A la sombra de la mucha incomprensión sobre el pensamiento de Hegel es que se hace este pequeño reflexivo empeño, motivado en parte por lo oscuro de la escritura de este filósofo, quien no lo hacía por necedad, sino, como se verá, con el fin de proyectar en su mejor entereza posible lo que su filosofía pretendía reflejar. Por otro lado, este mismo escrito claramente no pretende cerrar la disputa, sino motivar la discusión del objeto en cuestión mediante unos cimientos conceptuales tentativamente más firmes, tomando en cuenta que la reflexión filosófica en general es un ejercicio científico en efecto de empeño, el cual no puede por defecto ser agotado de un plumazo o lectura. De facto, mucho del pensamiento filosófico, muchas veces metafísico, se sabe más allá del lenguaje; he ahí un tema. Diría Ortega que “la claridad es cortesía del filósofo”; sin embargo, la claridad no es algo dado a lo cual se puede sin más aterrizar; la naturaleza de cara al pensamiento humano bien puede ser absurda, irracional o contradictoria; o sea, dialéctica como en Hegel. Un matiz entonces a esa concepción con un llamado a la mesura: existe lo simple y lo complejo, de suerte que el pensar hegeliano es complejo.
De primeras, el concepto de aufhebung remite, de acuerdo a un diccionario común, a diversos significados, a saber: supresión, anulación, revocación, levantamiento, superación, etc. Cada una de esas formas podría decirse que expresa de cierta manera lo que su autor quería decir con aquello. No obstante, siendo fieles al entender hegeliano, la verdad en general no tiene otro mejor lugar de expresión sino bajo su desempeño en lo real (es decir, lo racional), de suerte que lo real en Hegel es el espíritu en su devenir al absoluto y su verdad es el todo de acuerdo a lo mismo, esto es, según los movimientos dialécticos del espíritu en virtud de esa naturaleza suya peculiarmente dialéctica, no solo contradictoria, sino también realizativa. Y he aquí otra forma de concebir aufhebung.
Ahora bien, a modo de aclarar un tanto lo anterior, cabe decir que entonces la verdad en Hegel no es algo que, como en la tradición escolástica u otras, meramente se alcance definitivamente gracias a un silogismo e inocentemente ahora se posea en su viveza. Hegel entendería toda esa clase de razonamientos sacados del por sí estéril entendimiento tal que raciocinantes, justamente porque no son capaces de reflejar en su naturalidad la forma del espíritu y su acción. El trabajo de una verdadera filosofía consiste en ser necesariamente especulativa, al fin y al cabo, adoptar el absoluto acorde a su esencia. De suyo, la filosofía tiene una precisa manera de presentarse, cuando no de representarse, ya que ello equivaldría a lo señalado anteriormente, tratándose de una esterilidad del débil espíritu que sigue en su vaivén de la contradicción irresoluta, pues no se ha reconocido junto a su capacidad de autodeterminarse bajo su necesidad de ser; será que el sistema es la designada formulación de la filosofía, puesto que es ahí donde lo contrapuesto se hace ver de acuerdo a su copertenencia relacional como uno y lo mismo, en efecto, tal que dialécticamente.
Regresando nuevamente a aufhebung, era necesaria toda aquella disgregación en razón de lo dicho, que es incomprensible algo (siendo aufhebung algo según uno de los momentos dialécticos del espíritu) del sistema si no es desde el sistema mismo, o sea, el absoluto en su despliegue. Y en efecto, aufhebung es el tercer momento de la dialéctica hegeliana, la cual en general no es tesis, antítesis y síntesis, en tanto esa mostración se deja de la virtud de todo el movimiento. Tal es porque, siguiendo una auténtica formulación hegeliana, a saber: en primera, la tesis no sugiere nada en cambio un posicionamiento; en segunda, la antítesis no sugiera otra vez nada sino el contra-posicionamiento de eso primero (es decir, lo opuesto irreconciliable por naturaleza); y en tercera, la síntesis es únicamente una consideración depurativa de los dos momentos anteriores, por defecto, ciertamente es una superación o resolución de lo tematizado en cuestión, mas dejándose del carácter reconciliador y unificador de la lógica hegeliana, ya que la síntesis oprime los dos momentos anteriores, de suyo figurandolos como vanos ahora al progreso fáctico del tercero, tal y como si ese fuera —burdamente dicho— mejor que los otros anteriores. Una apropiada concepción de los momentos de la dialéctica vendría a ser, véase: momento “en sí”, momento “para sí” y momento “en sí para sí”. Ello último es otra forma de Aufhebung.
De suyo, se suscita matizar otra vez lo anterior, debido a: ¿qué es exactamente en sí para sí? Sistemáticamente, podría decirse que es el espíritu llevado a su ser absoluto, esto es, en cuanto autoconocido y, por ende, autorreconocido, tanto como todo y tanto como uno. Aufhebung no es sino la mostración dialéctica (esta es, lógica pero también ontológica) de que lo uno es lo mismo que lo otro a la superación de su aparente contradicción, cual de facto es antes una imposición por la determinación de una cosa o la otra sobre su contrario (tal y como se muestra en la dialéctica entre el amo y el ciervo); no obstante, según la virtud de la razón especulativa, se descubre la copertenencia en esencia de las cosas en disputa, ya que ahora se vislumbra que lo uno es otro a la luz de que lo otro es uno. Será que: en sí se contiene el absoluto aunque irreconocible todavía (no por naturaleza en cambio por irreflexión); después para sí se pone lo otro como lo otro, de suerte que la prevalencia real-conceptual de lo uno niega eso uno otro en sí, y procede la lucha de los contrarios por su libertad; finalmente acaece aufhebung, osease en si para si, tal que la libertad en la necesidad de la esencia una y única de lo otro copertenecido en lo otro, de acuerdo a que uno es eso otro desde siempre, de modo que son o es uno y lo mismo asumido consigo bajo el absoluto, en tanto que se ha elevado por sobre sus determinaciones como negaciones de suyo negandolas a la libertad plena del concepto en su entendimiento racional. En general, todo ello entablándose durante la historia del espíritu, la cual no es necesariamente la historia humana, pero sí que la comprende, de modo que la historia del espíritu asume todo lo real como racional, de suerte que todo lo real es racional. Aufhebung es lo finito hallado infinito y viceversa, o también es la nada hallada ser y contrariamente, más a la luz del espíritu reconocido, determinado, indeterminado y por ello así, absoluto sapiente.
Diría Hegel en la Ciencia de la Lógica:
“El concepto de la resolución (Aufheben) y de lo que queda resuelto (das Aufgehoben), es decir, del ideal, es uno de los más importantes conceptos de la filosofía, una fundamental determinación que sin más surge por todas partes, y cuyo sentido es necesario establecer con precisión y cuidadosamente distinguirlo de la nada. Lo que se resuelve, no por ello se convierte en nada. La nada es algo inmediato, mientras que un momento resuelto es un momento mediato; es lo que no es (das Nicht Seiende), pero en cuanto resultado que brota de un ser. Este tiene todavía en sí la determinación de la que procede”.



