Categoría: Filosofía

Por: LEONEL FELICITOS MENDOZA MARTINEZ / Fecha: enero 5, 2026

Hopepunk es un llamado a la esperanza y la amabilidad radical como acto de rebelión en tiempos de cinismo.

Hopepunk es un subgénero de la ficción speculative acuñado por la escritora Alexandra Rowland que se caracteriza por la lucha por un cambio positivo, la amabilidad radical y la respuesta comunitaria a los desafíos. Surge como una alternativa al estilo sombrío y cínico del grimdark, un subgénero de la fantasía que reside en su visión oscura, moralmente ambigua y a menudo violenta del mundo.

Por su parte, el hopepunk se desarrolla en escenarios distópicos y hostiles, pero los personajes, en lugar de dejarse arrastrar por el entorno antiutópico, eligen hacer lo correcto. El hopepunk propone la esperanza como motor narrativo. Este subgénero defiende que la bondad no es un acto de debilidad, sino un acto político y de rebelión; abraza la idea de que una actitud amable, bondadosa y plena ante la vida no es debilidad, sino fortaleza.

Esto me hizo pensar en las dos últimas películas de superhéroes que se han estrenado recientemente: Superman y Fantastic Four.

Superman

En la película Superman de James Gunn,se devuelve al personaje a sus orígenes: ser un símbolo de esperanza, humanidad y compasión, sin que eso lo vuelva cursi, aburrido o predecible. Un héroe humano que, pese a venir de otro planeta, cree profundamente en nosotros. Gunn construye un Superman que no reprime su furia ni su tristeza, sino que aprende a canalizarlas. Él acepta sus emociones como parte de su fuerza. La verdadera diferencia es que nunca las convierte en odio, y eso lo vuelve todavía más poderoso, porque demuestra que tener emociones no lo hace débil, sino profundamente humano.

The Fantastic Four: First Steps (Los Cuatro Fantásticos: primeros pasos) presenta una Tierra con un entorno retrofuturista inspirado en la década de 1960 en Nueva York. La idea, al igual que con Superman, es recuperar los mejores años de los cómics, una era de héroes del pasado con valores considerados para muchos como obsoletos.

Creo que uno de los mensajes que estas películas nos están dando es que la amabilidad es el nuevo Punk Rock. Pero, ¿esto es cierto?

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La palabra punk aparece desde la época de Shakespeare, tiene su origen inglés y una historia etimológica compleja y algo despectiva. Inicialmente, en inglés, se usaba para referirse a basura, escoria o a una persona despreciable, vaga o indeseable. También se utilizó en el siglo XVI para referirse a una prostituta, como lo hizo Shakespeare. Con el tiempo, el término evolucionó para describir a jóvenes estafadores, matones o rufianes. Y entonces, en los años 70, en zonas urbanas como Londres o Nueva York, punk se convirtió en la etiqueta general para describir esa música rápida, directa y que criticaba al sistema y a la sociedad de consumo, con bandas como The Ramones en Nueva York y los Sex Pistols en Londres como pioneros. Pero lo que convirtió el término punk en un símbolo fue un escándalo en televisión.

El primero de diciembre de 1976, los Sex Pistols fueron invitados de último momento al programa Today con Bill Grundy para sustituir a Queen, que había cancelado. Durante la entrevista en vivo, los Sex Pistols se mostraron desinteresados y el conductor los provocó. La banda respondió con groserías al aire; al día siguiente, los periódicos llenaron sus portadas con titulares sobre el escándalo. Así, punk se convirtió en un movimiento de rebeldía, una respuesta anárquica a temas de interés público, invitando a cuestionar, criticar y mostrar escepticismo en temas como religión, cultura, sociedad y posicionamiento político, incluso rayando en el nihilismo.

Muchos jóvenes de la época se identificaron, encontrando en el punk la libertad de ser ellos mismos: una filosofía que promueve la libertad del individuo y se opone a ajustarse a la forma de existencia que se nos impone.

Hubo una época donde se pensaba que la ciencia sería la luz que nos llevaría al futuro. Sin embargo, con los años esta idea se ha ido perdiendo. El avance de la tecnología no trajo bienestar, sino más desigualdad y precariedad para la mayoría, mientras los ricos miran por encima la injusticia, humillación, el rechazo y la opresión.

El filósofo Byung-Chul Han, en su libro La Sociedad del Cansancio, nos dice que el capitalismo ya no necesita forzarnos a hacer las cosas, sino que nosotros mismos nos explotamos en nombre del éxito y la productividad.

Las personas no somos del todo buenas; tenemos que aceptar esos pensamientos oscuros. Todo el mundo es egoísta; es parte de nuestra naturaleza. Los humanos somos inherentemente egoístas; está codificado en nuestro cerebro. Necesitábamos ser egoístas cuando vivíamos en las cavernas y todavía lo tenemos dentro de nosotros. Hay gente que es menos egoísta que otra, pero todos hacen lo que hacen porque les genera un beneficio directo o indirecto.

Actualmente, se ha tomado más conciencia sobre el cuidado de los océanos. Las estadísticas de los residuos que se desechan en ellos continúan siendo bastante alarmantes. El calentamiento global es aceptado como una verdad, aun contaminando el aire con el uso de combustibles fósiles, lo que acelera el derretimiento de los polos, provocando el aumento del nivel del mar y, por consiguiente, estamos más cerca de inundaciones. Generamos guerras para tener poder o mantenerlo, y aunque vivimos en tiempos de paz, esto solo es posible mientras las grandes potencias pueden seguir explotando a los demás.

Somos capaces de mucho mal, pero también tenemos el potencial para hacer el bien, ser compasivos y ayudarnos unos a otros. Si ves las noticias, verás muchas cosas malas, pero también suceden cosas buenas; las personas se esfuerzan por ser mejores y por perdonar. No se trata de negar nuestros defectos ni aferrarnos a la idea de una paz larga y duradera. No existe ni existirá algo como una utopía. Los humanos jamás nos desharemos del ciclo de violencia. El mundo es cruel e indiferente a nuestro dolor y sufrimiento, pero por eso necesitamos hopepunk, porque en un mundo donde el cinismo es la norma, donde se aplaude la competencia y el individualismo, se normalizó la indiferencia y la crueldad; en un mundo donde muchas veces el afecto viene condicionado — “te ayudo si me correspondes” o “estoy contigo si me das lo que yo espero” — ser amable es el último acto de rebelión.

Para finalizar, me gustaría compartir la siguiente frase de Buenaventura Durruti:

“Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de la historia. Pero a nosotros no nos dan miedo las ruinas porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Y ese mundo está creciendo en este instante.”