En el artículo anterior, se exploró el origen de la vida de un filósofo cuyo corazón bondadoso estaba relacionado con el bienestar ajeno. Desde una joven luchadora, se transformó en un adolescente que, a los 16 años, se sumergió en el estudio de las obras clásicas y el pensamiento filosófico. Años después, se dedicó a la filosofía, la literatura clásica y las ciencias, además de mantener una relación con Beauvoir. Aunque esta conexión no fue muy íntima ni duradera, en un texto autobiográfico, ella reveló que la gran hambruna que azotó China la conmovió profundamente, desgarrándola emocionalmente ante la simple noticia. Estas lágrimas la llevaron a apreciar aún más los dones de la filosofía, evidenciando su sensibilidad y nobleza, ya que era capaz de sentir el sufrimiento a su alrededor. En un encuentro con su compañera, ambas discutieron sobre la devastadora hambruna que enfrentaban. No se trató de un mero diálogo, sino de un intercambio verbal lleno de confrontación, donde sus palabras actuaron como espadas, culminando en un duelo hasta que su compañera, con un tono incisivo, expresó algo que la impactó: soñaba con una Revolución que pudiera alimentar a todos. Su declaración, marcada por la fuerza de su convicción, penetró en su corazón, cambiando su forma de pensar para siempre. Con ira, ella respondió que era evidente que su interlocutora nunca había experimentado el hambre, y ese fue el momento que transformó irrevocablemente su relación.
A los 22 años, culminó sus estudios en la educación secundaria y comenzó a laborar como docente de filosofía en diversas instituciones femeninas. Su pensamiento crítico y sus posturas políticas le generaron conflictos con la administración en múltiples ocasiones, además de sus métodos pedagógicos. La joven se involucraba en manifestaciones y se oponía a recibir más alimentos de los que el gobierno asignaba a las familias necesitadas. Participaba activamente en la prensa de izquierda. Durante uno de sus viajes a Alemania, fue testigo de una realidad escalofriante: las banderas nazis ondeaban por doquier. En esos escritos, se opuso firmemente al ascenso del partido nazi, advirtiendo sobre las consecuencias ineludibles de su llegada al poder. En lugar de aceptar un nuevo modelo educativo que le proponían, decidió rechazarlo. Su activismo la llevó a sentirse fuera de lugar, lo que la llevó a trazar su propio camino y a comprometerse políticamente. Contribuyó a la educación de los trabajadores brindando charlas en clases sindicales y ayudó a aquellos que escapaban del régimen nazi y de líderes como Hitler y Stalin. En una ocasión, resguardó a una familia que se encontraba en peligro en el hogar familiar en la calle Augúste. Durante ese tiempo, discutía con otros intelectuales sobre cómo prepararse para un cambio radical y la importancia de valorar la vida humana en un contexto tiránico.
A los 25 años, decidió poner fin a su carrera docente, deseando acercarse a la realidad de los trabajadores de la clase obrera. Se dispuso a entender el impacto psicológico del trabajo industrial. Así, abandonó su vida cómoda en París y se preparó para vivir lo que aquellos hombres y mujeres afrontaban diariamente. Renunció a sus zapatos elegantes y se calzó las botas de trabajo. Comenzó en una fábrica central, donde cortaba piezas, y posteriormente fue trasladada a otra línea de ensamblaje. Allí, sintió la brutalidad del trabajo, como los romanos marcaban a sus esclavos más despreciados. Su crítica hacia un estado de complacencia que afectaba a sus compañeros fue intensa, y experimentó una conexión profunda con el sentido espiritual, confirmando su compromiso hacia una causa mayor.
