golpe de Estado en contra de la Constitución. Como presidente de la Suprema Corte de Justicia, Benito Juárez asumió la Presidencia a fines de enero de 1858 y trasladó el gobierno a la ciudad de Veracruz. En ese momento dio inicio la guerra civil más larga y sangrienta que había vivido el país desde su Independencia.

Durante este período la actividad económica se desplomó y la sociedad se dividió en dos bandos: liberales y conservadores. Era una lucha sin cuartel y aunque varios personajes intentaron poner fin al conflicto mediante la negociación, sus esfuerzos no prosperaron, pues había desacuerdos fundamentales.

Los conservadores, que tenían más experiencia militar, ganaron la mayoría de las batallas. Dominaban el centro del país y todas las grandes ciudades, menos Veracruz; pero no lograron la derrota definitiva de los liberales, que se refugiaron en el norte y en ciertas zonas periféricas de Guerrero, Oaxaca y Michoacán.

Ocupaban también Veracruz, donde se alojaba el gobierno de Juárez y que era el principal puerto del país, por lo que podían disponer de los recursos de su aduana, que representó la mayor fuente de ingresos de los gobiernos nacionales durante todo el siglo XIX.

Los dos grupos buscaron apoyos fuera del país. Ubicado en la capital, el gobierno conservador suscribió con España el tratado Mon-Almonte (septiembre de 1859) y el liberal en Veracruz firmó con Estados Unidos de América el McLane-Ocampo (diciembre de 1859). En ambos tratados México concedía mucho a cambio del reconocimiento diplomático y de algunas promesas de apoyo.

Con España se reconocían los créditos concedidos por prestamistas españoles al último gobierno de Santa Anna. A Estados Unidos de América se le permitía el paso por el Istmo de Tehuantepec. Los dos tratados mostraban la desesperación de los liberales y los conservadores, no obstante, no lograban ponerse de acuerdo.

Paralelamente, el gobierno constitucional de Juárez dejó atrás la moderación y en junio de 1859 promulgó Las Leyes de Reforma, que se separaban tajantemente a la Iglesia del Estado. Estas leyes nacionalizaron los bienes eclesiásticos, las propiedades de la Iglesia; establecían el registro civil, que concedía a la autoridad política el control sobre los momentos claves de la vida del ciudadano (nacimiento, matrimonio y muerte) y abolían las órdenes religiosas. Al año siguiente, cuando vio asegurado el triunfo militar, el gobierno constitucional promulgó también la libertad de cultos: cada uno podía elegir la religión que quisiera.

Bibliografía

Secretaría de la Educación Pública. «Arma la Historia.» En Un marco para gobernar: la Constitución de 1857, de Secretaría de la Educación Pública, 74-77. México, D.F.: Secretaría de Educación Pública, 2010.

Suprema Corte de Justicia de la Nación. bicentenario.scjn.gob.mx. 2025. https://bicentenario.scjn.gob.mx/constituciones/constitucion-1857 (último acceso: 28 de Diciembre de 2025).