Categoría: Cinetips

Por: Israel Durán Pizarro / Fecha: febrero 18, 2026

El estreno de The Flash (2023) estaba llamado a redefinir el rumbo del universo cinematográfico de DC. pero terminado siendo un desastre tras re escritura y re escritura haciendo que se pierda el cgi

El estreno de The Flash (2023) prometía ser uno de los eventos cinematográficos más importantes de DC Studios. Con la introducción oficial del multiverso, el regreso de Michael Keaton como Batman y una narrativa centrada en viajes en el tiempo, la expectativa era alta. Sin embargo, tras su llegada a salas, uno de los puntos más señalados por el público y la crítica fue la deficiente calidad del CGI, un problema que evidenció fallas estructurales dentro de la producción.

Lejos de tratarse de un simple error técnico, los problemas visuales de The Flash responden a años de retrasos, cambios creativos y una sobrecarga de efectos digitales que terminaron por afectar el resultado final.

La película pasó por múltiples reescrituras de guion y cambios de dirección desde su anuncio inicial. Cada modificación implicó rehacer escenas completas, lo que obligó a los estudios de efectos visuales a trabajar bajo presión constante. En la industria del cine, el CGI no solo requiere presupuesto, sino tiempo, un recurso que The Flash nunca tuvo de manera estable.

Gran parte del filme muestra a Barry Allen interactuando consigo mismo en distintas versiones temporales. Este recurso narrativo implicó:

  • Duplicación digital constante

  • Captura de movimiento compleja

  • Composición avanzada de escenas

El resultado fue irregular: movimientos poco naturales, expresiones faciales artificiales y una sensación visual que rompía la inmersión del espectador.

Uno de los aspectos más criticados fue la representación de la Speed Force, donde aparecen versiones digitales de personajes del pasado del universo DC. Estas figuras, lejos de generar nostalgia, fueron comparadas en redes sociales con modelos de videojuegos de generaciones pasadas.

El director Andy Muschietti declaró que se trataba de una “decisión artística”, al buscar una estética irreal. No obstante, para gran parte del público, el efecto fue percibido como CGI inacabado, más que como una propuesta estética clara.

El caso de The Flash también refleja un problema más amplio en Hollywood: la saturación de los estudios de efectos visuales. En los últimos años, tanto Marvel como DC han apostado por producciones con grandes cargas digitales, reduciendo el uso de efectos prácticos. Cuando los plazos no se ajustan a la complejidad técnica, el resultado suele ser evidente en pantalla.

El CGI de The Flash no solo afectó la estética de la película, sino también su credibilidad narrativa. La ambición por mostrar un multiverso completo chocó con una producción desorganizada, dejando como lección que el espectáculo visual no puede sustituir a una planeación sólida.

En un momento donde el cine de superhéroes enfrenta desgaste creativo, The Flash se convierte en un ejemplo de cómo los problemas detrás de cámaras pueden terminar siendo tan visibles como la historia que se intenta contar.