En este trabajo seguiremos presentando las transformaciones revolucionarias que se dieron en la sociedad soviética en cuanto a las nuevas creaciones artísticas. Recordemos que el ser social es fundamental en la concepción filosófica del marxismo y, por supuesto, de las ideas elementales de Lenin. En este sentido, nos toca investigar sobre el constructivismo soviético como fenómeno que reúne no solo las expresiones artísticas respecto a los signos de las transformaciones radicales de las estructuras sociales, sino como base estética que representa principalmente el periodo del socialismo soviético de la década de 1920.
Vladímir Tatlin es considerado el padre del constructivismo por sus técnicas recurrentes en el lenguaje del mismo: geometría, materiales metálicos, estructuras, innovaciones visuales, etc.; pero, simultáneamente, Tatlin se acerca a los postulados estéticos que luego veremos con Aleksei Gan, Naum Gabo y Antoine Pevsner. Tatlin fue uno de los diseñadores y artistas más relevantes de la recién sociedad soviética, ganándose un prestigio importante con el diseño del Monumento a la Tercera Internacional (1919-1920), en donde podemos ver las ideas estéticas de la nueva formación socialista. Este no era solo un monumento común, sino que era un diseño de una enorme estructura arquitectónica de 400 metros de altura que iba a tener cuatro cuerpos en espiral. Cada espiral estaba diseñada para albergar espacios arquitectónicos con propósitos específicos: por ejemplo, la base estaba destinada como sede de congresos y conferencias del Partido Comunista; la siguiente espiral era un espacio para las instituciones y órganos del Estado; la estructura siguiente estaba destinada para los entes de la comunicación soviética como la prensa; y, por último, se proyectaba un espacio para la transmisión de información relevante de la sociedad soviética. Tatlin atisbaba, en este sentido, la correlación unitaria entre las expresiones artísticas y la vida cotidiana de una sociedad.

Por otro lado, hay que recalcar que el desarrollo del constructivismo ruso se produjo por su cordial relación con el Proletkult como movimiento artístico-cultural que tuvo su auge antes de la absorción de su autonomía por el Narkompros en el ascenso de Stalin. Lo que más le llamó la atención al Proletkult, bajo el liderazgo de Bogdanov, fueron las creaciones constructivistas y sus razones para estar vinculadas a la vida cotidiana del nuevo ser humano en la sociedad soviética. Especialmente, lo que a Bogdanov le interesa son las nuevas expresiones y técnicas artísticas de los constructivistas: el diseño textil, el fotomontaje, el diseño gráfico, etc.
Ahora, ¿qué fue el constructivismo? ¿Un movimiento artístico? ¿Un lenguaje nuevo del arte? ¿Una vanguardia más? Nosotros aceptamos la tesis de Christina Lodder (1983): para la historiadora británica, las acepciones del constructivismo ruso desde las investigaciones occidentales se han equivocado. ¿Por qué razón? La mayoría de las investigaciones del mundo occidental consideran al constructivismo como un movimiento artístico o una vanguardia. Sin embargo, el constructivismo ruso para Lodder, como para nosotros, es algo más que una vanguardia o movimiento artístico; es una estética que no solo teorizó sus ideas, sino que la propia realidad la transformó con la función social del arte.
El término «constructivista» o «constructivismo» nace a partir de la exposición “Los constructivistas”: K. K. Medunetsii, V. A. Stenberg, G. A. Stenberg” (1922) en el Café de los Poetas en Moscú. Los planteamientos de esta exposición buscaban justamente el cuestionamiento a las prácticas e ideas convencionales de un arte que estaba a punto de ser transformado por el constructivismo. La idea principal consistía, por tanto, en el vínculo entre la vida cotidiana y el arte que se identificaba en los elementos básicos del marxismo con la concepción del ser humano como un ser social.
Por otro lado, los primeros constructivistas que se reúnen para crear, exponer y buscar los nuevos horizontes del arte son Aleksei Gan, Aleksandr Rodchenko, Varvara Stepanova, Karl Ioganson, entre otros. Estos artistas y teóricos, a la vez, proponen una insignia del constructivismo: el compromiso ético de la revolución artística y social. Se buscaba, pues, la transformación no solo de las expresiones tradicionales del arte, sino de la vieja relación del arte con la sociedad; es decir, de una relación pasiva y, muchas veces, individualista y despersonalizada para invertirla en un arte para y con la gente, el proletariado, el pueblo.

