Con este artículo damos por iniciada una serie de investigaciones que pretenden mostrar las implicaciones filosóficas e históricas del marxismo crítico de pensadores que no solo dieron una lectura profunda al orden social, económico, político, filosófico y cultural del capitalismo, sino que también podemos ver la distinción de la verdadera crítica respecto al socialismo real del estalinismo y posestalinismo del bloque soviético. El marxismo como metodología y teoría fue, a nuestro juicio, muy mal interpretado por el socialismo real y con un deliberado propósito de organizar sus justificaciones para elaborar una sistematización totalitaria que paulatinamente los llevó al fracaso.
En esta ocasión, nos toca analizar el trayecto histórico y filosófico de uno de los pensadores más relevantes del marxismo en el siglo XX: el italiano Antonio Gramsci. Su material investigativo lo encontramos en 2,848 páginas como manuscritos que años después se conocieron como los Cuadernos de la cárcel (Quaderni di Carcere) debido a que Gramsci estuvo preso por motivos políticos desde 1926 hasta el año de su muerte en 1937.
Antonio Gramsci (1891-1937) nace en Ales, un pueblo muy pequeño de la isla de Cerdeña, Italia. Gramsci nace y crece en un contexto histórico complejo para la región de Cerdeña y del sur de Italia. Cerdeña, por cierto, es una región de Italia con un gran bagaje histórico y cultural, con su propio idioma, gastronomía, forma de vivir, etc. Sin embargo, en el entorno de Gramsci, Cerdeña y el sur tuvieron desfavorables condiciones materiales para vivir: el norte con Lombardía o Piamonte eran los centros industriales con desarrollo económico, mientras que el sur de Italia fue siempre una región mayormente rural y olvidada para la Italia unificada.
¿A dónde tiene que ir Gramsci a terminar sus estudios universitarios debido a las condiciones de Cerdeña? Al norte. El pensador italiano se matricula en la Universidad de Turín para estudiar Filología, pero no termina su grado debido a complicaciones de salud que venía arrastrando desde su infancia por un problema en su columna vertebral. Sin embargo, Gramsci en ningún momento de su vida consideró que este asunto de salud imposibilitara seguir con cierta normalidad su vida. De hecho, en este entorno universitario y político de Turín es donde puede estudiar a filósofos como Karl Marx y Benedetto Croce: de ahí sus intereses en la relación entre filosofía, política, sociedad, cultura y literatura.
Durante este periodo de la década de 1910, Gramsci se afilia inicialmente al Partido Socialista Italiano antes de que este tuviera sus querellas con otros socialistas que luego fundarían el Partido Comunista de Italia, el cual será el partido de Gramsci en el resto de su vida como militante y dirigente político. En el Partido Socialista fue un militante destacado que buscó rápidamente incorporarse como periodista a órganos comunicativos, uno de ellos el Ordine Nuovo, en la difusión del pensamiento y práctica socialista.
Entrada la década de 1920, todo tiene un trastorno complejo en la política italiana: el fascismo comienza su consolidación a partir de 1922 e, inmediatamente, comienzan los choques políticos entre los fascistas y socialistas. Para 1926, el gobierno italiano de Benito Mussolini (primer ministro) promulga una legislación que otorga el poder político al totalitarismo, que fue sometiendo paulatinamente al parlamento italiano a su merced. A partir de mediados de la década de 1920, comienza una serie de persecuciones, represiones y ejecuciones a miembros de partidos políticos disidentes. ¿Esto es un recuerdo de un contexto similar con el estalinismo? De ahí, parcialmente, el rol crítico de Gramsci. En este entorno, se produce la detención de Gramsci y de Togliatti, su fiel compañero de la práctica política socialista. Cuando fue sentenciado Gramsci a 20 años de cárcel, el juez del tribunal mencionó: “¡Tenemos que impedir que este cerebro funcione durante veinte años!” (Monasta 1993, 635).
Para comprender el marxismo crítico de Antonio Gramsci, tenemos que ir al rol que tuvo como dirigente político en el Partido Comunista de Italia. Recordemos que en el marxismo de Marx no se concebía la actividad intelectual y teórica separada de la práctica revolucionaria, sino que las dos son indisolubles para el ser humano como ser social. Esto lo entiende Gramsci y lo pone, por supuesto, en práctica. Gramsci llega a ser diputado y secretario general del Partido Comunista de Italia. Incluso llega a tener estancias continuas en Moscú, donde conoce y se entrevista personalmente con figuras importantes del mundo soviético como el propio Lenin y Trotsky. Con este último, incluso, llega a haber correspondencia con un tono crítico. En este entorno, Gramsci llega a conocer los proyectos del Proletkult en Rusia y menciona: “En las grandes ciudades industriales, el programa del Proletkult, que tiende a despertar el espíritu creador de los obreros en la literatura y en el arte, absorbe la energía de los que todavía tienen tiempo y ganas de ocuparse de semejantes cuestiones” (Gramsci 2013, 120).
