Categoría: Filosofía

Por: CARLOS ANTONIO SANCHEZ BAUTISTA / Fecha: marzo 9, 2026

Los medios siempre hacen a los fines.

En esta ocasión, consta traer un poco de la justificación por sorpresa que se halló al atender recientemente a la presente película, pues, de acuerdo a lo que se expondrá, esta suscita enfoque hacia tematizaciones peculiarmente fructíferas según la lupa filosófica, véase, tanto temas de permanente pertinencia como de actualidad. Cerciorando en contra, además de paso, del común prejuicio sobre la poca sustancia narrativa o problemática profunda durante las películas animadas, a saber, genéricamente entendidas y consagradas para niños (como si estos no fueran “profundos” de por sí). Mas igualmente, tampoco se trata sino de una proposición —dentro de lo cual quepa— al acceso sin prejuicios con los fenómenos de la cultura para masas; de suyo, el valor siempre es cosa del espíritu. 

  • De lo más evidente a primera vista en la película, cual a su vez pudiera encontrar particular analogía con ciertas formas democráticas occidentales, es el de la inoperante figura del gobernante en turno. En efecto, en este caso, el alcalde Winddancer era meramente una fachada al servicio inconsciente del efectivo poder estatal. En este sentido, el tenor crítico es doble porque, por un lado, se entabla el juego de la representación del supuesto gobierno legítimo y, por otro lado, se transparenta el capital según el sustentador real del manejo de aquel mismo, de suerte que referenciado por la familia Lynxley. Ahora bien, en atención a la estructura del funcionamiento político, la resolución del evento (el desvelamiento de la farsa), aunque persuasiva, se determinaria más complicada que sencillamente el darse cuenta del engaño por parte de Winddancer contra sus amos, por defecto, que estos hayan sido depuestos en cuanto a su cargo no atendería a componer un sistema de semejante desajuste esencial; de modo que la solución no parece tan simple como parece, pues no es sino otra ficción que al extirpar supuestos elementos corruptos la estructura se compusiera en automático, empero, nótese que la película tampoco sugiere precisamente esto, pero si da cabida a malentendidos de corte individualista, donde problemas sistemáticos llevados a lo abstracto del sujeto se desentienden de la colectividad (potencialmente revolucionaria). Y si bien el desenmascaramiento ahí fue desde la acción plural, la condena a caer bajo la misma situación es casi un hecho, puesto que no se están atacando aquellas justas condiciones de posibilidad que detonarían una reincidencia. Este, por ejemplo, es el caso de la traidora socialdemocracia, cosa ya diagnosticada por Walter Benjamin tiempo atrás. 
  • Por su parte, es también oportuno comentar acerca de la segregación racial, desigualdad económica y su vinculación, puesto que —efectivamente— no se desentienden entre sí, al modo en como la película lo entabla y se hace cargo de dichos asuntos. A saber, aquel primero es uno de los centros argumentales más evidentes, dado que incluso desde la inicial entrega fílmica estaba presente, pero ahora ello se enfoca hacia los reptiles, de suerte que en este punto ocurre dialécticamente ese otro fenómeno de la desigualdad. En efecto, de acuerdo a la ubicación del poder en cuanto segregador, es oportuna la racialización; debido, por un lado, resulta una justificación a su vez de clase; luego, el racializado discriminatoriamente es también subordinado económico según esa condición material previa y, por otro lado, antes bien, esa determinación de las condiciones de cada cual funciona así una justificación naturalista de los efectos (algo muy aristotélico, por cierto). Dicho de otra forma, los reptiles son discriminados racional y económicamente en función de justificar privilegios de clase previos a las discursivas ideológicas, por defecto, no atendiendo a lo que decía un Weber, por ejemplo. Esto es demostrable no solo en la película a través de las acciones con los Lynxley y cómo es que los reptiles que viven ocultos se desempeñan en las peores condiciones sociales vistas alrededor de la película; en cambio, igualmente —cuál no podía ser de otra manera— durante la realidad concreta, véase, sistemas de castas, eugenesia, políticas inmigratorias, etc. Empero, la película es muy persistente en lo mismo, tal que trata siempre de reconciliar bien esos temas; cuando menos siguiendo la narrativa, o sea, sin prestar de suyo mucha atención a las causas fácticas de esas problemáticas. 
  • De suyo, otro resaltante argumento converge entre el rol del capital y el efecto de la expropiación de los bienes, en este caso, hablándose de tierras para la explotación en general. Entonces bien, conocida esa persistente fuerza auto-impositiva bajo su lógica del capital en cuanto fin, es que de aquí se sigue cualquier interrupción adquiere ser interpretada después como transgresión, mediante al interferir con dicho movimiento, en efecto, la orientación propia de esa estructura del capital se refuerza en sí en tanto el intento de disrupción de ese orden, es decir, que todas las piezas formulan a favor, no solamente de la conservación, en cambio también del incremento de la dicha sustancia orientadora. Naturalmente, así el robo como la expropiación de tierras en Zootopia obedece a tal tenor, donde la deshonesta acción del bisabuelo Lynxley es totalmente subordinable no solo a la moral sobre proliferación del indiscutible capital. En este sentido, no importándole a quién se lleva de por medio perjudicialmente (a saber, las serpientes en Zootopia), puesto que, y a la inversa, incluso el propio capitalista en sus términos consecuentes (materiales y espirituales) es víctima de ese mecanismo (recuérdese la dialéctica acorde con el amo y el siervo en Hegel). Pues bien, según yendo a la vida real para ejemplificar más lo visto, téngase ahí el dichoso mundial pronto a ocurrir en México, atendiendo a que toda la infraestructura dispuesta estaría específicamente diseñada para reprimir al desposeído de recursos, debido a que no puede costearse las diversas absurdas cantidades promocionales para consumir el fenómeno, al uso, téngase la gentrificación. A todo esto, este gran problema es el más ficticiamente resuelto por Hopps y los suyos, ya que la reapropiación de los bienes no se gana por medios del capital, pero bueno.
