Al llegar a este tramo de la conversación (parte 3), se siente claro que Juárez no es solo un lugar de origen: es una condición. La frontera marca el ritmo de lo que se puede —y de lo que cuesta— sostener en el mundo del cómic. Antes de que el nombre se convierta en sello, Oliver cuenta cómo se aprende a pertenecer sin depender del centro.
“La isla fronteriza”

Jazmín: Algo que me parece interesante de 656 Cómics dentro del cómic mexicano es que, desde la identidad fronteriza, no surgen a partir de las influencias del propio cómic nacional, sino en paralelo. Lo digo por el centralismo que también se vive en la creación artística del país. En su caso, ustedes ya estaban haciendo cómics en la frontera —junto con colectivos como Changolión o Quimera, en Chihuahua—. ¿Cómo ha sido, con esa historia tan particular, encontrarse con “la escena” del cómic mexicano?
Oliver: No siempre me considero parte de la escena del cómic mexicano porque estamos muy lejos de todo. Incluso, en algún momento, Luis Gantús nos dijo: “Ustedes viven como en una isla a la que no llega nada de lo que ocurre en otras partes, y lo suyo nunca llega acá”. Otros colegas nos dicen que vayamos a otros festivales o eventos en el país, pero para nosotros no siempre es costeable porque nada nos queda a la mano.
Aun así, al principio no teníamos la mentalidad de hacer negocio porque desconocíamos muchas cosas, y lo que nos interesaba era eso: conocer más.
MetroCom, en Tampico, fue una de nuestras primeras convenciones. Ahí conocimos a los de Caligrama, a Sandoval, Edgar Clément, Gantús, Bachan, entre otros. Estaban todos los que hacían cómic mexicano, y nosotros llegamos con doble mesa a exhibir nuestro trabajo. Cuando los demás nos preguntaban de dónde éramos, se sorprendían de que lleváramos tanta obra.
Fue una gran experiencia porque llegamos nerviosos e incluso con algunos complejos sobre el valor de nuestra obra, pero nos fue muy bien; vendimos bastante, aunque todavía no aprendíamos a ponerle un precio costeable a nuestro material. Fue en esa etapa cuando descubrimos las imprentas digitales para imprimir bajo demanda, y eso nos ayudó muchísimo para poder asistir a los eventos.
Ese trabajo en el periódico nos puso en el mapa entre la gente del medio del cómic en México, y eso que era una obra muy gráfica y sangrienta. No usamos seudónimos; en la portada decía 656 Cómics.—Oliver Lee Arce
NSFW y mapa: Clave 73 / Las chicas clave

Oliver: También, en ese entonces, estuvimos trabajando en El Mexicano, un periódico de Ciudad Juárez. Nos encargamos de “Las chicas clave”, que eran cómics para adultos —Not Safe For Work, diría yo—. La revista se llamaba Clave 73 y era competencia del PM de El Diario; era nota roja.
Estuvo muy interesante porque el periódico había contratado a un caricaturista para hacer un cómic llamado “La Nacha Treviño” o “Trevizo”, pero El Diario le ofreció más dinero y se lo llevó. El editor de la revista era amigo de mi hermano Pancho, y como El Mexicano estaba a una cuadra de nuestro estudio, nos contó lo que había pasado con el caricaturista y, tal cual, dijo: “Ahora quiero que ustedes hagan algo”.
Nos gustó mucho eso de entrar en ese pleito o “batalla” entre comiqueros. Así que una noche nos reunimos Marcos Porras, Pancho, Darío Rodríguez y yo; con unas cervezas en la mesa, nos pusimos a sacar las historias, mezclando lo sexy con lo oscuro. Se nos ocurrió hacer algo como “Los Ángeles de Charlie”, pero malas. Los guiones los hicimos esa misma noche, y después Darío se encargó de dibujarlos emulando el estilo de los sensacionales.