Debido a la férrea supervisión de sus notas en la cárcel, Gramsci nunca criticó claramente el estalinismo. Además, recuérdese que Gramsci es arrestado en 1926 y, por tanto, no tuvo de cerca los primeros ejercicios y conspiraciones autoritarias de Stalin contra el círculo cercano de Lenin, pero sí nombra en severas ocasiones el adoctrinamiento que se desarrollaba en el socialismo real de la URSS. Cuestión, por supuesto, de que estaba en desacuerdo.
Por otro lado, un elemento fundamental que nos da el camino teórico y claro para comprender su marxismo crítico es su idea de la concientización revolucionaria del proletariado. Recordemos otra vez: tanto para Marx como para Gramsci, la praxis revolucionaria es la síntesis de la teoría y la transformación de una realidad concreta. En este sentido, nos explica Gramsci que:
Hay que perder la costumbre y dejar de concebir la cultura como saber enciclopédico, en el cual el hombre no se contempla más que bajo la forma de un recipiente que hay que rellenar y apuntalar con datos empíricos, con hechos en bruto e inconexos que él tendrá luego que encasillarse en el cerebro como en las columnas de un diccionario para poder contestar, en cada ocasión, a los estímulos varios del mundo externo. Esa forma de cultura es verdaderamente dañina, especialmente para el proletariado. Solo sirve para producir desorientados, gente que se cree superior al resto de la humanidad porque ha amontonado en la memoria cierta cantidad de datos y fechas que desgrana en cada ocasión para levantar una barrera entre sí mismo y los demás (Gramsci 2013, 21).
Una idea, por cierto, completamente contraria a lo que se desarrolló en la sociedad soviética posleninista. Es decir, el estalinismo, recordemos, controló todo desde su politburó: lo que debía decir, escribir, lo que debía ser arte, lo que no… ¡Persecución hasta de sus mismos colegas socialistas! Gramsci pensaba que el proletariado tenía que estar consciente de su clase y con una formación sólida para poder llevar a cabo la materialización de la revolución: no hay revolución sin conciencia de su clase. La conciencia que debe desarrollarse, por tanto, es también a través de un pensamiento crítico y no un dogmatismo casi religioso que vemos visualmente con el realismo socialista del estalinismo.
De esta forma, a principios de la década de 1930, Gramsci comienza a desarrollar uno de sus conceptos más enriquecedores para la teoría marxista: la hegemonía. Gramsci ya comenzaba a preguntarse a sí mismo: ¿cómo puede ser posible que la acumulación de capital se produzca por una explotación de la clase trabajadora y la propia clase trabajadora no contradiga revolucionariamente este paradigma? Explica Gramsci que es precisamente la hegemonía un fenómeno en donde el control y la opresión no se da en un terreno de la represión física (militares, policía, leyes injustas), sino que se desarrolla en un campo de lo cultural, de lo ideológico, de la cultura, de la vida cotidiana. Para Gramsci, la cultura es:
Organización, disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior conciencia por la cual se llega a comprender el valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus derechos y sus deberes. Pero todo eso no puede ocurrir por evolución espontánea, por acciones y reacciones independientes de la voluntad de cada cual, como ocurre en la naturaleza vegetal y animal, en la cual cada individuo selecciona y especifica sus propios órganos inconscientemente, por la ley fatal de las cosas. El hombre es sobre todo espíritu, o sea, creación histórica, y no naturaleza” (Gramsci 2013, 22).
Por tanto, el capital con sus intereses ha creado y desarrollado una hegemonía que se traduce, por ejemplo, en fenómenos e instituciones culturales que justifican las relaciones sociales de dominación del propio capitalismo (Adamson 1980). Esta tesis en el dogmatismo, imagínese, en el estalinismo o en el fascismo, era fuertemente crítica y desenmascaraba una cosmovisión que muchas no necesitaban de la represión coercitiva para controlar las clases trabajadoras.
En este sentido, son las clases trabajadoras las que no solo deben transformar y revolucionar las instituciones políticas o el propio Estado (esto se llegó a pensar en el socialismo real), sino que también había que transformar el mundo social de la cultura, la educación, la ideología, etc. Cuestión curiosa: Esto se intentó en los primeros años de la sociedad soviética con Lenin, el Narkompros, el constructivismo ruso, pero, a nuestro juicio, no tuvo el suficiente tiempo para madurarse en consonancia con el desarrollo económico y político de la URSS.
Antonio Gramsci, por tanto, es para nosotros un filósofo que movió las fibras necesarias del socialismo y del marxismo para reconfigurar con sus interpretaciones una teoría marxista ad hoc a su mundo y tiempo. Pagó, Gramsci pagó con su vida, llevado preso hasta su muerte. Fue indirectamente muerto en manos del fascismo y, probablemente, si Gramsci hubiera sido ruso, también habría sido torturado o perseguido por la inteligencia soviética estalinista.
Bibliografía
Adamson, Walter L. Hegemony and Revolution: Antonio Gramsci’s Political and Cultural Theory. Berkeley: University of California Press, 1980.
Gramsci, Antonio. Antología. Editado por Manuel Sacristán. Traducido por Manuel Sacristán. Madrid: Ediciones Akal, 2013.
Monasta, Attilio. «Antonio Gramsci (1891-1937).» Perspectivas: revista trimestral de educación comparada, 1993: 633-649.