La religión no se limita a un edificio, sino que constituye un refugio para los que sufren. Con el tiempo, Weil fue despedida debido a dos razones: su torpeza y la fragilidad física que la acompañaba. Después de haber pasado por aquel exigente experimento, experimentó un renacer, el cual reflejó en lo que escribió. Su mejor amiga mencionó que, al utilizar la máquina, uno se ve obligado a sacrificar su esencia. Ocho horas al día, se anulan los pensamientos y emociones, hasta convertir al individuo en un recipiente vacío y amargado. Al dejar la fábrica y regresar a París, se topó con una de las noticias más devastadoras que podría haber recibido: el comienzo de la guerra civil española. ´
Ella intentó involucrarse en el conflicto al viajar a Barcelona, y al igual que muchos escritores europeos, su postura era pacifista y radical, impulsada por su fuerte pasión y búsqueda de justicia. Arribó a España como periodista voluntaria, aunque pronto fue testigo de la brutalidad humana: la inmoralidad, el egoísmo, el fanatismo, y la crueldad. Sin embargo, también presenció lo más noble en las personas: amor, espíritu de hermandad y, sobre todo, honor y valentía. No fue hasta que, similar a lo que ocurrió con un colega, Orwell, su percepción de la lucha cambió drásticamente. Se vio obligada a empuñar un fusil, alineándose con el bando que consideraba el correcto. Mientras observaba la muerte de hombres entre los bandos rivales, algo horrible la hizo recordar sus principios originales. Sintió repulsión, desagrado y desaprobación por la sangre que no debió haberse derramado. Tras un incidente en el frente de Aragón, regresó a Francia con la intención de volver a España, pero finalmente reconsideró y le comentó a su compañero Georges que había dejado de sentir la necesidad interior de participar en una guerra, una lucha que había evolucionado; ya no era solo una contienda entre campesinos hambrientos y terratenientes aliados con un clero cómplice, sino una guerra más devastadora y compleja, involucrando a Rusia, Alemania e Italia.
Durante sus 45 días en el conflicto, recopiló 34 páginas en su diario de España, donde anotó sus impresiones sobre la guerra y frases en español. Además, reflejó cómo los voluntarios partieron con una ilusión de sacrificio menor, pero pronto se vieron inmersos en una guerra que parecía de mercenarios. Habló sobre la brutalidad y la falta de respeto por la vida del enemigo, donde el honor y el valor se diluían en la necesidad de matar para sobrevivir. Tras experimentar la guerra en España, escribió sobre el impacto que esta tenía en el alma de las personas y decidió abandonar su camino de activista para buscar otra ruta: la búsqueda de la verdad. Viajó a Italia, donde pudo apreciar la belleza de paisajes como el Lago de Como. A pesar de su profunda conexión con Dios, se negó a unirse a la iglesia cristiana; temía que eso significara perder su individualidad en favor de la multitud. Criada como judía, también rechazaba abiertamente el judaísmo, al igual que el cristianismo.
Volvió a laborar en actividades agrícolas y huyó a Estados Unidos con sus padres, pero poco después regresó a la región francesa, obsesionada con lo que había presenciado en la guerra. Estaba dispuesta a servir a la patria que había sido ocupada por el régimen nazi y solicitó ser enviada en una misión, pero solo la aceptaron como redactora en los servicios de Francia Libre, donde escribía informes y revisaba textos. En 1943, cansada de esta organización, decidió retirarse.
Durante sus últimos años de vida, la filosofía de esta mujer se sumergió en la espiritualidad del cristianismo y mostró un interés notable por la filosofía de la no violencia promovida por Gandhi. En 1943, recibió la devastadora noticia de que padecía tuberculosis y fue ingresada en un sanatorio. A pesar de su enfermedad, tomó la decisión de renunciar a cualquier alimento que pudiera entorpecer su conexión con lo sagrado. De manera similar a cuando tenía apenas cinco años, optó por preocuparse más por los demás que por su propia salud e insistió en dormir en el suelo, buscando formas de empatizar con su pueblo. El 24 de agosto de 1943, su vida llegó a su fin a causa de un paro cardíaco mientras estaba dormida. Sus obras fueron editadas por amigos y se publicaron en un total de unos 20 volúmenes, los cuales cautivaron tanto a filósofos como a intelectuales debido a la autenticidad y brillantez de su ética. Su forma de expresar la verdad fue directa y sin adornos. Estas obras resultaron ser significativas, ya que su filosofía reveló una sensibilidad extraordinaria y un profundo análisis del entorno que aún resuena en el mundo contemporáneo. En resumen, esta mujer destacó como una de las mentes filosóficas más prominentes de su tiempo. A diferencia de muchos otros pensadores que optaron por la teoría, ella fue testigo de los horrores de la guerra. Con temor y enojo, observó tanto la oscuridad del corazón humano como la bondad intrínseca de las personas. A través de su vida y pensamientos, demostró que incluso en un mundo lleno de crueldad, existe la esperanza de un futuro mejor y que hay bondad en medio de la muerte y la oscuridad.
S., A. P. (2024b, August 22). Simone Weil, la pacifista que luchó en la Guerra Civil española contra Franco. Historia National Geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/simone-weil-filosofa-pacifista-que-lucho-guerra-civil-espanola_19057
