Tarde de domingo. Pantallas encendidas. Acordamos una hora, pero a los diez minutos ya es claro que no alcanzará: las anécdotas llegan como viñetas enlazadas. Afuera, la luz baja; adentro, Oliver desdobla años de trabajo, los 656 Cómics, The Walking Dead y el proyecto “Freeman: Arte Clandestino”, de la disciplina cotidiana a la ciudad que nunca deja de infiltrarse en sus páginas.
Jazmín: Muchas gracias por aceptar esta entrevista.
Oliver: Gracias a ti.
“Una portada, tres hits”

Jazmín: Me gustaría comenzar compartiendo un poco de tu trayectoria. Eres cofundador del Colectivo 656 Cómics de Ciudad Juárez y, con él, has impulsado la narrativa gráfica en México durante más de 20 años. Tu trabajo se caracteriza por retratar la vida juarense con elementos de fantasía y de humor negro. En tu obra hay también una fuerte carga de crítica social. Has publicado más de 30 obras, algunas respaldadas por becas de instituciones internacionales, además de los sellos propios que manejas como autor independiente. Entre tus títulos se encuentran Cronoerrante, publicado con el apoyo del FONCA en 2012; Imán: el chico magnético, por el cual obtuviste el PECDA en 2013; y Viva la Vida: Los Sueños de Ciudad Juárez, publicado por las editoriales Astiberri, Sexto Piso y L’Association en 2011. Tu obra Infestación: La Mitología fue nominada en la 37ª edición del Festival de la BD d’Angoulême, en Francia, en 2010. También has colaborado como ilustrador y colorista en proyectos internacionales como The Walking Dead, editados por Image Comics. Tengo entendido que colaboraste en el número uno.
“Se trató de una obra exclusiva para una convención, estaba dibujada por O’Barr… y era The Walking Dead.” — Oliver Lee Arce

Oliver: Sí, fue una portada exclusiva que me invitó a colorear James O’Barr, el creador de El Cuervo (The Crow). Me dijo: “¡Eh! Tengo una portada, ¿la quieres pintar? ¿Cuánto me cobras? Bueno… ¡te pago más!”. Fue una dinámica muy interesante porque, en ese entonces, existía una revista llamada Wizard. Esta revista creció tanto que empezó a organizar convenciones casi en cada estado con un movimiento importante de cómics en Estados Unidos. En ese momento The Walking Dead estaba en todos lados… hasta tu abuela tenía algo de The Walking Dead.
La convención hizo un convenio con la editorial Image para que, en cada evento, se realizara una portada alternativa exclusiva del tomo uno. Entonces invitaron a James O’Barr para que hiciera una de esas portadas y él me contactó para colorearla. Fue un gran logro para mí porque, además de tratarse de una obra exclusiva para una convención, estaba dibujada por O’Barr… y era The Walking Dead. Fue como anotar tres hits de una sola vez, y lo hice muy emocionado.
Jazmín: ¿Y cómo supo O’Barr de tu trabajo?
Oliver: Eso fue muy interesante porque, en El Paso, Texas, hay muchos artistas de cómic que están agarrando vuelo, como Carlos de Anda —quien ha trabajado en WildStorm, en DC y otros más—, pero un amigo me recomendó con él cuando supo que estaba buscando a un colorista, porque no le gustaba el trabajo de la persona con la que ya estaba colaborando. Al rato me mandó un mensaje O’Barr y me dijo que había revisado mi trabajo y que le fascinaba cómo pinto y mi estilo.
Me contactó primero para un proyecto de El Cuervo y me mandó una página para hacer una prueba; en un día se la pinté. Me hizo algunas notas y luego me dijo: “Oye, ¿te animas a pintar 22 páginas en una semana?”. Le dije: “Sí, mándame el jale”, aunque por dentro pensaba: “¡Chin! ¿Una semana?”. Al final me dijo que no se iba a hacer porque era muy poco tiempo y el proceso editorial es complejo, pero me dio a entender que me buscaría después para otro proyecto.
