RESUMEN: El presente artículo analiza críticamente la cultura del multitasking como expresión de la sociedad del rendimiento descrita por Byung-Chul Han, donde la simultaneidad se confunde con eficiencia y valor personal. Desde la psicología cognitiva, se explica que el multitasking no implica verdadera ejecución paralela, sino una alternancia constante de tareas que fragmenta la atención, incrementa el estrés y deteriora la profundidad de la experiencia. Frente a esta dispersión, se recupera la noción de atención plena desde la perspectiva filosófica de Simone Weil, quien la concibe no como técnica de productividad, sino como disposición radical ante la verdad. La atención auténtica implica receptividad, humildad y suspensión del ego. El texto propone prácticas concretas que permiten reparar la fragmentación contemporánea: artes contemplativas, oficios manuales y ejercicios somáticos como yoga o Tai Chi, los cuales favorecen la regulación emocional y la integración mente-cuerpo. Finalmente, se sostiene que la atención no es solo una facultad individual, sino también un acto relacional: practicarla en comunidad fortalece vínculos y constituye un gesto ético y político de resistencia ante la aceleración contemporánea.
PALABRAS CLAVE: Multitasking; atención plena; Simone Weil; sociedad del rendimiento; contemplación; ejercicios somáticos; comunidad; fragmentación.
ABSTRACT: This article critically examines multitasking culture as an expression of the performance society described by Byung-Chul Han, where simultaneity is equated with efficiency and personal value. From a cognitive psychology perspective, multitasking is understood not as parallel processing but as rapid task switching, which fragments attention, increases stress, and weakens depth of experience. In response, the text reclaims the concept of attention through the philosophical lens of Simone Weil, who conceives it not as a productivity tool but as a radical disposition toward truth. Genuine attention implies receptivity, humility, and suspension of ego. The article proposes concrete practices that help repair contemporary fragmentation: contemplative arts, manual crafts, and somatic exercises such as yoga and Tai Chi, which foster emotional regulation and mind-body integration. Finally, it argues that attention is not only an individual faculty but also a relational act. Practicing presence in community strengthens bonds and becomes an ethical and political form of resistance against acceleration and distraction.
KEYWORDS: Multitasking; attention; Simone Weil; performance society; contemplation; somatic practices; community; fragmentation.
¿QUÉ ES EL MULTITASKING?
Parafrasear a Byung-Chul Han resulta hoy más pertinente que nunca. El filósofo surcoreano sostiene que hemos transitado de una sociedad disciplinaria —donde bastaba obedecer y cumplir— a una sociedad del rendimiento, en la que ya no es suficiente “hacer bien” las cosas: ahora debemos hacer más, hacerlo mejor y optimizar cada aspecto de la vida… incluso el ocio. En este contexto, el tiempo deja de ser experiencia y se convierte en recurso; la existencia, en proyecto; y el descanso, en oportunidad de mejora.
La cultura del multitasking surge como consecuencia casi inevitable de estas exigencias contemporáneas. Ya no basta con tener una agenda llena: ahora se espera que las actividades se superpongan. Responder correos mientras se atiende una reunión, escuchar un podcast mientras se cocina, revisar el teléfono mientras se conversa. La simultaneidad se ha convertido en sinónimo de eficiencia y, paradójicamente, de valor personal.
Sin embargo, desde la psicología cognitiva se cuestiona seriamente esta supuesta capacidad. Diversos especialistas explican que el cerebro humano no está diseñado para realizar tareas complejas de manera simultánea. Lo que comúnmente llamamos multitasking no es ejecución paralela, sino alternancia rápida de tareas (task switching). Este cambio constante implica un costo cognitivo: cada transición exige un reajuste atencional que fragmenta la concentración y reduce la profundidad del procesamiento mental.
Lejos de aumentar la eficiencia, esta dinámica puede producir el efecto contrario. A corto plazo genera sensación de productividad inmediata —una gratificación rápida asociada al cumplimiento de múltiples microtareas—, pero también fatiga mental, irritabilidad y saturación. A mediano plazo favorece el estrés sostenido, la dificultad para desconectar y la ansiedad. Y a largo plazo puede contribuir al agotamiento emocional, la desmotivación y una sensación difusa de pérdida de sentido.
El multitasking no se limita al ámbito laboral o académico; ha invadido también el espacio del descanso. Ver una serie mientras se revisan redes sociales, comer frente a una pantalla, escuchar música mientras se responde un mensaje tras otro: incluso el ocio se vive fragmentado. La incomodidad de “no estar haciendo nada” se transforma en una angustia por “no estar haciendo suficiente”. Así, la incapacidad para habitar un solo acto a la vez termina erosionando la relación con el presente, con la experiencia y con los otros.
Basta observar una escena cotidiana: familias reunidas en la mesa, cada integrante con el teléfono en la mano. El cuerpo está presente, pero la atención no. La fragmentación no solo es cognitiva; también es relacional.
