Categoría: Filosofía

Por: JUAN ANTONIO S. CITALÁN / Fecha: marzo 26, 2026

Portada del libro "La educación intercultural bilingüe y la experiencia de la interculutralidad en familias p'urepecha." 2

Reconocer la existencia de una sociedad multicultural e intercultural surge del rechazo de las culturas locales a prácticas de aculturación, transculturación y asimilación impuestas.

Reconocer la existencia de una sociedad multicultural y/o intercultural.

El reconocimiento de una sociedad multicultural e intercultural surge del rechazo de las culturas locales a prácticas de aculturación, transculturación y asimilación impuestas por el contacto con culturas dominantes, como la anglosajona. Estas culturas locales consideran inaceptables tanto la asimilación como la fusión cultural como fines sociales, promoviendo la preservación de la diversidad cultural. En este contexto, la escuela desempeña un papel crucial en la protección y promoción del pluralismo cultural.

Para alcanzar estos objetivos, es necesario cumplir con ciertas condiciones:

—           Existencia de diversidad cultural: Es imprescindible reconocer la coexistencia de múltiples culturas dentro de una sociedad. En el caso de las lenguas extranjeras, esto implica el respeto a ambas culturas.

—           No jerarquización cultural: Se debe evitar la percepción de déficit cultural, eliminando ideas de superioridad o inferioridad entre las culturas en contacto.

—           Interacción inter e intragrupal: Por ejemplo, invitar a conferencistas que representen la lengua y la cultura meta para fomentar el diálogo y la comprensión mutua.

—           Valoración de la diversidad cultural: Considerarla como una fuente de enriquecimiento mutuo y un motor para el desarrollo cultural de todas las personas.

—           Equidad en oportunidades: Garantizar igualdad política, económica y educativa para todos los grupos en la sociedad.

En este marco, la escuela se convierte en un instrumento clave para reforzar el pluralismo cultural, promoviendo los siguientes principios:

—           La diversidad cultural es una cualidad positiva en la sociedad contemporánea.

—           La escuela debe facilitar la reconstrucción de las herencias culturales de los diferentes grupos.

—           Los grupos culturales en contacto no deben perder su identidad.

No solo se trata de otorgar valor a las diversidades, sino de hacer énfasis en las estructuras de poder que mantienen relaciones de subordinación entre culturas y territorios.

A manera de conclusión…

Se planteó un cuestionamiento sobre la verdadera naturaleza y propósito de las universidades, así como sobre la representación de la diversidad cultural y lingüística en su oferta educativa. Una educación liberadora busca transformar la experiencia educativa, cuestionar y redefinir el contrato social en el ámbito educativo, y promover un diálogo intercultural que reconozca y celebre la diversidad como un valor fundamental.

La Filosofía para Niños y Niñas (FpN) constituye una base esencial para desarrollar una educación centrada en la interculturalidad crítica, ya que permite cuestionar la verdadera naturaleza y propósito de las instituciones educativas, como las universidades, y la manera en que representan la diversidad cultural y lingüística en su oferta. Una educación liberadora no solo busca transformar la experiencia educativa, sino que también invita a redefinir el contrato social en este ámbito, promoviendo un diálogo que celebre la diversidad como un valor intrínseco.

Este enfoque implica avanzar hacia un proyecto educativo integrador que profundice en modelos multiculturales orientados a la valoración de las diferencias. Entre estos, destaca el modelo antirracista, que no solo promueve la igualdad, sino que también prioriza tanto el contenido multicultural como la estructura educativa. Dentro de este marco, el aprendizaje colaborativo emerge como una herramienta clave para desarrollar la autoestima y la comunicación, permitiendo que los alumnos exploren sus propios valores, perspectivas y presupuestos. Asimismo, se plantea una educación para la ciudadanía en un contexto multicultural y pluralista, superando el concepto tradicional de ciudadanía vinculado a intereses económicos y políticos dominantes. Este enfoque fomenta medios pacíficos para la resolución de conflictos y la identificación de elementos comunes, como los valores humanos, a través de la acción educativa.

