Categoría: Filosofía

Por: CARLOS ANTONIO SANCHEZ BAUTISTA / Fecha: marzo 26, 2026

La ciencia no piensa.

Que si cualquier figura artística, al momento de ser interpretada, con diríase infortunio, por la filosofía pierde su encanto aquí; —tal vez obstinadamente, aseguro que no es el caso. Otro esfuerzo por hacer aparecer un poco de esa temática en productos de la vida cotidiana es el aquí presente. En efecto, además de defender nuevamente lo primero dicho, se trata ahora de ofrecer, más allá de posturas, de suyo oportunidades al debate, y no tanto porque en filosofía todo pueda ser discutido (ello es muy incierto de verlo sencillamente así), sino por la gran película de del Toro y nada menos. De modo que comience el análisis de Frankenstein. 

  • Explórese, un ineludible punto, a saber, ese relativo a la razón de existencia en cuanto vida autoconsciente. En efecto, si algo abre la película a interpretar es esa carga ontológica de tal clase de engendración existencial, puesto que ciertamente, Frankenstein no es solo como una unión de vidas pasadas regresadas de la muerte; en cambio, igual una nueva alma a la hora de que se ha apercibido de ello, a su vez, según se ha diferenciado identitariamente del mundo cual un Yo y un No-Yo claros, a veces con dilema. Antes bien, indicaría ser posible comprender la naturaleza existencial de Frankenstein a través de la formulación en Heidegger, o sea, como Dasein. Sin embargo, la peculiaridad que presenta aquel es que obviamente no puede ser un ser para la muerte, lo cual es determinante cuando se valora que Frankenstein no podría estar volcado hacia ella existencialmente, pues le es imposible morir. No obstante, y afirmativamente hablando, ese mismo sí que es un ser mediado con lo a la mano, o sea, lo dispuesto bajo utilidad mundanal, así como en los seres humanos. Por demás, y lo más crucial para decantarse por aclarar a Frankenstein acorde a un ser metafísico, es que le viene por necesidad su ser en tanto ser; véase que se pregunta por esa pertinencia arrojada al mundo, ocurriéndose luego inevitablemente la angustia, dado que tiene que hacerse cargo debido a esa condición de estar de tal manera siendo, esto es, con miras a su tiempo pasado, presente y futuro.   
  • De suyo polémico en la película, el amor entre Elizabeth y La Creatura, un tema de importancia que con suerte da pie a otras muchas cuestiones. Ahora bien, estableciendo ciertas premisas: si es que el amor se entiende como una cierta imposición, este resulta dado, y no obstante, ese mismo deviene después reflexionado, porque en desposesión de reflexión es así uno bruto o adolescente, por ende, ciertamente frágil, ficticio del todo, pues tiende a la desproporción o a la idealización. Por otra parte, también es crucial discutir sobre la necesidad de ser libre o no para amar; en efecto, aquí no se habla de enamorarse, ya que hasta el más prisionero es víctima de esto, sino de, en todo caso, someter ese enamoramiento a juicio y evaluar sus determinaciones según volverlo autodeterminado bajo esa siempre primera forma de imposición. Y a todo esto, al fin, la respuesta hacia qué fue lo cual aconteció entre Frankenstein y Elizabeth diría que queda aún en la deriva, en tanto no se tiene constancia de la resolución acordada, lo establecido; ello es una pura realización en los enamorados. Sin embargo, cabe mencionar que parecería que ninguno de los dos personajes entablaba adecuadamente el amor; véase, debido a que uno apenas si conoce quién es él y ella otra estaba muy mediada por su circunstancia. En este sentido, se sigue preguntando: ¿es posible amar si aún el espíritu no se ha poseído en sí? Luego, ¿cómo entregarse a un otro si uno no o apenas es ni dueño de sí? 
  • Véase ahora otro gran asunto, y es el de la efectiva creación del Doctor Frankenstein, a saber, la creación de una vida en general autoconsciente, tratando de asemejarse a diríase Dios en el intento. En efecto, de acuerdo a esta tematización, es aún mejor palpable el reconocimiento ya no únicamente metafísico de esa acción, sino también ético, puesto que, ¿es en realidad ético traer a alguien a la existencia? Ello pareciera ser una pregunta absurda; empero, todavía es más absurdo (o más bien dogmático) el obviar si es que en verdad vale la pena vivir por vivir, es decir, si es legítima la vida en sí. De suyo, en un contexto como el mal llamado occidente, está por demás asumido que eso es así; aquí la obra del cristianismo es ineludible, de suerte que antes de ese hecho la filosofía griega clásica ya entendía lo plenamente existente como aquello más perfecto. Antes bien, fuera de los paradigmas mencionados, varias de las líneas filosóficas que beben del pesimismo schopenhaueriano tendrían muchas dudas acerca de eso mismo. En este sentido, el acto de crear vida estaría lejos de ser uno bondadoso; al caso, vendría a ser, si no una perversión, por lo menos una negligencia del creador, debido a que la vida es puro sufrimiento. Si la causa es consciente de eso, acontece ignorante (en este punto entra igual la sin posibilidad de saberlo) o malvada; y en dicho cuadro entra Víctor Frankenstein, dado que era ignorante de lo cual implicaba su creación; luego, básicamente, le era indiferente esa acción. 
  • Otra cosa supone aproximarse en la película, tal que la intencionalidad de la ciencia, o en todo caso, ese sin contenido a propósito intencional de la misma, reflejado con aquello que mismamente Heidegger dijo en algún momento, eso es, que la ciencia no piensa. Ahora bien, de suyo claro, ello no era una queja infundamentada por parte del filósofo hacia una ciencia que ya en su tiempo era impresionante técnica y tecnológicamente hablando; en cambio, diríase una advertencia sobre la vulnerabilidad de sentido que posee la misma. En efecto, dicho síntoma es gracias a una de las peores traiciones frente a la filosofía, de modo que esto a su vez señala la siempre vigencia del pensamiento filosófico. Precisamente hablando, la ciencia es fácilmente instrumentalizable al momento de pretender objetivarse afuera del mundo; véase, pretendiendo no parcializarse en el intento, es absolutamente ingenua. Así es explicable, por un lado, la realidad actual del mundo concreto donde la ciencia, antes que presentar un beneficio para la pluralidad, pasa mejor por ser una herramienta de disgregación social, y por otro lado, lo sugerido igualmente es notorio en el filme con la influencia de Harlander sobre el profesor debido a querer usar su invento luego de salvarse de la sífilis. 

Sin más, es claro que este análisis no pretende agotar la posibilidad de interpretación ofrecida por parte de la obra; ello no sería propio del arte en general, en tanto que este tiene por el espíritu la inclinación de abrirse valorativamente. Al uso, si hay algo que se la pasa circulando alrededor de la película y cabe perfilar como última referencia para quedarse pensando, es lo referido al constante preguntarse sobre la esencia humana, peculiarmente, si es que tal existe mediante alguien que al parecer no es inequívocamente humano, entonces, ¿por qué se comporta “humanamente”? ¿No será que esa misma carece de sustancia?