Categoría: Filosofía

Por: HUGO CESAR MARTINEZ BERGARA / Fecha: septiembre 15, 2025

430

El teísmo, un paso por delante.

Durante siglos ha sido tema de debate el origen de donde proviene todo lo existente, desde lo material hasta lo abstracto o inmaterial, y para ello se ha dejado caer mucho el peso entre la ambigüedad de la existencia de Dios, es decir, si existe o no. Es abismal el solo salir de noche y mirar la inmensidad de la galaxia con sus estrellas y solo somos una infinita parte muy pequeña de lo que es el universo.

Hay teorías científicas que han tratado este asunto en donde muy pocas se han podido sostener con el tiempo, sin embargo, existe la famosa teoría del Big Bang que grosso modo explica como el universo, es decir, el tiempo el espacio y toda la materia y la energía vienen a la existencia a través de una explosión hace millones y millones de años. Esta teoría fue propuesta por un sacerdote llamado Georges Lemaître en 1927 que quiso saber o llegar a conocer cómo podría el universo haber existido con la particularidad implícita de considerar a Dios en la ecuación.

Por supuesto, hay otras teorías donde no incluyen la existencia de un creador, como el hecho de que el pasado es infinito, que de que el universo llegó a la existencia a través de la nada, pero estas teorías científica y filosóficamente tienen problemas serios.

Consideremos la primera propuesta; donde “el universo simplemente está ahí y punto”, o de que “siempre ha existido”.  En este punto se presenta el problema de que es imposible que exista un número actual infinito de cosas, o de que es lógicamente inconcebible que exista un número infinito de eventos en el pasado porque se llegarían a contradicciones matemáticas. Teorías como el hotel de Hilbert o los ejercicios de dominó, creo que ejemplifican muy bien porque esta teoría no se sostiene ni matemática ni filosóficamente.

Ahora tomemos la teoría de que el universo vino a la existencia de la nada. Pensemos en esto, obvio, que todos sabemos que de la nada, nada viene. Afirmar esto es negar la propia ciencia. En palabras del filósofo William Lane Craig: “Creer que el universo se creó de la nada es más ridículo que creer en la magia, por lo menos, en la magia tienes al mago”.  Por lo cual es muy incómodo hacer una proposición de tal índole.

Todo esto apunta sencillamente a una causa primera que creó todas las cosas y en esto el teísmo monoteísta se posiciona con pasos por delante.