Integrar la FpN con el enfoque de capacidades propuesto por Martha Nussbaum permite enfocar la educación como un proceso liberador que responde a la diversidad funcional. Este vínculo resulta clave para atender la inclusión educativa, especialmente en el caso de personas con discapacidad. Según datos de la OMS, cerca de mil millones de personas viven con alguna discapacidad, representando el 15 % de la población mundial. Sin embargo, enfrentan barreras significativas que limitan su acceso a derechos y servicios básicos. En este contexto, el Banco Mundial señala que un tercio de los 58 millones de niños fuera del sistema educativo básico tiene alguna discapacidad.

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad refuerza el papel de la educación como un derecho fundamental, orientado a promover capacidades y dignidad personal. No obstante, las prácticas tradicionales integracionistas, basadas en un modelo médico-asistencialista, tienden a ignorar las diferencias individuales. Por ello, resulta imprescindible un cambio hacia modelos inclusivos que celebren la diversidad y consideren las particularidades de cada persona. El enfoque de Nussbaum redefine la justicia al centrarse en la creación de condiciones que permitan a cada individuo construir una vida digna. Este planteamiento demanda transformaciones estructurales, como las señaladas por Bojórquez (2016), que promuevan la participación activa y la celebración de la diversidad en sistemas educativos más equitativos. Desde esta perspectiva, el modelo social de la discapacidad defiende la accesibilidad y el diseño universal, concibiendo la diversidad funcional no como una limitación, sino como una oportunidad para enriquecer los entornos educativos y sociales.

En conjunto, la FpN, la interculturalidad crítica y los modelos inclusivos ofrecen herramientas conceptuales fundamentales para avanzar hacia una sociedad más equitativa. Estos enfoques no solo benefician a las personas con discapacidad, sino que también enriquecen a la sociedad en general al fomentar una verdadera participación y equidad. La educación intercultural, por su parte, se presenta como una vía para desarrollar las capacidades necesarias en estudiantes que deben enfrentarse a una sociedad en constante cambio, abordando temas como la violencia, la desigualdad, la discriminación, la degradación ambiental y la solidaridad. A través de la educación intercultural bilingüe, los estudiantes no solo comprenden estas problemáticas, sino que también desarrollan actitudes y comportamientos responsables al elaborar juicios críticos sobre su realidad.

El planteamiento intercultural en la enseñanza de lenguas extranjeras, como el inglés, parte del reconocimiento de la diversidad cultural como un hecho educativo, incluyendo la valoración de la cultura propia; de esta forma, los idiomas de los pueblos originarios también se están recuperando. Así, la interculturalidad crítica convierte a la escuela en un espacio para la transformación y emancipación educativa. Sin embargo, para que la práctica docente sea verdaderamente transformadora, es necesario reflexionar desde una perspectiva interseccional sobre la estratificación de diversidades y desventajas. Esto implica cuestionar las asimetrías históricamente sostenidas entre culturas, que han sido normalizadas por lógicas hegemónicas difíciles de percibir. La interculturalidad crítica fomenta reflexiones que desactivan las violencias simbólicas presentes en las interacciones educativas.

Desde las perspectivas de Walsh (2009) y Viaña (2010), la interculturalidad crítica no solo reconoce la existencia de diversas culturas, sino que también valora sus conocimientos y formas de vida como alternativas viables frente a las crisis de las sociedades modernas. Este enfoque visibiliza las estructuras comunitarias, como las de los pueblos originarios, agrarios y urbanos, destacando que la participación plena de las diversidades constituye la base de una democracia auténtica. Así, la FpN no solo se posiciona como una herramienta pedagógica, sino como una plataforma crítica y transformadora que redefine la educación desde una perspectiva intercultural, inclusiva y equitativa.

REFERENCIAS.

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Cabaluz-Ducasse, J. F. (2016). Pedagogías críticas latinoamericanas y filosofía de la liberación: potencialidades de un diálogo teórico-político. Educación y Educadores, 19(1), 67-88. https://doi.org/10.5294/edu.2016.19.1.4
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