María es vista como uno de los símbolos más relevantes de la religión católica, dado que hay muchas versiones de su imagen. Se podría decir que desempeña una función materna en esta fe, ya que, al contemplar la Asunción de María al cielo, se muestra el papel de una mujer que encarna la feminidad, elevada por la gracia de su naturaleza esencial. La representación femenina ha sido un elemento clave que revela su aspecto más maternal y cariñoso, todo esto a través de una mediación maternal que se refleja en el lenguaje teológico habitual de la iglesia católica.
María actúa como un puente entre el reino espiritual y el mundo humano, sirviendo como el enlace a través del cual se manifiesta la humanidad y se conecta con Cristo, el único salvador. Participa de manera activa en el plan de salvación como madre. Además, el papel de María, como madre de Dios, es fundamental en el concepto de salvación; su rol es vital para el bienestar de toda la humanidad. Ella crea un vínculo entre lo sobrenatural y lo humano, y ha llevado a cabo transformaciones significativas para la humanidad a través de su influencia. Basilio, una figura importante en su época, afirma que su presencia en el mundo se debe a esta verdad.
La función de María en el plan divino es esencial para el valor de la vida cotidiana, ya que hombres y mujeres están llamados a vivir su vocación desde una perspectiva laical. Las mujeres, en efecto, fomentan una mentalidad que surge de su proximidad a María, ocupando así un papel esencial en la vida moderna. Esto también brinda respuestas a las enseñanzas de San José María, y su enfoque resalta la importancia del trabajo en el hogar. María no solo actúa como un vínculo entre lo divino y lo cotidiano, sino que también juega un papel profético al dignificar las labores del hogar, recordándonos que este tipo de trabajo es esencial y refleja una actitud de servicio. Su influencia también promueve la cercanía con Dios, y en el marco de la Encarnación, simboliza la culminación de la feminidad. De esta manera, María representa la libertad humana, ya que su figura no solo ayuda a preservar la cultura humana, sino que también demuestra la confianza que Dios tuvo en una mujer al otorgarle responsabilidades que nunca habrían sido encomendadas a un hombre.
En resumen, María se erige como una figura clave dentro de la fe católica, ya que su papel trasciende lo meramente funcional. Ella sirve como un nexo, mostrando cómo se entrelazan las experiencias individuales con el plan divino, creando una narrativa tanto personal como comunitaria. Además, María encarna el papel de la mujer, asumiendo responsabilidades que son cruciales. San José enfatiza que la redención se realiza a través de acciones cotidianas, como las que llevó a cabo María. A través de ella, se puede establecer una conexión directa con lo celestial, demostrando que mediante actos simples, María ejemplificó la humildad, el amor y la obediencia. Esto se resalta claramente en su papel dentro de la economía divina, donde unifica lo divino con lo terrenal.
Cardona, S. (2025, November 8). María como Corredentora. El Don Espiritual Del Liderazgo Católico. https://eldondelliderazgocristiano.org/2025/11/08/maria-como-corredentora/
La mujer en la economía divina: de los Padres de la Iglesia a San Josemaría. (2026). Romana.org; Romana. https://romana.org/es/39/estudio/la-mujer-en-la-economia-divina-de-los-padres-de-la/
