Para hablar de Adolfo Sánchez Vázquez (1915-2011) tenemos que recurrir a un breve recorrido y contexto histórico de la Segunda República Española (1931-1939) hasta su fin con la brutal represión de la dictadura franquista. Esta etapa republicana tiene su antecedente más directo con el golpe de estado por el militarismo de Primo de Rivera y su devastación al orden constitucional que se había establecido en 1878. Los principales aliados de esta dictadura militar (1923-1930) fue su conciliación con la burguesía tradicional, la Iglesia Católica y el Ejército con base fascista y colonialista. Las contradicciones de este periodo no se hicieron esperar con las oposiciones intelectuales (Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset), políticas (Partido Socialista Obrero Español y nacionalismos internos) y el desenlace de la propia unificación de la oposición diversificada entre catalanes, vascos, socialistas, entre otros. La dictadura cae en 1930 con el exilio de Primo de Rivera. La transición del poder político entre la monarquía de Alfonso XIII a los republicanos se produce prontamente y se proclama, en 1931, la República Española.
La Segunda República inicia sus reestructuras políticas de forma vehemente con el establecimiento de las Cortes Constituyentes proclamadas por mayoría republicana-socialista donde establecen avances jurídicos y políticos como el sufragio universal (hombres y mujeres), un estado laico, declaración de autonomía de ciertas regiones, entre otras políticas progresistas. Sin embargo, las dificultades y problemas de la primera etapa de la República surgen a partir del choque con la Iglesia Católica y la burguesía española. Además, la profunda polarización entre los sectores conservadores con el liderazgo de los falangistas y los socialistas con las facciones obreras. Los siguientes años (1936-1939) estuvieron llenos de una violenta guerra civil que comenzó en Marruecos para extenderse con la toma de Málaga, en 1937, en donde se desarrolla en desenlace devastador de la Segunda República. Decimos, en este sentido, que fue devastador este hecho porque la caída de Málaga provocó la Desbandá (desbandada) de miles de milicianos, militares republicanos y civiles españoles hacia Almería donde el Ejército sublevado con colaboración italiana y alemana realizan una masacre de alrededor de 5,000 personas asesinadas.
Adolfo Sánchez Vázquez desde temprana edad se involucró políticamente en la organización juvenil del Partido Comunista Español (PCE): Juventudes Comunistas. En este periodo de la mitad de la década de 1930, Sánchez Vázquez milita no sólo con su actividad periodística con la publicación de artículos sobre el horizonte de la Segunda República, sino que también siguió ejerciendo su actividad poética donde planteaba a veces más reflexiones sobre su contexto que en la propia teoría política. De hecho, el mismo filósofo hispano-mexicano planteaba que en aquel momento no conocía del todo la teoría marxista, pero se sentía identificado con el proyecto socialista de la España republicana. Sánchez Vázquez, andaluz de origen, tiene que salir de Málaga a Madrid para estudiar filosofía en la Universidad Central de Madrid, hoy la Universidad Complutense de Madrid. Sin embargo, no logra terminar sus estudios universitarios debido a la toma de Málaga por el bando franquista. El joven Adolfo elige ir a la defensa de su tierra andaluza, pero, contrariamente, tiene que retirarse en el trágico episodio de la Desbandá con los otros miles de españoles.
El triunfo sublevado con la Batalla del Ebro, en Cataluña, fue un acontecimiento que replegó aun más el bando republicano precisamente con el propio propósito de los sublevados en dejar al Ejército Republicano sin territorio, industria y artillería pesada. Tras el control franquista de Cataluña, en 1939, casi medio millón de civiles y militares republicanos tienen que cruzar los Pirineos. A mediados de 1939, los franquistas controlaban las ciudades más importantes de la Península como Barcelona, Valencia, Alicante, Valladolid, Burgos y, por supuesto, Madrid. La Guerra Civil había terminado. Terminó uno los conflictos más violentos en la historia de España y continuó uno los episodios más difíciles para los miles de españoles que tuvieron que establecerse, principalmente, en Francia o cruzar el Atlántico para transterrarse en su nueva casa: México.
Sánchez Vázquez con otros miles de españoles salen en barcos por el sur de Francia para hacer algunas paradas en África y cruzar el Atlántico con el propósito de llegar al México bajo el control político de la administración de Lázaro Cárdenas del Río. Recordemos que, a finales de la década de 1930, México pasaba por una etapa de tendencia soberanista en cuanto a sus políticas y con un perfil más cercano a los proyectos socialistas. Es decir, el gobierno de Cárdenas siempre tuvo buenas relaciones con la Segunda República y, por supuesto, acepta como exiliados a todos los civiles y militantes republicanos que llegan por el golfo de nuestro país. A los puertos de Tamaulipas o Veracruz no sólo llegan filósofos, artistas o políticos, sino también llegan obreros, zapateros, niños, civiles. No hay que olvidar que no sólo se exiliaron figuras prominentes de la Península, son también personas de a pie las que tienen que salir del régimen totalitario y represor de Francisco Franco.
