Un Quipu Menstrual
(de una carta a Michelle Bachelet)
- Cecilia Vicuña
El día de la elección
subí a la cordillera
a hacer una ofrenda:
un quipu menstrual.
Subí a la sombra de un cóndor
tejiendo un hilo solar.
“Re
cuerda
(me dijo)
La unión de la sangre
y el agua”
“La sed del glaciar.”

PUNTADAS DE RESISTENCIA: EL ARTE TEXTIL COMO MEMORIA Y ACTO POLÍTICO
Conocer la historia del bordado o del tejido es, en gran medida, conocer la historia de las mujeres en sus múltiples contextos. Reconocer el desarrollo del arte textil es, por tanto, abrir una ventana hacia una parte fundamental de las luchas sociales que han marcado la historia moderna.
A lo largo del tiempo, las prácticas textiles han reflejado las transformaciones en torno a la identidad femenina, oscilando entre la opresión simbólica y la reapropiación emancipadora.

En el mundo occidental, durante la primera mitad del siglo XX, el bordado estuvo vinculado al ideal de la mujer virginal, en oposición a la mujer considerada “prostituta” o “transgresora”. Más tarde, en la era hippie, el bordado se asoció con la fertilidad, la conexión con la naturaleza y las causas pacifistas. La historia del bordado, en ese sentido, ha sido también la historia del cambio en las ideas sobre lo que significa ser mujer.
Como señala Rozsika Parker, historiadora y psicoterapeuta autora de La puntada subversiva (1984), muchas mujeres de los movimientos feministas de los años sesenta y setenta rechazaron inicialmente las prácticas textiles por considerarlas un símbolo de domesticación y subordinación: “lo femenino” reducido al ámbito del hogar (Parker 3). Sin embargo, los colectivos feministas y de lucha social realizaron un gesto mucho más poderoso: reapropiarse de esas prácticas para resignificarlas, transformando la aguja en herramienta política.
“Limitadas a practicar con una aguja y un hilo, las mujeres, sin embargo, han cosido con una puntada subversiva.”
— Rozsika Parker
El arte textil, por tanto, encarna una tensión profunda entre lo íntimo y lo público, entre lo personal y lo político. Cada puntada, cada trazo sobre la tela, es una manifestación del estado físico y psicoemocional de quien la realiza. El hilo puede fluir o tensarse, perforar o reparar, reflejando tanto el contexto individual como el colectivo en que se crea. En este sentido, el tejido y el bordado son formas tangibles de pensamiento y emoción, espejos de la naturaleza humana y sus entornos.
Diversos estudios han señalado que el arte textil está vinculado no solo con el género, sino también con la clase social y las estructuras de poder. Lejos de limitarse a la esfera estética, su práctica ha servido como forma de activismo social y político (Rusiñol-Rodríguez, Rodríguez-Bailón y Ramon-Aribau 218). Así, el arte textil pasó de ser un instrumento de domesticación y adoctrinamiento a convertirse en un acto de expresión, resistencia, unión y reparación.
En América Latina, los ejemplos son numerosos y profundamente conmovedores:
- Las arpilleristas chilenas, durante la dictadura de Augusto Pinochet, convirtieron la costura en una forma de denuncia y memoria. “Hasta el día de hoy la arpillera es una forma de contar, de denunciar”, afirma la arpillerista Hilda Mardones.
- Las bordadoras del Baker, en la Patagonia chilena, que representan en sus telas la vida cotidiana y las ausencias de sus comunidades rurales.
- Fuentes Rojas, colectivo mexicano que borda pañuelos con los nombres de víctimas de la violencia: “Una víctima, un pañuelo.”
- Linhas do Horizonte, colectivo brasileño que teje narrativas de resistencia en torno a la violencia de género.
- Las Madres de Plaza de Mayo, en Argentina, cuyos pañuelos blancos —bordados con los nombres y fechas de nacimiento de sus hijos desaparecidos durante la dictadura— se convirtieron en un símbolo internacional de memoria y justicia.
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El lienzo siempre acompaña a doña Cristina / Foto: Abel Miranda | El Sol de Acapulco Las madres de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, en México, quienes bordaron los rostros de sus hijos sobre tela, después de que se les prohibiera portar lonas con sus imágenes. Gracias a ese gesto, pudieron introducirlos en las reuniones oficiales sin que fueran confiscados.