Tiempo después me contactó para The Crow: Pestilence (Pestilencia). Lo curioso es que ese proyecto se situaba en Ciudad Juárez: se trataba de un boxeador mexicano a quien le matan a la familia, luego lo matan a él y después regresa a la vida para cobrar venganza. Ese fue el primer proyecto en el que colaboré con O’Barr.
La experiencia estuvo muy fregona; fue mi primera vez trabajando con una editorial estadounidense y aprendí muchas cosas: tienes que trabajar muy rápido y atender todas las notas y cambios por igual. Fue una experiencia muy interesante y educativa. Debo decir que lo único que no me gustó es que no hay mucha comunicación entre el equipo artístico, porque funciona más como una línea de producción. Me hubiera encantado tener una dinámica de diálogo para intercambiar ideas, pero, fuera de eso, fue una buena experiencia.
“Planear para crear (Megaman y Harvard)”
Jazmín: Se nota que conoces muy bien tu ritmo de trabajo. ¿Estas experiencias te ayudaron a medir límites y capacidades?
Oliver: Definitivamente, porque he conocido a artistas que se abruman mucho en los procesos o se paralizan en la parte de planeación… En mi caso, la parte de escribir o planear es algo que me gusta mucho; me divierte. Por ejemplo, este año, con el proyecto “Freeman: Arte Clandestino”, por el que estoy en el Sistema Nacional de Creadores de Arte, ha sido una etapa de pura planeación: sesiones de plática con el autor de la obra original, visitas a la hemeroteca y a las colonias para documentarme, compra de libros de graffiti y cómics para definir los estilos de arte, etcétera. Tengo un pizarrón con todos los elementos que quiero incluir en la obra y ahí voy definiendo cómo conectar esos detalles…
Jazmín: Percibo que tienes un pensamiento muy creativo y estructurado a la vez. Es una dualidad interesante en tu caso.
Oliver: Creo que si nada más te sientas a dibujar y a ver qué sale, puede pasar que te equivoques o que algo no salga bien. Pero bueno, cada quien tiene su método… Hay artistas que prefieren saltarse páginas para dibujar, y a mí me gusta ir en orden: hacer la trama (el plot), luego el guion, después los bocetos, y así me voy. Hago mi propia línea de producción.
Algunos amigos me dicen que prefieren sentarse a dibujar y a concentrarse solo en la parte creativa porque llegan cansados del trabajo y de la rutina, y lo que menos quieren es abrumarse más con la planeación; lo que necesitan, en ese momento, es romper su monotonía. En mi caso, yo también rompo esa monotonía escribiendo y diseñando mis procesos.
“Mega Man era de mis juegos favoritos desde chico y no quería quedarme fuera del libro… tenía que participar.”— Oliver

Jazmín: En 2011 participaste en el Tributo a Megaman. ¿Cómo ocurrió?
Oliver: Fue por pura chiripada, porque Gustavo Cosío (artista de storyboard) hizo unas calcomanías de Mega Man y yo tenía los originales. Entonces le dije: “Vamos a meter este material para la convocatoria… a ver qué pasa”. Hice una composición interesante con los monos, los dibujos y el fondo, y lo mandé.
Estuvo padre porque Mega Man era de mis juegos favoritos desde chico y no quería quedarme fuera del libro… tenía que participar.
Jazmín: También colaboraste en Heavy Metal (2009) y, en 2010, 656 Cómics recibió La Cátedra de Cultura de México (CONACULTA–Universidad de Harvard). ¿Fue por divulgación de cultura o por los temas de sus obras?
Oliver: Fue por ambas cosas. Recuerdo que, en la plática que dimos en la universidad, hablamos de distintos aspectos: del colectivo, de nuestras obras, de los temas que abordamos y de los talleres de arte que impartimos. Ese momento ocurrió en el punto más álgido de la guerra contra el narco… Estuvimos una semana fuera de Ciudad Juárez realizando algunas actividades en el marco de este distintivo.