Sánchez Vázquez no desarrolla maduramente sus investigaciones filosóficas hasta su llegada a México como estudiante de filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Es en la UNAM donde concluye su Maestría en Filosofía y defiende su tesis doctoral Sobre la praxis, en 1966, y que, luego, se publicaría como texto completo con el título de Filosofía de la praxis, en 1967. Desde 1959, Sánchez Vázquez fue nombrado como profesor de tiempo completo en la UNAM, tiene una extensa actividad investigativa con su estética marxista durante la década de 1960 y se consagra durante la década de 1970 como uno los filósofos más prolijos y relevantes de la filosofía hispanoamericana; en 1976, por ejemplo, es nombrado como presidente de la Asociación Filosófica de México. Sin embargo, más allá de los logros académicos del profesor Sánchez Vázquez, nosotros enfatizamos en su carácter crítico no sólo respecto al capital y sus hostilidades, sino también con sus replanteamientos de la teoría marxista en un contexto de ortodoxia y dogma posestalinista.
Las bases del marxismo crítico de Adolfo Sánchez Vázquez, a nuestro criterio, las encontramos en su lectura minuciosa de la obra de Marx; especialmente, los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 formó una línea heterodoxa y crítica de lo que fundamentará la teoría estética sánchezvazquiana con publicaciones como Ideas estéticas en los “Manuscritos económico-filosóficos” de Marx (1961), Las ideas estéticas de Marx (1965), Filosofía de la praxis (1967) y los dos tomos de Estética y marxismo (1970). Ahora, ¿qué tienen en común estas obras filosóficas? Esta etapa prolífica de Adolfo Sánchez Vázquez se desarrolla en un periodo en el cual el socialismo real de la URSS tuvo sus contradicciones con su proyecto imperialista con la invasión a Checoslovaquia en 1968 y con el control casi absoluto de los partidos comunistas y socialistas bajo la línea de la ortodoxia soviética. Sánchez Vázquez, en este punto, se encuentra no sólo en la postura crítica contra la violación a la soberanía checoslovaca, sino que también elabora una teoría atípica a la tendencia del socialismo real: una teoría marxista renovada con una propuesta estética que puntualiza las hostilidades del realismo soviético y de las propias contradicciones del capitalismo.
Sánchez Vázquez, audazmente, expone una tesis fundamental que funciona como eje conductor de su teoría marxista: recupera las Tesis sobre Feuerbach de Marx para explicar la necesidad indisoluble de la interpretación del mundo, pero, simultáneamente, esta misma interpretación funciona como guía para transformar una realidad concreta. Es decir, la noción de praxis expone un marxismo como filosofía de la praxis no desde un materialismo institucionalizado, nos diría el propio Sánchez Vázquez, por la ortodoxia, sino es una unidad entre la capacidad crítica-teórica y la transformación revolucionaria de lo que tiene que ser transformado. Nótese la referencia de transformación revolucionaria que retoma el filósofo hispano-mexicano con el Manifiesto Comunista cuando claramente Marx nos explica la necesidad de una profunda transformación de las estructuras y sistema económico-político: el sistema no puede solucionar las contradicciones desde adentro, sino que hay que transformar revolucionariamente al propio sistema.
La estética de Adolfo Sánchez Vázquez se encuentra, en este sentido, en la línea del marxismo crítico por una concepción, diríamos, humanista en la reelaboración teórica fuera y contra el socialismo real. Para Sánchez Vázquez como para el propio Marx, el trabajo juega un rol sumamente importante en la existencia y esencia del ser humano; es decir, el trabajo es lo que da sentido a la vida del ser humano como ser social. El trabajo lo realiza como ser humano. El trabajo es un elemento rector de una sociedad. Sin embargo, lo que llama la atención de la estética de Sánchez Vázquez es la concepción de la naturaleza creadora del ser humano y, particularmente, en la creación artística se pueden ver las contradicciones profundas que produce el capitalismo. Tómese como una de las máximas contradicciones del capitalismo con la explotación de los seres humanos en el fundamento de la acumulación de capital. Esta hostilidad se considera una contradicción en la relación de la praxis creadora y el trabajo objetivado como actividad enajenada. Es decir, la praxis creadora y la creación artística contradicen los valores del capitalismo por su propia naturaleza creadora y en el proceso de humanización no como mercancía de la lógica del capital, sino como realización y reivindicación de la humanidad y del propio trabajo.
La noción de praxis y la idea de creación artística como proceso de trabajo humano no sólo contradice a las hostilidades del capitalismo, sino al proyecto del realismo socialista que se burocratizó e institucionalizó una política desde el Estado soviético. Sin embargo, la pregunta puede ser: ¿y quién fue o cómo estuvo configurado este tipo de estado? Sánchez Vázquez y su estética desafían los valores del realismo soviético y crítica las contradicciones anti-humanísticas que produce el capitalismo por medio del eje conductor de la categoría de praxis como unidad entre teoría y actividad revolucionaria. El hecho de que Sánchez Vázquez criticara la burocratización del socialismo soviético como ortodoxia, no quiere decir que el filósofo hispano-mexicano se olvidara de las causas históricas, políticas, culturales y, sobre todo, económicas que han desarrollado uno de los sistemas con más profundas contradicciones en la historia de la humanidad.
Bibliografía
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Beevor, Antony. La guerra civil española . Barcelona: Crítica, 2005.
Sánchez Vázquez, Adolfo. Estética y marxismo . Ciudad de México: Ediciones Era, 1970.
—. Filosofía de la praxis . 2003: Siglo XXI Editores, Ciudad de México.
Sánchez Vázquez, Adolfo. «Ideas estéticas en los “Manuscritos económico-filosóficos” de Marx.» Diánoia, 1961: 236-258.
—. Una trayectoria intelectual comprometida . Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2006.
