Las aulas hospitalarias, en el año de 1992, empiezan a laborar como una escuela y sus objetivos son: ayudar a desarrollar habilidades y destrezas según la edad del infante; mejorar su adaptación hospitalaria y prepararlo para la vida junto con la adquisición de futuros aprendizajes. Aunque es crucial destacar que Guatemala desempeñó un papel pionero en este ámbito, siendo un promotor inicial que influyó en México. Este avance se evidenció a través de la implementación de la pedagogía hospitalaria en la Escuela Oficial de Párvulos, Hospital Roosevelt en Guatemala, que surgió como respuesta a la gestión realizada ante el Ministerio de Educación por la Asociación de Damas Voluntarias, que percibieron la necesidad de brindar la oportunidad de un espacio educativo a los niños que, por diferentes razones de salud, permanecen por lapsos largos de tiempo en calidad de pacientes hospitalizados (Riquelme, 2009).
La pedagogía hospitalaria en México.
El Artículo Tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es enfático al señalar que la educación debe ser gratuita, laica y obligatoria. En tal sentido, desde la perspectiva del ideal de la pedagogía hospitalaria, se debe entender que en todo hospital de la república mexicana siempre existirá la posibilidad de tener niños y niñas en condición de cama, los mismos que por ley deberían recibir la misma educación que el resto de la niñez que sí tiene la posibilidad de asistir con regularidad a la escuela formal. De tal modo que el gobierno de México consideró la implementación de esta disciplina luego de la notoria labor realizada por instituciones de salud privadas, y es que en el país, la educación dentro de hospitales comenzó a tomar forma a partir de los años cuarenta (Gobierno de México, 2017), cuando el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez dio lugar a una escuela en su interior con la intención de evitar el rezago educativo en los pacientes que, a causa de su enfermedad, debían permanecer un tiempo prolongado en condición hospitalaria; asimismo lo hizo el Hospital Infantil de México Federico Gómez.
Posteriormente, el ISSSTE implementa una ayuda a los pacientes pediátricos por medio del voluntariado Asociación Nacional de Servicio Voluntario (ANSVO), proporcionando atención educativa e incluso contaban con un sistema de becas para que el alumno continuara sus estudios en el bachillerato. Es a través de “la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la Secretaría de Salud (SS) que han puesto en marcha el programa ‘Sigamos aprendiendo… en el hospital’, con el objetivo de reducir el riesgo del rezago educativo de niños y jóvenes hospitalizados”.
A pesar de que este país cuenta con una gran iniciativa para dar continuidad educativa a los escolares pediátricos hospitalizados, de manera oficial el programa “Sigamos aprendiendo… en el hospital” inició operaciones el 9 de marzo de 2005 en cinco hospitales del Distrito Federal: Hospital Infantil de México Federico Gómez, Hospital General de México, Instituto Nacional de Rehabilitación, Instituto Nacional de Pediatría y Hospital General Dr. Manuel Gea González (Riquelme, 2009, p. 29).
El papel del docente es crucial dentro de la pedagogía hospitalaria; en la práctica cotidiana del docente hospitalario y domiciliario, estas fuentes adquieren un valor fundamental, como unas guías teóricamente. No se trata únicamente de reproducir lineamientos técnicos o teóricos, sino de integrar experiencias que nacen del cruce entre la pedagogía, la psicología y la salud, ya que tienen la responsabilidad de guiar a los estudiantes en el arte de aprender en un contexto de vulnerabilidad, y manteniendo relación con el contenido académico y además con los problemas de la vida diaria, que en este caso suelen ser más. Los docentes deben facilitar un ambiente en el que los estudiantes se sientan seguros y motivados para aprender y reflexionar de manera autónoma, destacando que también se promueve la solución de problemas y el aprendizaje autónomo.
La Declaratoria de México sobre Pedagogía Hospitalaria no se limita a ser un documento normativo; es, más bien, la expresión de una praxis humanizadora que se funda en los grandes acuerdos internacionales de derechos humanos. Desde la Declaración Universal y los Pactos Internacionales hasta la Convención de los Derechos del Niño, se asume que la educación no es privilegio ni concesión, sino un derecho inalienable que acompaña al ser humano incluso en el tránsito por la enfermedad. Esta propuesta adquiere, entonces, un carácter que busca transformar la manera en que comprendemos la educación, llevándola más allá del aula y reconociendo la necesidad de garantizar la continuidad del proceso educativo en situaciones de vulnerabilidad.
Así, se plantea que la pedagogía hospitalaria no debe restringirse al espacio hospitalario, sino expandirse hacia domicilios, programas comunitarios y vínculos con la escuela de origen. El gesto creativo está en la capacidad de articular lo educativo con lo sanitario y lo social, generando una praxis inclusiva que trasciende lo meramente escolar. En esta apertura, la educación aparece como experiencia que se enlaza con lo lúdico, lo emocional y lo afectivo, reconociendo, como principio fundamental, la dignidad en cada sujeto.
No obstante, esta visión se enfrenta a la invisibilidad de quienes viven la enfermedad sin acceso a la educación, a la falta de marcos legales y a la escasez de recursos humanos e infraestructura. Es por esto que la Declaratoria, más que invitar, interpela a los Estados a asumir una responsabilidad concreta: construir marcos normativos claros, sistemas de información, formación profesional sólida y proyectos piloto que integren teoría, práctica y reflexión.
El programa les acerca a aquellos niños una de las tantas cosas que las enfermedades les arrebatan y, por tanto, además de contribuir a la disminución del rezago educativo, “Sigamos aprendiendo… en el hospital” es una acción que ilumina el presente y el futuro de muchas niñas, niños y adolescentes en situación de enfermedad.
Aulas hospitalarias más antiguas:
Década de 1940: Iniciativas aisladas en hospitales como el Hospital de Jesús (CDMX).
Década de 1960: Primeras aulas formales en el IMSS y SSA.
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