- Violeta Parra, artista chilena, quien llevó el bordado y el tejido al ámbito de las artes visuales y la canción popular, reivindicando el trabajo manual como expresión cultural.
- Mayté Valadéz, fundadora del colectivo Guerreras Buscadoras de Sonora, que utiliza el bordado como herramienta de duelo, búsqueda y denuncia.
- Las tejedoras mayas, guardianas de la memoria histórica de sus pueblos, cuyas prendas preservan narrativas de resistencia frente a la colonización y el despojo.
Por otra parte, el acto de remendar, coser o crear en las artes textiles y manuales es también una práctica de resistencia que no debe minimizarse por considerarse doméstica o “antimoderna”. En un mundo dominado por el consumo desmedido, remendar es un acto profundamente revolucionario. Reparar lo roto en lugar de desecharlo, cuidar lo que aún puede servir, es un gesto ético y político que desafía la lógica capitalista de lo efímero. Nuevamente, lo personal y lo doméstico, también es político.
El auge de los tutoriales y comunidades virtuales bajo el lema DIY (Do It Yourself) —“hazlo tú mismo”— ha revitalizado este espíritu de autosuficiencia creativa. Estas prácticas, lejos de ser triviales, preservan el valor del trabajo manual y detienen, aunque sea simbólicamente, el ciclo acelerado de consumo y desecho. En ese sentido, el hilo que repara una prenda también reconecta al individuo con la materialidad, el tiempo y la conciencia ecológica.
Estos ejemplos y gestos demuestran que el acto textil —ya sea bordado, tejido o reparación— es también una práctica performativa, en el sentido en que ocupa y resignifica espacios culturales y políticos (Tapia de la Fuente 43). Cada tela es una superficie de enunciación: un territorio donde el dolor se transforma en relato, donde la pérdida se convierte en presencia, y donde el gesto cotidiano de tejer o remendar se erige como una forma de acción colectiva, ecológica y emancipadora.

TEJER EL ALMA: EL ARTE TEXTIL COMO PRÁCTICA DE SANACIÓN Y CONEXIÓN COMUNITARIA
Dialogar sobre la práctica textil implica reconocer su dimensión terapéutica y performativa. Surge entonces una pregunta fundamental: ¿Qué ocurre en el cuerpo, la mente y las emociones de quien teje o borda? ¿Por qué el simple acto de introducir una aguja en la tela puede resultar tan reparador para el ser humano?
Durante siglos, el arte textil ha sido considerado un arte menor, una categoría que ha limitado su reconocimiento académico y teórico. En consecuencia, existe aún poca investigación sobre su valor terapéutico más allá de la terapia ocupacional. Sin embargo, tejer, remendar, coser o bordar son actividades profundamente significativas, en el sentido más amplio del término: proporcionan seguridad, finalidad y pertenencia, al tiempo que funcionan como medios de vinculación cultural y comunitaria (Rusiñol-Rodríguez, Rodríguez-Bailón y Ramon-Aribau 218).
La práctica del tejido, además, guarda un ritmo corporal y mental semejante al de las disciplinas meditativas. El movimiento rítmico de las manos, sincronizado con la respiración y la postura, induce un estado de “fluidez” comparable al que se alcanza en la meditación o el yoga. La experiencia táctil —el contacto con el hilo, la textura, el gancho o la aguja— favorece la presencia plena, una reconexión con el cuerpo y con el aquí y el ahora.
Mientras la mente se concentra en el diseño, “puntada a puntada”, se produce una reducción de la ansiedad, una sensación de orden y calma interior, e incluso una saludable pérdida de la noción del tiempo. En ese instante, el cuerpo piensa y la mente crea; ambas dimensiones se reconcilian en el gesto repetitivo del tejido.
Numerosos estudios han confirmado los beneficios terapéuticos del arte textil, tanto en el desarrollo de habilidades físicas y cognitivas como en el fortalecimiento de la salud psicoemocional y social. Estos efectos se multiplican cuando la práctica se realiza en grupo.
De acuerdo con un estudio del Colegio Oficial de Terapeutas Ocupacionales de Galicia (2022), tejer en comunidad cubre los cinco pilares del bienestar definidos por la New Economics Foundation: conectar, mantenerse activo, prestar atención, seguir aprendiendo y dar. En este sentido, la práctica colectiva del tejido no solo estimula la creatividad, sino que también fomenta la empatía, el acompañamiento y el sentido de pertenencia (Rusiñol-Rodríguez, Rodríguez-Bailón, Ramon-Aribau y Fernández-Solano 34).
