Categoría: Historia

Por: JORGE RAMIREZ LOPEZ / Fecha: mayo 18, 2026

La Revolución rusa no sólo transformó las estructuras políticas y sociales, sino también el sistema educativo tuvo una reconfiguración por instituciones como la Narkompros.

En esta investigación nos propusimos analizar el sistema educativo soviético que se puso en práctica, primeramente, en la Rusia soviética y después en toda la extensión de la URSS debido a su naturaleza constitucional. Ya hemos planteado en artículos anteriores las dificultades generales a las que se enfrentó el nuevo proyecto socialista, pero se acentúa más en el sistema educativo por la extensión territorial y la pobre conexión comunicativa que había en las zonas rurales del mundo soviético. Además, tómese en cuenta el fenómeno del analfabetismo tan profundo que se desarrollaba en los primeros años de la posrevolución. Sin embargo, estas dificultades fomentaron la transformación revolucionaria para llevar la educación a los lugares más recónditos en lengua rusa o en otras lenguas nativas. Profundicemos, pues, en ello.

Desafíos para el nuevo sistema educativo

Los primeros intentos de transformación educativa en la Rusia soviética fueron desde la práctica jurídica y legislativa. Por ejemplo, en 1919, se aprobó una ley que obligaba a todos los ciudadanos, entre las edades de 8 y 50 años, al ingreso de escuelas públicas para aprender a leer y escribir. Además, este tipo de legislaciones tuvo un sentido pragmático al estar vinculadas a los soviets locales en cuanto a su seguimiento. Este tipo de coordinación era fundamental para hacer frente al problema de analfabetismo que estaba fuertemente agudizado en los primeros años de socialismo. Más de la mitad de la población rusa y, especialmente, rural, no tenía las habilidades elementales para leer o escribir. Asimismo, Rusia no contaba con los recursos humanos para emprender una misión en tan poco tiempo para educar a tanta población, pero, aun así, intentaron el objetivo con la creación de instituciones educativas.

Primeramente, es necesario recalcar la pretensión de Lenin de educar políticamente a la población. Es decir, el primer escalón del socialismo soviético (leninista) era la importancia de los soviets locales, sindicatos y del propio partido bolchevique en esparcir los valores democráticos a los ciudadanos. Nos dice Lenin sobre la relevancia de la educación del proletariado: “Al educar al partido obrero, el marxismo educa a la vanguardia del proletariado, capaz de tomar el poder y conducir a todo el pueblo al socialismo, de dirigir y organizar el nuevo sistema, de ser el maestro, el guía, el líder de todo el pueblo trabajador y explotado en la organización de su vida social sin la burguesía y contra la burguesía” (Lenin citado por Tucker 1985, 31). Es decir, un ejemplo claro de ello fue el Komsomol (Unión Comunista de la Juventud), que como organización juvenil del Partido Comunista tenía una fuerza revolucionaria que fue relevante en la educación soviética: véase la constante actividad académica e intelectual que estos jóvenes propagaron con seminarios, discusiones y con sus medios de comunicación para fortalecer la cultura e ideología del socialismo soviético.

Por otro lado, la educación soviética se encontró con un problema, especialmente en sus primeros años, en cuanto a la relación con una institución social de la tradición rusa: la Iglesia ortodoxa. La Iglesia fue fundamental en la educación primaria de la sociedad rusa previamente a la Revolución rusa. La educación de los valores y la fe cristiana era un eje central para cohesionar a la sociedad previa a las transformaciones revolucionarias. Sin embargo, la relación entre la Iglesia y el Estado soviético comenzó a fragmentarse de forma más radical a partir de la nueva legislación para nacionalizar propiedades y tierras pertenecientes a la institución ortodoxa y, además, de secularizar la educación pública en todos los niveles educativos. La declaración soviética respecto a la Iglesia ortodoxa era clara: es ahora el estado soviético el nuevo centro central en la sociedad rusa de la década de 1920.

El nuevo sistema educativo

Uno de los liderazgos teóricos y prácticos más relevantes de la sistematización educativa en la Rusia soviética y, después, en la Unión Soviética fue Nadezhda Krupskaya. La educadora y dirigente rusa planteaba, primeramente, el propósito de fortalecer una educación al proletariado como “herramienta para la transformación de la sociedad moderna” (Krupskaya citada por McClelland 1985, 116). Por otro lado, Krupskaya, ya como directriz del Narkompros (Comisariado del Pueblo para la Educación), propone una tesis para afianzar la escuela politécnica de nueve años con el objetivo de desarrollar las distintas áreas de producción tecnológica, industrial, científica, etc.