Fue un éxito y la gente lo reconocía bastante. Se nos acercaban para decirnos lo mucho que les gustaba. Ese trabajo en el periódico nos puso en el mapa entre la gente del medio del cómic en México, y eso que era una obra muy gráfica y sangrienta. No usamos seudónimos; en la portada decía 656 Cómics.
Jazmín: Qué interesante. Entonces, en el colectivo siempre estuvieron Pancho y tú; eventualmente también se sumaron otros artistas o guionistas como Poncho, Marco, luego Darío y varios más. Algunos del equipo no estuvieron de manera fija, sino como colaboradores, pero veo que otros artistas —como el mismo Darío, Rex o Javier Gutiérrez— han permanecido de forma más prolongada. ¿Es así?
Oliver: Cuando formamos el colectivo 656 Cómics, hicimos un anuncio y lo pusimos en el local de Mundo Vid, en la Plaza de las Américas: “Buscamos creadores: ¿entintas, escribes, dibujas, coloreas? Contáctanos”.
Esto lo hicimos al día siguiente de que se deshizo el colectivo Psicótica, porque no nos íbamos a quedar atrás; había que seguir adelante. Ahí conocimos a Javier Valencia. Él creó el lore de Infestación: los personajes, así como la causa científica de cómo la picadura de garrapata generaba la infección del zombi. A partir de ahí también nació la mitología y, gracias a su trabajo, nos nominaron en Angoulême, Francia, con ese mismo libro y tomo.
Javier tenía la convicción de salir fuera de México y Estados Unidos, y apuntar hacia Europa.
El cómic ha sabido encontrar su lugar en los distintos medios de entretenimiento, culturales o editoriales.—Oliver
Angoulême y después
Jazmín: ¿Y cómo fue para ti la experiencia de haber sido nominados en el Festival Internacional de la Historieta de Angulema?
Oliver: Muy chingón, aunque solo Javier fue al festival; yo ni tenía dinero para ir en ese entonces. Él es doctor y creo que hizo su residencia en España o algo así. Acomodó todo para poder ir a Angoulême el fin de semana del festival y, debo decir, jugó muy bien sus cartas. Al final, el cómic participó en la selección oficial de cómic alternativo. Javier estaba muy clavado con Infestación y con que 656 Cómics sobresaliera en el medio nacional e internacional.
Infestación fue importante para posicionarnos en el mapa, incluso entre varias universidades y medios que hicieron reportajes sobre el libro. Uno de ellos fue The Comics Journal, que es una de las revistas más importantes en análisis y reportajes de cómic. Ellos reseñan obras de Daniel Clowes o de los hermanos Hernández, y, por lo mismo, que hablaran de nuestro trabajo fue algo muy importante.
Después de eso empezamos a buscar agentes literarios para distribuir y mover más el cómic, pero nada salió porque no podían catalogar la obra o darle un género claro. Nos decían: “Está muy chingón, pero no sé cómo venderlo”. Es curioso que ahora hay muchas historias de este estilo.
También hubo interés de editoriales europeas como Astiberri y algunas otras, pero pasa lo de siempre: termina el festival, uno regresa a la realidad en Juárez, pasa la vida y hay quienes ya no pueden enfocarse en esto o tienen que atender otras responsabilidades. En el caso de Javier, como es médico, su profesión le demandó mucho.
Creo que ahora es un poco más fácil entrar a esos eventos o conseguir un agente literario porque el cómic se volvió más redituable gracias a la industria del cine. La cultura del cómic es más aceptada.

El cómic ha sabido encontrar su lugar en los distintos medios de entretenimiento, culturales o editoriales. Hablo de Estados Unidos, porque en Europa el cómic es arte y en Japón ni se diga. En Estados Unidos más personas buscan publicar cómics; antes era algo más de nicho o más elitista.
Jazmín: Es interesante escucharte y sobre todo saber que ustedes comenzaron a publicar este tipo de historias cuando nadie más lo hacía.