  • Otro tema bastante visible es el de las fuerzas del estado y sus maneras represivas contra la disidencia, indiferentemente si esta es legítima o no, aquella forma —como dijo ese sociólogo— posee el monopolio de la violencia, pero esta atribución de suyo antes que nada funciona de acuerdo a autopreservarse (puede verse mediante una justificación metafísica del orden por medio del concepto), empero más internamente se habla con autopreservar la intención de su existir en tanto fundamento y mantenimiento, es decir, otra vez, el capital. En efecto, esto expresado se describe perfectamente durante la película, desde que cada estrato estatal (policía, gobierno, medios, etc.) se articula conforme a la petición de conservación, que es claro el exterminio de lo disidente, a saber, los policías “desertores” Nick y Hopps, cuales unos atentadores contra el formato establecido. De modo que, las expresiones de poder del estado se desatan sin reconocer, por defecto, su virtud crítica, debido a que esos elementos mediados son engranajes que, a la par, se auto-reprimen hacia la obediencia sistemática, similar a lo descrito por Foucault en su sociedad de la disciplina, no obstante según desenmascaramiento de la barbarie estatal quien, de suerte, ha perdido el control inconsciente con su servidumbre entonces tiene que volver controlarla a como dé lugar así imponer visiblemente su ley para marcarla en el espíritu a través del miedo. Ejemplos de lo dicho hay por montones durante la sociedad actual, véase, las múltiples marchas del 68, hasta cualquier protesta mínimamente rebelde; la labor del estado en este sentido consiste categorizar dichas apariciones como amenazas al status quo público, luego mediáticamente se legitima la violencia pues es necesaria la aprobación pública para esa represión, después reforzando la relación —al caso— ficcional entre pueblo y gobierno, en ello estaría de acuerdo Maquiavelo; tal que de esa manera opera el autoritarismo sin que apenas la dormida masa se de cuenta. Este apartado es el que peor maneja la película, ya que parece suponer que es solo necesaria la pura autoconciencia del instrumentalismo estatal (y de capital) para zafarse de él.
  • Por último, se tiene otro interesante tema, a saber, la falsificación de la historia en favor con los vencedores, esto es, en términos ideales representando un dominio material de los hechos, expresandose en desproporcionar inevitablemente tales, porque de suyo el devenir reconstructivo solo se respaldaria en la vigencia aislada de esa evidencia histórica, ello es, por un lado, a través del desprestigio de los medios más allá que lo escrito y, por otro lado, según difusión del material desvirtuado, otra forma de respaldar la narrativa hegemónica pero ahora masivamente (debido registro). Este es el desafortunado caso de las serpientes, en efecto, ocupando ese lugar de los marginados y repudiados históricos, cual si efectivamente hubieran sido los “malos” a la hora de determinarse las circunstancias, por defecto, dando lugar a respaldar idealmente su discriminación, antes bien, ya que eso es beneficioso para quienes escribieron la historia, así aprovechándose materialmente. Este asunto de suyo viene justo algo atado con el anterior, sin embargo, de suerte análoga es también bastante reprochable la solución, me explico, aún recobrando un entendimiento dialéctico de la historia es inútil el pretender recuperar nada hacía ella, en tanto la responsabilidad histórica, por un lado, es un cuento de hadas y, por otro lado, ese mismo reconocimiento histórico debe entender —si está correctamente realizado— la moral contingente, luego es absurdo el solicitar una reconciliación con los hechos de la historia pues no es sino anacrónico como tramposo metodológicamente hablando. A ejemplo, hay por demás evidencia sobre la manoseada fundamentación ideal de México como nación, es decir, basada en cosas comprobablemente falsas y no obstante, estás evidencias importan un bledo, porque en efecto, deviene beneficioso para el poder de alguna manera mantener a la nación dormida, al punto de que la crítica al relato oficial pasa hasta por una ofensa polémica, ya que ese discurso se ha fundido con la identificación social a nivel subjetivo entonces objetivo, operando después a todas escalas. Y naturalmente, así en la película, descubrir documentos históricos no arreglaría en realidad nada; el todo conspira en favor de la mentira y esta se defiende. 

Sin más, espero no haber sido injusto con la película, empero tampoco se trataba de cobrar sus desaciertos aparecidos pues, valga la opinión, pienso que en verdad es una buena película, sino más bien apuntalar como notificar para con un mejor trato de estás temáticas desde el mismo fenómeno mediático de la película, puesto que, en el plano de lo concreto, donde los movimientos sociales realmente importan, sobran buenas intenciones, así como también peores formas según alcanzarlas; el medio jamás estará desconectado de su fin, en cambio, el medio siempre hace al fin.