Lamentablemente, esta iniciativa no tuvo continuidad en futuras ediciones. Aun así, fue una experiencia muy chida para nosotros y me sirvió para reforzar la idea de que, por más reconocimientos que uno reciba, no puede dejar de buscar oportunidades o crear proyectos. Como colectivo, no nos permitimos pensar en su momento: “Ya recibimos reconocimiento de Harvard, a ver qué más llega a partir de esto”, porque, como artista, siempre hay que estar creando y buscando nuevos proyectos y oportunidades.
Sin embargo, claro que nos ha servido como respaldo en nuestra trayectoria… La gente cree más en ti cuando ve que tienes un reconocimiento de esa universidad. Hay quien piensa: “Confío en tu trabajo porque, por algo, la universidad te dio ese distintivo”.
“Freeman: identidad y memoria de barrio”

Jazmín: En 2024 fuiste seleccionado por el SNCA con el proyecto “Freeman: Arte Clandestino”. ¿Crees que ese historial de trabajo influyó? ¿De qué va el proyecto?
Oliver: Considero que influyó, pero también supongo que tuvo que ver con lo original de la obra. Este proyecto es interesante porque aborda la identidad de Ciudad Juárez desde una perspectiva distinta. Está basado en una obra de prosa escrita por el artista Freeman Medina, y es una historia que él nos ha contado, a mí y al colectivo, desde hace algunos años. A Freeman lo empecé a conocer mejor hace unos tres años; nos platicaba sus vivencias y, desde siempre, me dio la impresión de que cada anécdota daba para hacer un cómic completo.
Se lo llegué a decir: “Todo lo que te pasa lo puedo ver en un cómic o en una película”. Incluso llegamos a hacer una línea de tiempo con todo lo que él ha vivido, y tenía la sensación de que eran historias que en México no se habían contado. Esta novela gráfica trata sobre las anécdotas de los taggers y breakers en los años 90, a partir de las vivencias de Freeman.
Cuando me decidí a aplicar para la beca, pensé en este proyecto porque, además, mi postulación había sido rechazada en varias ediciones anteriores, y estoy muy contento de ahora poder trabajar en una historia tan original y con el apoyo del SNCA. Incluso puedo decir que, en todo este proceso de investigación, cada vez conozco más y más anécdotas y vivencias de Freeman que me gustaría incluir.
Por ejemplo, en la novela original hay una balacera en la que matan a una niña porque se cruzó entre los balazos, pero no se profundiza mucho en ello. Freeman me explicó a detalle cómo fue ese terrible suceso, y me pareció muy valioso incluirlo en el libro. Claro, para él algunas de estas historias han sido dolorosas.
Jazmín: ¿De qué trata la historia original?
Oliver: Esta historia está basada en una novela en prosa del autor Freeman Medina, que a su vez retoma algunos aspectos de su vida, ya que él ha sido un artista del graffiti y de toda la cultura del hip hop en Ciudad Juárez. De eso trata la obra original.
Sin embargo, en el proyecto de la novela gráfica me he permitido trabajar más en los arcos y en la profundización de los personajes. Me he enfocado en desarrollar a Gerardo (así se llama el personaje principal): quién es al iniciar la obra y cómo el graffiti va invadiendo su entorno, su barrio… cómo vive la escuela y a sus compañeros. Después, la historia muestra cómo deja de ser simplemente Gerardo para convertirse en “Aster”, su pseudónimo grafitero. Y más adelante nos volvemos testigos del mundo del grafiti en Ciudad Juárez: los pleitos, las riñas y los problemas con el gobierno o con la policía.
Luego veremos cómo pasa de ser Aster a convertirse en “Freeman”, su etapa en el break dance. Son tres etapas las que recorreremos a lo largo de la obra, mientras conocemos a los diferentes crews y taggers de los barrios y colonias.