Oliver: Eso lo platicaba con mi hermano menor, Dominique, porque a veces tiene la sensación de que las cosas no están resultando. Yo le digo: “Pues sí… es que nos adelantamos cinco años, un montón de tiempo”. Estar muy conectados con esa dimensión creativa a veces hace que te adelantes a tu tiempo. Infestación salió en 2010; tal vez si hubiera salido dos años después, otra cosa hubiera sido, quién sabe. Pero luego salió Cronoerrante y eso nos terminó de posicionar, sobre todo en México.
La trilogía de Infestación se publicó con recursos propios, con el ahorro de cada quien, pero con Cronoerrante tuvimos el apoyo del FONCA. Ese libro lo presentamos en una convención en San Francisco y fue un hit. Todo el tiraje que llevamos para el evento se vendió.
Hay que animarse también a hablar de lo propio. En Juárez se trata de hablar de nuestra ciudad, nuestra colonia, la escuela… de lo que pasa aquí.— Oliver
El presente: SNCA, ritmo y hablar de la ciudad
Jazmín: Me gusta ese trabajo colaborativo que distingue a 656 Cómics. Pero ahora, con el Sistema Nacional de Creadores de Arte, estás firmando un proyecto en solitario. ¿Es la primera vez que desarrollas una novela gráfica completamente solo? ¿Cómo va la experiencia?
Oliver: He tenido algo de experiencia en ese sentido. Dominique me ayudó con Dead Party, aportando algunas ideas, pero yo lo escribí y desarrollé. Sin embargo, este proyecto del SNCA sí lo estoy llevando totalmente solo: desde los bocetos, la planeación, la trama, el guion, la investigación… andar corriendo de arriba para abajo en la hemeroteca o con Freeman Medina.
Como te comentaba, el proceso está muy interesante; es casi terapéutico para mí, encuentro paz. El proyecto va a salir con más páginas de las que me comprometí, porque he encontrado muchas más cosas para enriquecer la historia. Imagino que serán unas 250, y yo inicialmente me comprometí con 180.

Le dije a Freeman que, si tuviera la oportunidad, este libro saldría de mil páginas, porque hay muchísimo hacia dónde extenderse. Cada vez que me habla me cuenta algo más interesante y yo simplemente tengo que ponerme límites, porque no puedo incluir todo, por más que quiera.
Jazmín: Encuentro similitudes entre tu proyecto y el camino de 656 visto desde el cómic nacional. Pienso en cómo ciertas manifestaciones culturales han surgido en Ciudad Juárez y luego se han propagado. Me doy cuenta de que taggers y breakers comenzaron en México desde esta frontera en específico y también ustedes abrieron camino con un género peculiar: el border horror. ¿Qué piensas?
Oliver: Pues sí, somos chingones aquí en Juárez. La gente de Juárez habla de la ciudad y crea a partir de Juárez. Artistas de otros lugares crean historias fuera de sus zonas; prefieren contar cosas que no conocen. Hay que animarse también a hablar de lo propio. En Juárez se trata de hablar de nuestra ciudad, nuestra colonia, la escuela… de lo que pasa aquí.
Me encantaría que más personas en Juárez hicieran cómics por lo mismo, pero es difícil por lo económico. Si tienes trayectoria, te pueden becar, pero si no, está cabrón. Hay gente que romantiza hacer cómics, como si solo se tratara de sentarse, tomar café y dibujar, pero no es así.
Jazmín: Además de Freeman: Arte Clandestino, ¿qué más viene en tu trabajo?
Oliver: Tuve que parar todo lo demás porque quiero concentrarme por completo en esto. A principios de año sí acepté colorear otros proyectos y surgió una comunidad de comiqueros en Instagram y en YouTube que empezó a hacer dinámicas para practicar y pulir el dibujo. Me uní a esa comunidad e hice algunas colaboraciones, pero me saturé mucho con proyectos que requerían bastante tiempo. Esos trabajos se están publicando poco a poco.
