“En una ocasión, Girón indicó a sus compañeros de viaje a bordo de un barco, que estaban aterrorizados durante una tormenta, un cerdo que permanecía por entero indiferente y continuaba comiendo con tranquilidad, y les dijo: en semejante imperturbabilidad debe morar también el sabio” (Diógenes Laertius, IX, 68). Esta es la forma en la que se solía definir, desde una parte del escepticismo, pues el “escepticismo no es duda”. La duda es lo contrario de la tranquilidad, que es el resultado del escepticismo”. (Lenin, 1968). Nuevamente vemos la definición de ataraxia, como la ausencia de inquietud, de imperturbabilidad. Es decir, el constante caos; es así como “el escepticismo, por el contrario a la tranquilidad, es indiferente, tanto hacia lo uno como hacia lo otro” (Diógenes Laertius, IX, 68).
Entonces es posible que el escepticismo afirme que todo lo sensible es verdadero, pero los escépticos no dijeron tal cosa. “Uno debe adaptarse a él, adaptarse a lo sensible, pero esa no es la verdad”. El nuevo escepticismo no duda de la realidad de las cosas, duda de las cosas.
Girón de Elis, siguiendo la distinción sofística entre lo que es por naturaleza y lo que es por convención, afirmó que los juicios acerca de la realidad son convencionales, ya que “la sensación constituye la base de ellos”. Pero siendo las sensaciones cambiantes, solo se puede practicar una abstención o epojé del juicio. No hay, pues, que decidirse por nada; no hay que adoptar ninguna opinión o creencia. El verdadero sabio debe encerrarse en sí mismo y optar por el silencio, pues solo de este modo alcanzará la imperturbabilidad, la ataraxia y, con esta, la auténtica (y única posible) felicidad”. (Ferrater-Mora, 2001, p. 419)
El periodo de la filosofía helenística o la filosofía del período helenístico—romano se extiende desde la muerte de Aristóteles (322 a. de C.). Hay que destacar en la historia de la humanidad dos hechos que caracterizan este periodo: las conquistas a raíz de las guerras expansionistas de Alejandro Magno y con esto la consolidación del imperio romano. Hay que destacar que, entre las cosas que lograron las guerras, fue poner al pensamiento griego en contacto con el mundo oriental.
Un rasgo característico del período de la filosofía helénica fue la creación y la enseñanza especializada de las ciencias. La división de los problemas y de las formas de acercarnos a ellos, realizada por Aristóteles y su escuela, llevó a la especialización. Ahora, el especialista de las ciencias llega a adquirir, por su contacto con otras escuelas, una firme y segura visión del conjunto de saberes sobre la realidad en general. Hay que destacar, no la indiferencia por la metafísica, sino el cambio de rumbo, ya no para explicar el mundo, sino para habitar el mundo.
Otro rasgo necesario a destacar es la significación práctica que van tomando los problemas de la filosofía; si el objetivo del ser humano es la felicidad, entonces se necesita una forma de vida que garantice el acceso a la felicidad del individuo. El aspecto práctico de este período de la filosofía terminó en la especialización de la ética.
La escuela estoica fue la última escuela helenista en desaparecer; su escuela se mantuvo vigente hasta el siglo VI d.C. Los estoicos concebían el cosmos (κόσμος) como un orden configurado a partir de un principio o ley universal racional: el Logos (λóγος). Este principio universal, lógico y energético, se manifestaba en toda la naturaleza, organizándola.
El pensamiento estoico busca que el are sea una forma para regir la vida y conducirse a través de ella. De esta manera, quien conoce los acontecimientos, es decir, es sabio. Así es como podemos ver que la filosofía tiene una tarea principal: describir el ideal del sabio, es decir, una idea del hombre cuya sapiencia lo lleve a convertirse en un ser virtuoso y feliz.
Así, solo quedaba un objetivo para los estoicos. La felicidad, ¿cómo es que el estoico llega a la felicidad?