Al poco tiempo del triunfo de la Revolución, se funda en la Rusia soviética el Comisariado del Pueblo para la Educación (Narkompros) bajo la dirección de Anatoli Lunacharski, una de las figuras intelectuales más relevantes de la transformación revolucionaria. El objetivo de la Narkompros era la reconfiguración radical del sistema educativo soviético con tres ejes fundamentales en el intento de trascender las tareas elementales de enseñar a los niños la lectura, la escritura y aritmética básica. Primeramente, el objetivo era implementar una educación progresiva e integral para que los niños desarrollaran habilidades y conocimientos sólidos en la creatividad, la relación humana/social, estética, física, técnica, etc.; nótese, además, el impulso de la Narkompros en la construcción de la infraestructura de jardines de niños y primarias. Segundo, la idea de Lunacharski era implementar autonomía en el desarrollo cultural y científico; es decir, sin presiones por parte del mundo político/social externo y seguir los principios genuinos de las expresiones culturales y avances tecnocientíficos. De ahí su oposición a ciertas presiones por parte de las vanguardias artísticas como las propuestas de Vladímir Mayakovsky y otros. Protegió, por ejemplo, a los artistas de tradición más académica, pero sin bloquear a las nuevas tendencias y creaciones artísticas. Tercero, la Narkompros de Lunacharski abogaba constantemente por una educación igualitaria en la formación y en el perfil de egreso de los estudiantes: los hijos de los obreros podían elegir su profesión más allá de un campo y clase social.

En este contexto, nace la Escuela Única del Trabajo, impulsada por Lunacharski y Krupskaya en 1918 con el fin de efectuar una educación general y pública. El decreto de la Escuela única fue firmado por Lenin debido a su relevancia en la unificación y sistematización de la educación: un fenómeno análogo al surgimiento de la SEP con el propósito de poner un orden a un sistema educativo. La Escuela Única proponía, en este sentido, instituciones educativas de nueve años de duración con primaria y secundaria, educación gratuita, laica, mixta y obligatoria para los jóvenes entre 8 y 17 años de edad. Es, por ello, que podemos considerar el proyecto de la Narkompros una empresa ambiciosa para el contexto social, político y económico de la sociedad soviética. Sin embargo, ¿cómo saber los horizontes de un sistema educativo si tenemos el afán de limitarnos en nuestras posibilidades?

Por otro lado, la Narkompros veía la educación superior como una oportunidad para transformar radicalmente los elementos residuales de la educación zarista. Lunacharski veía que las facultades eran centros de educación burguesa y, por tanto, había que reconfigurarlas con los ejes fundamentales de la Escuela Única; es decir, proletarizar la educación superior. Las reformas a partir de 1918 dieron la posibilidad a todos los jóvenes de estudiar un grado en la universidad sin importar su origen social. Estos logros fueron fundamentales en el camino universitario del periodo pos-NEP con el estalinismo.

El Proletkult, a pesar de no tener la formalidad e institucionalidad del Narkompros, podemos decir que fue un movimiento relevante en la actividad artística y cultural de la sociedad soviética. Alesandr Bogdanov planteó los elementos teóricos de la necesidad de una cultura proletaria de forma autónoma y esto fue una de las controversias más escabrosas entre Bogdanov y Lenin: la autonomía de la Proletkult corría el riesgo de fragmentar la entidad política del Partido Comunista o del propio Estado soviético. Por presiones políticas pierde su autonomía y se convierte en un ente del propio Estado. Sin embargo, esto no quita los aportes y la cooperación inicial entre la Proletkult y la Narkompros en el desarrollo educativo y en el fomento de las nuevas creaciones artísticas. No obstante, dados los intentos del Partido Comunista y del Estado en controlar el Proletkult con su sometimiento, con la pérdida de autonomía, y que ahora formaba parte de la propia Narkompros.

El sistema educativo soviético, a nuestro criterio, llega a logros relevantes, como fue la lucha contra el analfabetismo, la autonomía respecto a otras instituciones, el desarrollo tecnocientífico, cultural y la propia sistematización de la educación de un territorio extenso y heterogéneo en cultura. Sin embargo, al final del mandato de Lenin, la educación como sistema toma un giro de burocratización que atentó contra todas las vanguardias artísticas y propuestas culturales con tendencia a la innovación. El perfil educativo que buscaba el recién estalinismo ubicaba una centralización en los principios ideológicos del socialismo soviético posleninista: regreso al tradicionalismo y abandono de los progresos de la Narkompros.

Bibliografía

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Tucker, Robert C. «Lenin’s Bolshevism as a Culture in the Making.» En Bolshevik Culture, de Abbott Gleason, Peter Kenez y Richard Stites, 25-38. Bloomington: Indiana University Press, 1985.