Tengo la fortuna de adaptar una obra en un proceso en el que puedo tener contacto directo y cercano con el autor original, de tal manera que escucho estas anécdotas de primera mano. Siempre aprovecho para preguntarle, después de cada relato: “Oye, ¿tú cómo te sentiste? ¿Qué pensabas?”. Esto me ha dado material para jugar más —y mejor— con las emociones de los distintos personajes.
“Me interesa mostrar este lado humano de ser artista.”— Oliver

Jazmín: ¿Hay relatos nuevos respecto al texto original?
Oliver: Hay relatos que estarán en la novela gráfica que no aparecen en la obra original. Por ejemplo, ciertas personas del ámbito del graffiti tenían más recursos que él. Freeman viene de un barrio pobre —la colonia Revolución Mexicana, una colonia periférica y alejada de todo—. Como iba a una escuela pública, pero en la que también estudiaban “riquillos” y personas de El Paso, veía que a otros grafiteros de esa misma escuela les compraban pantalones de 150 dólares, mientras que él prefería ahorrarse el pasaje del camión: caminaba doce cuadras para llegar a la escuela y, con lo que se ahorraba, tarde o temprano juntaba para comprar una lata de pintura. Esto, por ejemplo, no viene en el libro original y me parece que da un contexto muy valioso.
Un dato curioso es que él me mandó una foto de un grupito de amigos de la escuela con el uniforme deportivo y me dijo: “¿Notas algo raro en la foto?”. Le contesté que no, y me respondió: “Chécate la camiseta de mi uniforme y la de mi compañero de al lado… ¿No notas los colores diferentes? La de mi compa es de procedencia high class y la mía era de la tienda de la esquina”. Me sorprendió descubrir que había estatus hasta en el uniforme escolar, y es algo que quiero reflejar en la novela: cómo él batallaba económicamente incluso para ser grafitero, mientras que a los demás simplemente se les daba todo.
También ha sido interesante descubrir cómo la ropa, en el ambiente tagger, forma parte del “paquete completo”. Freeman le llama justo así: “el paquete completo”, es decir: vestirse chingón, pintar chingón y bailar chingón. Sin embargo, vestirse chingón fue difícil para él porque no tenía lana. Pero encontró la manera de hacerse de sus latas: la ruta del camión costaba 3 pesos, cada día tenía que tomar dos rutas, así que se ahorraba 6 pesos diarios y la lata costaba 20.
“Todos los personajes son importantes, aunque aparezcan solo en encuentros muy breves. Porque así es la vida.”— Oliver

Jazmín: ¿Qué te interesa subrayar con “Freeman: Arte Clandestino”?
Oliver: Me interesa mostrar este lado humano de ser artista, y creo que muchos pueden identificarse con eso: no tener ni un peso en la bolsa y aun así buscar cómo comprar lápices o papel para dibujar… Eso es algo que yo también he vivido.
Es interesante cómo Gerardo, Aster o Freeman va construyendo una identidad en un contexto donde, en el barrio, lo más común eran las pandillas y terminar uniéndose a una en algún momento. Pero a él le motivaba salir de ahí y hacer algo distinto. Gracias a sus amigos le llegó la influencia de cómo vestir o cómo pintar… y eso empezó a abrirle los ojos, como si el universo le pusiera a esas personas en el camino para mostrarle algo diferente, algo que contrastaba totalmente con su entorno.
Eso es precisamente lo que quiero reflejar en el cómic: todos los personajes son importantes, aunque aparezcan solo en encuentros muy breves. Porque así es la vida.
Regresamos a las memorias de Oliver: notas, nombres y sentimientos. No hay prisa: hay método. La hora pactada quedó atrás sin darnos cuenta. Mañana volveremos —a la infancia, a las primeras tiras, a la sala de redacción— para seguir contando Juárez.
