La oligarquía yucateca alcanzó su mayor consolidación durante el auge henequenero de finales del siglo XIX y principios del XX, los procesos históricos posteriores pusieron a prueba su hegemonía. La Revolución Mexicana, las reformas agrarias, la crisis del mercado del henequén y la transformación del modelo económico nacional obligaron a las élites regionales a redefinir sus estrategias de reproducción del poder. No obstante, lejos de desaparecer, la oligarquía yucateca mostró una notable capacidad de adaptación, reconfigurando sus formas de dominación y manteniendo su influencia económica y política a lo largo del siglo XX y hasta la actualidad. Esta segunda parte del artículo analiza el impacto de la Revolución Mexicana en Yucatán, el declive del modelo henequenero, la diversificación económica de las élites y la persistencia del poder oligárquico en el contexto contemporáneo.
A diferencia de otras regiones del país, la Revolución Mexicana tuvo un impacto tardío y limitado en Yucatán durante sus primeras etapas. La oligarquía henequenera logró conservar su poder gracias a su control económico y a la relativa estabilidad política regional. Sin embargo, la llegada del Gral. Salvador Alvarado como gobernador en 1915 marcó un punto de inflexión en la historia del estado (Reyes, 2007).

El gobierno de Alvarado impulsó una serie de reformas sociales y laborales orientadas a debilitar el poder de los hacendados. Entre estas medidas destacaron la abolición de la servidumbre por deudas, la regulación del trabajo en las haciendas y el fomento a la organización sindical. Estas políticas representaron un desafío directo a la estructura oligárquica, ya que cuestionaron las bases económicas y sociales sobre las cuales se sostenía el sistema henequenero (Barrera Vásquez, 2013). No obstante, aunque estas reformas modificaron parcialmente las relaciones laborales, no lograron desmantelar por completo el poder de la élite. La oligarquía yucateca conservó amplias extensiones de tierra y mantuvo su influencia política mediante alianzas con el Estado posrevolucionario, adaptándose a las nuevas reglas del sistema político nacional (García, 2011).
La reforma agraria, impulsada de manera más sistemática a partir del gobierno de Lázaro Cárdenas, tuvo efectos significativos en Yucatán. La expropiación de haciendas henequeneras y la creación de ejidos colectivos alteraron el patrón tradicional de propiedad de la tierra y redujeron el control directo de la oligarquía sobre la producción agrícola (Zetina & García, 2018). Sin embargo, la reforma agraria yucateca presentó características particulares. En muchos casos, las antiguas élites conservaron tierras estratégicas o participaron indirectamente en la administración de los ejidos, ya fuera mediante asesorías técnicas, control del crédito o intermediación comercial. De esta forma, aunque el modelo hacendario fue formalmente desmontado, las relaciones de poder subyacentes continuaron reproduciéndose bajo nuevas formas (Reyes, 2007). Además, la dependencia del henequén como monocultivo limitó las posibilidades de diversificación productiva del campo yucateco, lo que contribuyó a la persistencia de la pobreza rural y a la migración hacia las ciudades y otras regiones del país.
A mediados del siglo XX, el mercado internacional del henequén entró en crisis debido a la aparición de fibras sintéticas y a la disminución de la demanda mundial. Este fenómeno debilitó la base económica tradicional de la oligarquía yucateca y obligó a las élites a replantear sus estrategias de acumulación (García, 2011). Ante este escenario, muchas familias oligárquicas diversificaron sus inversiones hacia sectores como la industria, el comercio, la banca y, posteriormente, el turismo. La capacidad de adaptación de estas élites se explica por su acceso privilegiado al capital, la educación y las redes políticas, lo que les permitió insertarse con éxito en los nuevos circuitos económicos nacionales e internacionales (Barrera Vásquez, 2013). El desarrollo del turismo en el sureste mexicano, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX, representó una oportunidad clave para la reconfiguración del poder oligárquico. Aunque Cancún y la Riviera Maya se localizan principalmente en el actual estado de Quintana Roo, empresarios yucatecos desempeñaron un papel relevante en la inversión y gestión de proyectos turísticos, ampliando su influencia regional (Zetina & García, 2018).
Durante el periodo del régimen priista, la oligarquía yucateca estableció una relación de mutua conveniencia con el Estado. A cambio de estabilidad política y apoyo electoral, las élites económicas obtuvieron acceso a contratos públicos, concesiones y facilidades administrativas. Esta relación permitió la reproducción del poder oligárquico dentro de un sistema político formalmente democrático, pero caracterizado por prácticas clientelares y corporativas (Reyes, 2007). En este contexto, el control de medios de comunicación, cámaras empresariales y organizaciones civiles se convirtió en una herramienta clave para influir en la opinión pública y en la agenda política regional. La oligarquía ya no dependía exclusivamente de la propiedad de la tierra, sino de su capacidad para incidir en los procesos de toma de decisiones desde múltiples espacios de poder (Barrera Vásquez, 2013).
En la actualidad, la oligarquía yucateca continúa siendo un actor relevante, aunque sus formas de actuación han cambiado. La globalización, el crecimiento urbano y la expansión del turismo han generado nuevas dinámicas económicas que han sido aprovechadas por grupos empresariales con raíces históricas en la élite regional. No obstante, estas transformaciones también han profundizado problemas como la desigualdad social, la precarización laboral y la presión sobre los recursos naturales (Zetina & García, 2018). Al mismo tiempo, han surgido movimientos sociales, organizaciones indígenas y colectivos ciudadanos que cuestionan la concentración del poder económico y demandan modelos de desarrollo más incluyentes. Estas tensiones reflejan los límites del modelo oligárquico y evidencian la necesidad de repensar las relaciones entre economía, política y sociedad en Yucatán.
La historia de la oligarquía yucateca demuestra que el poder no desaparece, sino que se transforma. A pesar de las reformas sociales, la crisis del henequén y los cambios políticos del siglo XX, las élites regionales han logrado adaptarse y mantener su influencia mediante nuevas estrategias de acumulación y control. El estudio de este proceso permite comprender las persistencias de la desigualdad en Yucatán y subraya la importancia de analizar críticamente las estructuras de poder para avanzar hacia un desarrollo más equitativo.

Barrera Vásquez, A. (2013). El poder económico y político en Yucatán: de la hegemonía henequenera a la modernización regional. Mérida, México: Universidad Autónoma de Yucatán.
García, L. M. (2011). Henequén, haciendas y sociedad en Yucatán. Ciudad de México, México: Fondo de Cultura Económica.
Knight, A. (2010). La Revolución Mexicana: una interpretación histórica. Ciudad de México, México: Fondo de Cultura Económica.
Reyes, M. J. (2007). Hacienda, oligarquía y poder político en Yucatán (1870–1950). Ciudad de México, México: Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM.
Zetina, C., & García, R. (2018). Élites regionales, poder económico y desigualdad social en el sureste mexicano. Revista Mexicana de Estudios Históricos, 45(2), 81–105.
Zuleta, M. (2014). Reforma agraria, ejidos colectivos y control político en Yucatán durante el cardenismo. Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, (48), 73–102.