Por otra parte, el acto de remendar o crear en las artes textiles y manuales es también una forma de resistencia cultural y emocional. No debe subestimarse por su apariencia doméstica ni por su potencial de reducir el consumo; al contrario, allí reside su carácter profundamente revolucionario. En un mundo consumista, remendar es un gesto de rebelión: una afirmación de cuidado frente al descarte, de permanencia frente a la obsolescencia.
El auge contemporáneo de los tutoriales y comunidades virtuales DIY (Do It Yourself) revitaliza esta filosofía, promoviendo el aprendizaje colaborativo y el aprecio por el trabajo manual. Estas prácticas digitales, lejos de banalizar la artesanía, preservan saberes tradicionales y desaceleran simbólicamente el tiempo, recordándonos que crear con las manos también es una forma de pensar con el cuerpo.
Por todo ello, el arte textil no puede seguir siendo relegado bajo las etiquetas de “arte menor” o de “actividad doméstica” en el sentido peyorativo del término, como si lo doméstico fuera sinónimo de insignificante o trivial. Muy por el contrario, lo doméstico es el primer territorio político, el espacio donde se sostienen los cuidados, la economía afectiva y las redes de apoyo que permiten la vida.
El problema no reside en lo doméstico, sino en su desvalorización histórica. Reivindicar el arte textil es, por tanto, reivindicar la potencia transformadora de lo doméstico, su capacidad de generar comunidad, sanación, cultura y resistencia.
Defender los espacios donde estas prácticas florecen —talleres, colectivos, círculos de bordado, redes comunitarias— es defender formas de reconstrucción terapéutica, cultural y ecológica.
El arte textil, en su dimensión más profunda, no solo denuncia o exhibe las heridas del mundo y de la psique: también las cose.

HILAR EN COMUNIDAD: EL ARTE TEXTIL COMO RED DE CUIDADO Y RESISTENCIA
“Tejer es unir los hilos que el tiempo dispersa.”
— Violeta Parra, artista chilena
El arte textil, más que una técnica, es una forma de pensamiento colectivo. En cada puntada se cruzan la memoria, el cuerpo y la palabra; en cada hebra se enlaza la historia de quienes, con paciencia, reparan el mundo desde sus manos. Así como los tejidos sostienen las fibras entrelazadas, las comunidades que bordan y tejen sostienen la vida social, emocional y política de nuestros tiempos.
El gesto de tejer en comunidad es, hoy, un acto de resistencia ante la fragmentación contemporánea. En los círculos de bordado, tanto presenciales como virtuales, se crean espacios donde el tiempo se desacelera y las emociones encuentran refugio. Allí, el tejido deja de ser una práctica solitaria para convertirse en una forma de diálogo: entre generaciones, entre territorios, entre memorias.
La artista argentina Mónica Millán, cuyas obras fusionan bordado, escritura y paisaje, sostiene que “bordar es una manera de cuidar el mundo, de escucharlo a través de las manos”. Esa afirmación resume con belleza lo que sucede en cada red textil: un retorno al sentido profundo de lo comunitario, donde crear es también acompañar.
En la actualidad, múltiples colectivos latinoamericanos y globales reivindican esta potencia transformadora. En México, la Colectiva Hilos (https://colectivahilos.com/) promueve espacios de creación y diálogo a través del bordado feminista, visibilizando temas de justicia social y corporalidad.

El proyecto Hilando Autonomía, impulsado por el Museo de las Constituciones de la UNAM, articula talleres de tejido como herramienta de participación ciudadana y reflexión sobre los derechos humanos.
Desde el norte del país, el grupo Nortejiendo (@nortejiendo) borda memorias de frontera, migración y cuidado, mientras que el Colectivo Fuentes Rojas (https://www.instagram.com/fuentesrojascolectivo/) sigue bordando pañuelos rojos por las víctimas de la violencia, recordándonos que “una víctima, un pañuelo” no es solo una consigna, sino una puntada de duelo y de vida.