Ahorita trato de mantenerme en ritmo: una semana escribo y la otra hago bocetos. Así me la voy a llevar este primer año de la beca. Sin embargo, sé que es bien importante mantenerse activo en proyectos; lo noté este año que fui juez para la edición del Sistema Nacional de Creadores de Arte y para la colección Tierra Adentro. Es muy necesario no dejar de publicar obra: debes cuidar que tu nombre esté en todos lados. Y así lo asumo ahora. Por eso, este año he hecho unos quince proyectos por fuera. El siguiente año ya veré qué más agarro.
Si estás decidido y lo vas a hacer, entonces el consejo es: publícalo.— Oliver
“Hecho, aunque no perfecto”

Jazmín: Si un adolescente —como tú cuando empezaste en el periódico— quisiera hacer cómics, ¿qué le dirías?
Oliver: Le diría que esto requiere mucho tiempo, dedicación, pasión y disciplina. El cómic no es fácil, pero si tienes esa dosis de locura, adelante. Hasta cierto punto hay que ser obsesivo con el cómic y con la creación: pensar en cómo diseñar una página, cuántas viñetas usar o de qué manera estructurarlas.
Si estás decidido y lo vas a hacer, entonces el consejo es: publícalo. Súbelo a internet o saca copias, imprímelo como puedas, porque así vas a aprender muchísimo sobre los cómics. Ve a los eventos y convive con gente a la que le apasiona lo mismo que a ti. No esperes a que todo esté perfecto: sácalo para que aprendas.
Muchos profesionales así le hacen: done, but not perfect, porque nunca va a ser perfecto. Ya está hecho y lo puedes soltar. Que la gente lo vea y lo compartas; a veces las críticas serán duras y otras serán buenas. Toma lo que puedas aprender y sigue a partir de ahí.
El cómic es trabajo. Una vez, un chavo en una convención preguntó: “¿Qué es el cómic?” y yo le contesté: “Puro dolor”, por la cantidad de trabajo que implica. Por eso se requiere tanta pasión y esa obsesión por dejar una huella con tu arte: contar historias, hacer cómics y ya, sin esperar a que alguien te publique. Además, nunca sabes quién te está viendo; por eso no debes dejar de crear obra. No esperes nada: solo hazlo.
Ahorita hay mucho apoyo para el cómic, y más en México. Eso no lo veo tanto en Estados Unidos. Aquí hay becas, casas de cultura, intercambios con instituciones, incentivos para publicar, etcétera. En Estados Unidos, el cómic se percibe más como un negocio; aquí, en México, se percibe como una expresión artística.
Jazmín: ¿Cómo ves la evolución del cómic mexicano hoy?
Oliver: Existe una gran diversidad de historias; ya no estamos encadenados a la idea del cómic gringo. Ahora hay mucho cómic de autor, mucho trabajo experimental. Antes incluso había un repele hacia el manga, y ahora hemos ido poco a poco adoptando técnicas de narración al estilo manga. Yo leo mucho manga actualmente para aprender cómo introducir personajes, cómo cerrar con la última viñeta.
Hay que enfocarse en cómo transmitir emociones y en cómo contar mejor la historia; eso es lo que intento hacer en mi proyecto actual.
Jazmín: Seguro lograrás algo muy interesante porque tienes una gran base, experiencia y bagaje. Muchas gracias, Oliver, por compartirnos todo esto.
Oliver: Muchas gracias a ti.
Apagamos cámaras mucho después de lo previsto. Queda la impresión de haber caminado una ciudad entera: murales, páginas, puentes. Oliver resume su práctica en una máxima: publicar para aprender. Afuera ya es de noche; adentro, el pizarrón creativo sigue lleno. “Freeman: Arte Clandestino” crecerá todavía más. Y Juárez, como siempre, volverá a hablar.