Frente a este panorama, recuperar la atención plena no es una moda ni un lujo espiritual, sino un gesto de reapropiación de la experiencia. Volver a hacer una cosa a la vez implica resistir la lógica del rendimiento permanente y reconquistar la posibilidad de estar verdaderamente presentes en lo que hacemos.
ATENCIÓN PLENA: CONTEMPLAR CON VERDAD
Hablar de atención plena exige, en primer lugar, despejar el concepto de sus usos superficiales y mercadológicos. En el contexto contemporáneo, el término ha sido apropiado por discursos de productividad y bienestar rápido que lo convierten en una técnica más para rendir mejor. Sin embargo, desde una perspectiva filosófica, la atención plena no es un recurso instrumental: es una disposición radical del ser ante la realidad.
Para Simone Weil, la atención constituye el núcleo mismo del aprendizaje y, en un sentido más amplio, de la vida espiritual e intelectual. En su ensayo Reflexiones sobre el buen uso de los estudios con vistas al amor de Dios, sostiene que el verdadero objetivo del estudio no es la acumulación de conocimientos, sino el desarrollo de la capacidad de atención. El aprendizaje auténtico no surge del esfuerzo tenso y ansioso por obtener resultados, sino de una apertura vigilante y paciente hacia la verdad.
Weil afirma: “Veinte minutos de atención intensa y sin fatiga valen infinitamente más que tres horas de esa dedicación de cejas fruncidas” (4). La diferencia es crucial: no se trata de forzar la concentración, sino de sostener una presencia lúcida, sin violencia interior. La atención, en su sentido más profundo, no es contracción, sino receptividad.
¿Cómo puede la atención mejorar las facultades humanas? Weil sugiere que la verdad se revela cuando el sujeto suspende su impulso de apropiación y se dispone a recibir. La atención afina la sensibilidad, ordena la percepción y evita el autoengaño. En este estado, disminuyen los contrasentidos, las distorsiones y las proyecciones del ego. La claridad no es un producto de la aceleración mental, sino de la quietud interior.
Por ello, Weil propone algo radical: “vaciar el yo”. Esto no implica anular la identidad, sino suspender momentáneamente la imposición de nuestras expectativas, deseos y prejuicios para quedar disponibles ante lo real. Atender es estar dispuesto a recibir sin apropiarse, sin anticipar, sin exigir. Es un acto de humildad cognitiva y ética.
En una cultura dominada por la fragmentación, la sobreestimulación y el multitasking, esta forma de atención se vuelve excepcional. Una persona cuya existencia está saturada de tareas superpuestas y estímulos constantes difícilmente puede habitar ese estado de disponibilidad. El yo hiperestimulado no contempla: reacciona. No recibe: consume.
Sin atención profunda, se debilita también la capacidad de reconocer la verdad en uno mismo, en el otro y en el mundo. Se pierde la sensibilidad para la belleza, para el matiz, para el silencio. Y con ello se erosiona la posibilidad de crecimiento interior y de auténtica conexión humana.
Recuperar la atención plena, en el sentido que propone Simone Weil, no es optimizar la mente para producir más. Es reaprender a contemplar con verdad.
PRÁCTICAS QUE RESISTEN Y REPARAN:
Siguiendo la lógica de Simone Weil, el aprendizaje auténtico está impulsado por el deseo, y el deseo, a su vez, encuentra su energía en el placer y la alegría (3). Sin embargo, difícilmente puede experimentarse esa disposición gozosa cuando la mente se encuentra fragmentada por la hiperestimulación, el multitasking y la presión constante del rendimiento. Una mente saturada no desea conocer: desea escapar o concluir rápidamente.
Por ello resulta urgente recuperar prácticas que no estén orientadas a la productividad ni al logro cuantificable, sino al cultivo del bienestar interior. Se trata de actividades que no buscan optimizar el tiempo, sino habitarlo; no persiguen resultados externos, sino profundidad en la experiencia. Son pausas deliberadas frente a la aceleración: espacios donde la atención puede volver a reunificarse.
La contemplación es el núcleo de estas prácticas. El arte —sea música, pintura, literatura o teatro— exige una presencia atenta tanto en quien crea como en quien observa. No puede ejecutarse ni recibirse plenamente desde la distracción constante. La experiencia estética, cuando es genuina, reorganiza la percepción y nos devuelve al presente.
De igual forma, las artes manuales —como el tejido, el bordado o la cerámica— ofrecen una vía privilegiada para reconstruir la atención. En ellas interviene el cuerpo, el ritmo, la repetición consciente y la textura. La dimensión sensorial ancla la experiencia en el aquí y ahora, fortaleciendo la paciencia y el aprendizaje sereno. No se trata de “ser el mejor”, sino de estar disponible. Estas prácticas no exigen rendimiento máximo; exigen presencia.