En diálogo con las causas ecológicas, Zurciendo el Planeta (https://zurciendoelplaneta.org/) entrelaza arte y sostenibilidad, enseñando a reparar prendas como gesto político y ambiental. Finalmente, Te Abrigo Tejido Solidario (https://www.instagram.com/teabrigotejidosolidario/) crea redes de abrigo y apoyo entre mujeres y familias vulnerables, donde cada pieza tejida es una extensión del cuidado mutuo.
Estas iniciativas demuestran que tejer en comunidad no es un pasatiempo, sino una práctica de reparación simbólica y social. Las manos que bordan se enlazan con las de otras, a veces a miles de kilómetros de distancia, y crean redes afectivas donde se conjugan la empatía, la memoria y la acción. En palabras de la artista chilena Violeta Parra, cuyo bordado fue siempre una forma de poesía material, “cada hilo guarda una historia”. Y al entrelazarlas, el arte textil nos recuerda que toda sanación —individual o colectiva— comienza con el acto de unir.
En un mundo acelerado, fragmentado y atravesado por la soledad, tejer y bordar se convierten en una forma de resistencia suave pero implacable. Cada puntada es una pausa, un hilo de continuidad frente al ruido, una afirmación de que la vida —como el tejido— se sostiene gracias a los vínculos.
Defender estos espacios de creación y comunidad es, en última instancia, defender el derecho a la lentitud, al cuidado y a la ternura compartida.
Tejer, bordar, remendar: todas son formas de decir “aquí estamos”, de insistir en que la humanidad se sostiene por los hilos que nos unen, visibles o invisibles.
Hilar en comunidad, entonces, no es solo una metáfora. Es una práctica política, estética y psicoemocional. Es volver a tejer el mundo, puntada a puntada.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Castellanos, Rosario. “Valium 10.” Material de lectura. Selección y nota introductoria de Pablo Mora y Pedro Serrano, UNAM, 2009, Ciudad de México.
“Las Fuentes Rojas: Bordadoras de la memoria. Una víctima, un pañuelo.” Corriente Alterna, UNAM Radio, 2022, https://corrientealterna.unam.mx/radio/las-fuentes-rojas-bordadoras-de-la-memoria-una-victima-un-panuelo/.
“Las Madres de Plaza de Mayo, un ejemplo de lucha femenina a través de la costura.” Swissinfo, 8 mayo 2020, www.swissinfo.ch/spa/las-madres-de-plaza-de-mayo%2C-un-ejemplo-de-lucha-femenina-a-trav%C3%A9s-de-la-costura/89520176.
Parker, Rozsika. The Subversive Stitch: Embroidery and the Making of the Feminine. 1984. Nueva edición, I.B. Tauris, 2010.
Rusiñol-Rodríguez, Judit, María Rodríguez-Bailón y Anna Ramon-Aribau. “Motivos, efectos y beneficios terapéuticos de la actividad de hacer punto: una revisión de la literatura.” TOG (A Coruña), vol. 14, no. 25, marzo de 2017, ISSN 1885-527X, www.revistatog.com.
Rusiñol-Rodríguez, Judit, María Rodríguez-Bailón, Anna Ramon-Aribau y Antonio J. Fernández-Solano. “Los efectos de tejer en grupo sobre el bienestar psicológico: una visión desde la salud pública.” TOG (A Coruña), vol. 19, no. 1, mayo de 2022, ISSN 1885-527X, www.revistatog.com.
Sánchez Díez, Raquel. “Las tejedoras mayas que defienden sus creaciones como memoria histórica y modelo de desarrollo.” El País, 12 junio 2021, https://elpais.com/planeta-futuro/2021-06-12/las-tejedoras-mayas-que-defienden-sus-creaciones-como-memoria-historica-y-modelo-de-desarrollo.html.
Santos Varela, Mariela. Trama & fibra: tecnología temprana en fibra vegetal. Textos e ilustraciones de la autora, Proyecto FONDECYT no. 1121102, dirigido por Vivien Standen Ramírez, 2017, Arica, Chile.
Tapia de la Fuente, María Belén. Entre bordar y ser mujeres: habitar el cuerpo a través de los hilos. Universidad de Chile, Facultad de Ciencias Sociales, Escuela de Postgrado, 2021.
“Un periódico en retazos de tela: la historia de las arpilleristas en Chile.” UNESCO, 2023, www.unesco.org/es/articles/un-periodico-en-retazos-de-tela-la-historia-de-las-arpilleristas-en-chile.