Para alcanzar la felicidad, el estoico debía alcanzar primero la apatía (apátheia), disminuir las pasiones y deseos, los cuales alteran el equilibrio mental y anímico. La psyché (ψυχή) humana o el alma humana se turba con las pasiones, deseos y sentimientos, los cuales se oponen y alejan del Logos que conducirá a la felicidad. El Logos permite la comprensión de la verdadera naturaleza de las pasiones y de la realidad; por eso hay que adecuarnos a él.
Para esto, es necesario hacer una aclaración sobre los significados de la pasión y el deseo y cómo se entienden de acuerdo al estoico. La palabra “pasión” proviene del término griego “pathos”, que significa padecimiento o enfermedad; también se refería al sufrimiento humano. Significa también tener una actitud pasiva o receptiva ante lo físico, o bien desenfreno del deseo motivado por alguna causa externa al sujeto. El estoico debía practicar las virtudes (ἀρετή) cardinales: la templanza, la prudencia, la valentía y la justicia. La excelencia humana se alcanza mediante la realización y constancia en la virtud. La ausencia de caos en el alma (psyché) se alcanza, no mediante la obtención de bienes materiales, de fortuna o placeres, sino concentrándose en los preceptos racionales (del Logos) y de la virtud. La ataraxia es el resultado de la vida virtuosa, la cual es la perfecta conformación con los principios del Logos.
Los estoicos afirman que todo en la naturaleza está regido por una ley universal que el hombre, al participar conscientemente en ella, puede conocer mediante la razón. El ideal de sabiduría lo constituirá así aquel hombre que, reconociendo todas las implicaciones de esta relación, actúe de un modo totalmente acorde y voluntario con su racionalidad.
De este axioma deriva el principio fundamental de la ética estoica: vivir de acuerdo con la naturaleza, que significa no solo conocer y reconocer las leyes cósmicas, sino también vivir en conformidad con uno mismo, de acuerdo con la racionalidad que es lo propio del hombre.
Por otro lado, el cinismo consiste en un arte de vivir y no en la elaboración de tediosas teorías abstractas. Diógenes construyó una forma de vivir en la cotidianidad cuyo fin era cuestionar lo establecido socialmente. Los cínicos destacan en sus prácticas del día a día: el esfuerzo, la acción, virtud, creatividad, el despertar de la conciencia, vivir según la naturaleza. Las prácticas cínicas hacen visible que la seguridad, la certeza, la repetición instituyen sensaciones teóricas que la socialización se encarga de mostrar como realidad.
El cinismo se manifiesta así como modelo de vida filosófica sustentado en una constante ascética, una ejercitación permanente, poniendo énfasis en el fortalecimiento autárquico de cuerpo y espíritu. De ahí que privilegie la praxis sobre la especulación y que el cínico asuma la verdad como una verdad de vida, encarnada en el vivir.
La actividad cínica consiste en un proceso mediante el cual el individuo tiene que deslastrarse de lo socialmente impuesto y forjar su propio estilo de vida guiado únicamente por la acción, el esfuerzo permanente de alcanzar la virtud.
La virtud cínica consiste en la capacidad del individuo de prescindir de los bienes y placeres materiales. Dicho de otro modo, la virtud cínica es el desarrollo a su máxima expresión de la autarquía.
“La virtud (…) es suficiente de suyo para la felicidad; ninguna otra cosa se requiere, y la virtud es la falta de deseos, el carecer de necesidades, la total independencia” (CAPALLETI, 1990). Los cínicos hacían visible su interioridad a los otros mediante su pobreza, su apariencia de mendigo, su barba, la tela que los protegía de los cambios climáticos y el bastón.
La filosofía cínica es un ejemplo de lo que significa tomar la decisión existencial de crear un estilo de vida.
FUENTES.
AA.VV. Antología de los primeros estoicos griegos. Universidad de Oviedo. Akal Editores.
CAPALLETI, A. Notas de filosofía griega, no 1, Caracas, Universidad Simón Bolívar, 1990.
JOYAU, E. Epícuro. París, 1910
LANDA, J. Éticas de crisis. Cinismo, epicureísmo, estoicismo, Barcelona-Anzoátegui, Fondo Editorial del Caribe, 2012.
RIVANO, J. Diógenes. Los temas del cinismo. Bravo y Allende Editores, Santiago de Chile, 1991.