De esta forma, el constructivismo busca salir del estudio e, incluso, del propio museo para llevar al arte a la calle. Es por eso que vemos obras como las de Rodchenko o las del dúo Mayakovsky-El Lissitzky en cuanto a los nuevos escenarios, espacios y lenguajes del arte que ahora se dirigen a las mayorías, retando drásticamente a la concepción de arte tradicional y burgués. Esta nueva estética, a su vez, es influenciada por las reflexiones que hace Lenin sobre el arte cuando nos exponía que “el arte pertenece al pueblo” (Lenin citado por Hill 2022, 158). Sin embargo, no se olvidaba Lenin de que, para que llegara a ello, hay que mejorar las condiciones materiales y educativas de las mayorías. No se pretende ideologizar al proletariado, sino que el proletariado esté educado para que pueda tomar sus propias decisiones y valoraciones sobre la nueva estética de las expresiones artísticas innovadoras.
Fueron un gran número de artistas y obras las que se crearon en la estética constructivista y, por ello, tuvimos que seleccionar un par de ellas para explicar concretamente su sentido en la nueva sociedad soviética. Comencemos con Aleksandr Rodchenko. Tal vez, el artista del constructivismo más complejo y versátil de todos. Rodchenko tuvo una formación sólida en los lenguajes artísticos y eso fue fundamental para que luego expresara de forma diversa sus obras artísticas. Su maestría en el diseño, pintura o fotografía se puede apreciar en cada uno de sus trabajos. Véase, por ejemplo, ¡Libros! (1924) o sus carteles de cine soviético para leerlos con una sugerencia de compromiso ético con el propio proletariado. Rodchenko estaba consciente de las mayorías analfabetas y se preguntaba cómo llevar el arte al pueblo sin simplificarlo de forma burda o negar la interpretación del receptor. Rochenko, una serie de diseños y fotomontajes que son publicados por la editorial soviética Gosizdat. Sus mensajes indudablemente nos invitan al ejercicio y participación de la nueva estética constructivista.
Naum Gabo y Antoine Pevsner, escultores rusos, crearon obras de escultura bajo las ideas constructivistas, pero lo que nos gustaría destacar es la capacidad teórica de conceptualizar las propuestas del constructivismo con su Manifiesto realista. El realismo no consistía en la mímesis aristotélica o en la representación figurativa de la realidad, sino en la transparencia del arte y de su propio movimiento. Estos planteamientos atisban lo que más adelante veremos en la teoría del reflejo de Gyorgy Lukács.
Otros constructivistas que buscan de forma vehemente el vínculo del arte con la propia vida cotidiana son Gustav Klutsis, diseñador gráfico, y las diseñadoras y pintoras rusas Lyubov Popova y Varvara Stepanova. Por un lado, Gustav Klutsis nos expone sus fotomontajes políticos que se dirigen frontalmente a la recepción del pueblo con una composición visual que hace un tributo emotivo al máximo líder y teórico de la Revolución rusa: Lenin. Por otro lado, Popoca y Stepanova son las artistas rusas que desafían a las expresiones tradicionales con sus nuevas técnicas textiles y de diseño; el diseño de sus textiles busca el acercamiento del pueblo al arte o viceversa. Esta era una idea claramente definida en el constructivismo ruso: la relación sociedad y arte llegaba para quedarse.

A partir del Primer Plan Quinquenal, el constructivismo ruso dejaría de producir prolíficamente su obra, aunque podemos ver todavía algunos carteles durante los primeros años de la década de 1930. Como sabemos y discutiremos más adelante con otras investigaciones, el estalinismo empezó a consolidarse a partir del Plan Quinquenal, donde no solo establecieron los dictámenes político-económicos de Stalin, sino que la intencionalidad ideológica fue clara en cuanto a centralizar y burocratizar la educación y el arte. Las vanguardias, las expresiones artísticas innovadoras y la estética constructivista serán desechadas paulatinamente por un realismo socialista que buscaba asentar los principios elementales del socialismo estalinista que vamos a ir examinando en los próximos trabajos.
Bibliografía
Bowlt, John E. «Constructivism and Early Soviet Fashion Design.» En Bolshevik Culture, de Peter Kenez, Abbott Gleason y Richard Stites, 203-219. Bloomington: Indiana University Press, 1985.
Fitzpatrick, Sheila. Education and Social Mobility in the Soviet Union: 1921-1934. Cambridge: Cambridge University, 1979.
Hill, Christopher. La revolución rusa. Barcelona: Editorial Ariel, 2022.
Lodder, Christina. Russian Constructivism. New Haven: Yale University Press, 1983.
Walworth, Catherine. Soviet Salvage: Imperial Debris, Revolutionary Reuse, and Russian Constructivism. University Park: The Pennsylvania State University Press, 2017.
