Categoría: Salud

Por: CESAR RAMIREZ MARQUEZ / Fecha: enero 26, 2026

El uso excesivo de pantallas en México reduce la calidad del sueño, retrasa el descanso y aumenta problemas como insomnio, somnolencia y fatiga en jóvenes y adultos.

En los últimos años, el uso de dispositivos con pantalla como teléfonos inteligentes, tabletas, computadoras y televisores se ha convertido en una práctica cotidiana a nivel mundial, y México no es la excepción. La conectividad en el país ha crecido de manera acelerada: de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH, 2023), más de 97 millones de personas utilizaron internet, lo que representó el 81.2% de la población de seis años o más. En el mismo periodo, 97.2 millones de habitantes hicieron uso de un teléfono celular, equivalente al 81.4% de la población en ese mismo rango de edad (INEGI, 2024). Esta digitalización ha transformado la vida social, laboral y educativa, pero también ha generado un efecto colateral cada vez más preocupante: el impacto en la calidad del sueño.

El sueño es un proceso fisiológico esencial para la recuperación física y mental. Sin embargo, la exposición prolongada a pantallas, sobre todo en horarios nocturnos, puede alterar el ciclo natural de descanso. La luz azul que emiten los dispositivos reduce la producción de melatonina, hormona que regula los ritmos circadianos, lo que provoca un retraso en la conciliación del sueño. A ello se suma la estimulación cognitiva que generan actividades como revisar redes sociales, jugar videojuegos o ver series, que mantienen al cerebro en estado de alerta e impiden alcanzar un estado de relajación adecuado.

La evidencia científica en México confirma este problema. Un estudio realizado en estudiantes de bachillerato de la Ciudad de México reveló que el 66% de los participantes presentaba un uso problemático de internet, el 68% un uso problemático del teléfono inteligente y hasta un 84% reportó mala calidad de sueño medida con el índice de Pittsburgh (Olivares-Guido et al., 2024).

En otra investigación sobre adolescentes mexicanos, publicada en Behavioral Sleep Medicine, se reportó que las dificultades más frecuentes eran insomnio o inquietud (28.7%), factores ambientales como ruido o temperatura (26.6%) y razones mentales o emocionales (18.5%). Aunque solo un 2.5% mencionó de manera explícita la tecnología, muchos adolescentes reconocieron que se quedaban en el celular o viendo videos antes de dormir, lo que retrasaba sus horas de descanso (Zamora et al., 2022).

La Secretaría de Salud también ha advertido que el uso excesivo de dispositivos móviles puede alterar los patrones de sueño debido a la reducción de melatonina y al incremento de cortisol, hormona vinculada al estrés, lo que genera insomnio y fatiga al día siguiente (Secretaría de Salud, 2023).

A nivel global, una revisión sistemática confirma que el uso problemático de internet y teléfonos inteligentes se asocia con una menor duración del sueño, peor calidad percibida y mayor probabilidad de insomnio y somnolencia diurna (Wacks y Weinstein, 2021). Estos hallazgos muestran que se trata de un problema internacional, aunque con expresiones particulares en cada país.

Las consecuencias de dormir mal van mucho más allá de la fatiga momentánea. A corto plazo, afectan la concentración, la memoria, el estado de ánimo y el rendimiento escolar o laboral. A largo plazo, aumentan el riesgo de padecer enfermedades como obesidad, diabetes tipo 2, depresión, ansiedad y problemas cardiovasculares (Mukherjee et al., 2024).

Para reducir estos riesgos, los especialistas recomiendan acciones prácticas: limitar el uso de pantallas al menos una hora antes de dormir, activar el modo nocturno en los dispositivos, evitar tener el celular en la habitación y fomentar actividades relajantes como leer en formato físico o meditar. En casos donde los problemas de sueño son persistentes, lo mejor es acudir con un especialista para descartar un trastorno más complejo.

El uso excesivo de pantallas representa un desafío para la salud pública en México. Reconocer su impacto en el sueño no significa rechazar la tecnología, sino aprender a regularla. Dormir bien es un requisito esencial para mantener la salud física y mental, y en la era digital, cuidar la relación con los dispositivos se ha convertido en una necesidad urgente.

Referencias

INEGI. (2024). Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2023. Instituto Nacional de Estadística y Geografía. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2024/ENDUTIH/ENDUTIH_23.pdf

Mukherjee, U., Sehar, U., Brownell, M., & Reddy, P. H. (2024). Mechanisms, consequences and role of interventions for sleep deprivation: Focus on mild cognitive impairment and Alzheimer’s disease in elderly. Ageing Research Reviews100, 102457. https://doi.org/10.1016/j.arr.2024.102457

Olivares-Guido, C. M., Tafoya, S. A., Aburto-Arciniega, M. B., Guerrero-López, B., & Diaz-Olavarrieta, C. (2024). Problematic use of smartphones and social media on sleep quality of high school students in Mexico City. International Journal of Environmental Research and Public Health21(9), 1177. https://doi.org/10.3390/ijerph21091177

Secretaría de Salud. (2023). El uso excesivo de dispositivos móviles provoca alteraciones del sueño, advierte especialista. Gobierno de México. https://www.gob.mx/salud/es/articulos/uso-excesivo-de-dispositivos-moviles-provoca-alteraciones-del-sueno-advierte-especialista

Wacks, Y., & Weinstein, A. M. (2021). Excessive smartphone use is associated with health problems in adolescents and young adults. Frontiers in psychiatry12, 669042. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2021.669042

Zamora, A. N., Arboleda-Merino, L., Tellez-Rojo, M. M., O’Brien, L. M., Torres-Olascoaga, L. A., Peterson, K. E., … & Jansen, E. C. (2022). Sleep difficulties among Mexican adolescents: subjective and objective assessments of sleep. Behavioral sleep medicine20(2), 269-289. https://doi.org/10.1080/15402002.2021.1916497