Categoría: Cultural

Por: LUIS ANGEL PEÑA ARAMBULA / Fecha: marzo 12, 2026

Lo mismo, pero otra con otras palabras.

Entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, eran circos donde la gente podía ver personas con aspectos poco usuales: mujeres “lobo”, hombres sin piernas, personas con enanismo, mujeres con dos cabezas y muchas otras condiciones más impactantes para la vista humana.
Todos estos circos eran famosos porque exhibían y vendían a personas con discapacidades mentales o físicas para que el público se riera, se burlara o sintiera morbo frente a lo “extraño”. En ese tiempo, mucha gente con estas condiciones era asesinada, escondida o excluida de la sociedad, porque se temía todo lo desconocido.
En estos espectáculos se veía lo peor del ser humano: personas que asistían solo para reírse o sentir lástima, y que consideraban a quienes actuaban allí como simples rarezas, nada más.

Hoy en día podríamos pensar que esos circos ya son cosa del pasado.
Pero la triste realidad es que no. Aunque los circos o negocios de ese tipo ya no existen directamente, sí existen indirectamente.
Gracias a las redes sociales, todo esto ha evolucionado: muchos canales o cuentas muestran la vida diaria de personas con condiciones inusuales, convirtiendo cualquier actividad cotidiana —algo que cualquier persona hace— en un “show”.

Se invita a estas personas a programas o videos para preguntarles cosas que se sabe que no pueden responder, o se les pide hacer cosas que no pueden hacer debido a su discapacidad. Ejemplos actuales son Lupita TikTok, Jordan “Sid” Sandhu, Hasbulla Magomedov, Abigail & Brittany Hensel, entre muchos más.

La constante en estos programas es siempre la misma:
La burla o la lástima.
Se les trata como si fueran parte de un espectáculo, no como personas comunes. Aunque algunas personas digan que esto “no es burla” o que “es inclusión”, la realidad es que no siempre lo es, porque no se les trata como individuos normales, sino como un show de redes.

Muchos ni siquiera entienden por qué la gente los sigue, y algunos no comprenden cómo funcionan las redes sociales. Además, quienes manejan sus videos muchas veces no les pagan bien, o simplemente no les pagan, aprovechándose de que estas personas no conocen sus derechos ni saben cómo funciona la monetización.

Por eso, aunque los circos de fenómenos desaparecieron, no significa que no hayan evolucionado.
Cambió el nombre, pero sigue existiendo: ahora es un circo mediático.