En esta misma línea, han cobrado renovada relevancia los llamados ejercicios somáticos: movimientos suaves, lentos e intencionales que promueven la conciencia corporal y la integración mente-cuerpo. Más que entrenar el cuerpo para rendir, buscan sensibilizar la experiencia interna del movimiento. Como señala la Cleveland Clinic, este tipo de prácticas favorece la regulación del sistema nervioso, reduce el estrés y mejora la percepción corporal.
Ejercicios como el Tai Chi, el yoga, el Qigong o ciertas formas de danza consciente no solo fortalecen el equilibrio, la flexibilidad o la coordinación; también cultivan la atención sostenida y la regulación emocional. Al centrar la experiencia en la sensación del movimiento —y no en la velocidad, la intensidad o el desempeño— se entrena la capacidad de habitar el presente sin violencia ni autoexigencia.
En una cultura que premia la simultaneidad y la dispersión, estas prácticas constituyen actos de resistencia. Reparan la fragmentación atencional, devuelven coherencia al cuerpo y permiten experimentar, aunque sea por instantes, lo que Simone Weil llamaba una atención sin fatiga: una presencia lúcida, humilde y abierta ante la realidad.
SER EN EL PRESENTE: ESTAR EN COMUNIDAD
A lo largo de este texto se ha profundizado en la atención plena como una práctica existencial urgente ante las exigencias fragmentarias y deshumanizantes de la cultura del multitasking. Sin embargo, limitar la reflexión al plano individual sería insuficiente. La atención no solo es una facultad interior: es también un acto relacional.
Las dinámicas contemporáneas tienden al aislamiento. La lógica del rendimiento fomenta la competencia constante —todos contra todos— y erosiona silenciosamente los tejidos sociales. La fragmentación de la atención no solo afecta nuestra productividad o bienestar emocional; también deteriora nuestra capacidad de encuentro. Cuando nadie está verdaderamente presente, nadie es verdaderamente visto.
Por ello, las prácticas mencionadas —artísticas, manuales, somáticas o contemplativas— adquieren una dimensión más profunda cuando se realizan en comunidad. La atención compartida no solo fortalece el bienestar individual, sino que reconstruye vínculos. Practicar yoga, teatro, lectura, danza o tejido en grupo no es únicamente una actividad recreativa: es una forma de reaprender a estar juntos sin competir, sin medir, sin rendir.
La atención plena en comunidad implica algo más radical: estar no solo en el propio presente, sino disponerse al presente del otro. Simone Weil afirmaba que la atención es la forma más pura de generosidad. Contemplar verdaderamente al otro —escucharlo sin preparar la respuesta, mirarlo sin reducirlo a función o utilidad— es un acto ético.
La observación atenta y la escucha activa transforman incluso los encuentros más cotidianos: una conversación familiar, una comida compartida, una reunión de trabajo pueden convertirse en espacios de presencia real. Lo ordinario se vuelve significativo cuando es habitado sin distracción.
Estar en comunidad desde la atención plena no significa disolver la individualidad, sino enriquecerla. Implica reconocernos como seres interdependientes, capaces de sostenernos mutuamente en la experiencia del presente. En una cultura que fragmenta y acelera, reunificar la atención es ya un acto de resistencia; hacerlo juntos es un acto de reconstrucción.
Volver a estar —con uno mismo y con los otros— quizá sea el gesto más revolucionario de nuestro tiempo.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Aikido Córdoba. Simone Weil: Reflexiones sobre el buen uso de los estudios escolares como medio de cultivar el amor a Dios.
aikidocordoba.com/wp-content/uploads/2022/07/Simone-Weil_Reflexiones-sobre-el-buen-uso-de-los-estudios-escolares-como-medio-de-cultivar-el-amor-a-Dios.pdf.
Consultado el 9 de febrero de 2026.
Cleveland Clinic. “Somatic Workouts: Exercises, Stretches & Movement.”
Health Cleveland Clinic, health.clevelandclinic.org/somatic-workouts-exercises-stretches-movement.
Consultado el 9 de febrero de 2026.
Diagnóstico Rojas. “Ejercicios somáticos.”
Diagnóstico Rojas, www.diagnosticorojas.com.ar/blog/salud/ejercicios-somaticos/.
Consultado el 9 de febrero de 2026.
Infobae. “El multitasking o la incapacidad de hacer solo una cosa a la vez: hemos interiorizado la presión de producir y aprovechar cada minuto.”
8 feb. 2026, www.infobae.com/espana/2026/02/08/el-multitasking-o-la-incapacidad-de-hacer-solo-una-cosa-a-la-vez-hemos-interiorizado-la-presion-de-producir-y-aprovechar-cada-minuto/.
Consultado el 11 de febrero de 2026.
ParticipACTION. “Somatic Exercises to Sneak In.”
ParticipACTION, www.participaction.com/blog/workout/somatic-exercises-to-sneak-in/.
Consultado el 9 de febrero de 2026.
