Por Carlos Alberto Díaz Solano
Universidad Autónoma de Chihuahua
Facultad de Filosofía y Letras
Licenciatura en Historia
Matrícula: 366086
La Hacienda de Xico y la transformación de un lago: La visión de Íñigo Noriega
El Valle de México, una cuenca antiguamente dominada por una vasta red de lagos, ha sido escenario de profundas transformaciones a lo largo de la historia. Uno de los episodios más significativos y con mayores repercusiones ecológicas y sociales es el que gira en torno a la Hacienda de Xico y la ambiciosa desecación del lago de Chalco a finales del siglo XIX.
En tiempos remotos, antes de la llegada de los españoles, el valle estaba cubierto por lagos, siendo los más importantes Xochimilco, Culhuacán, Cuitláhuac, Tláhuac, Mixquic, Chalco y Xico. Sus habitantes vivían a orillas de estos cuerpos de agua, utilizando el lago para la agricultura de chinampas, la pesca, la caza de aves y la navegación para el comercio de mercancías frescas.
La isla de Xico fue inicialmente una posesión real de Hernán Cortés, y posteriormente de su nieto, Don Fernando Cortés, y sus descendientes.
Íñigo Noriega: El empresario, el visionario y el Indiano
La historia moderna de la región cambia drásticamente con la llegada de Íñigo Noriega Laso (Colombres, Asturias, 1853 – México, 1920), un inmigrante español que se convertiría en el personaje central y motor de la transformación del Valle de Chalco.
Noriega era el prototipo del “indiano” asturiano que hizo fortuna en América; su éxito no solo se debió a su talento, sino a su audacia, visión de negocios y tenacidad para concretar proyectos gigantescos. Su objetivo era crear un gran emporio agrícola capitalista; para ello, concibió la desecación del lago de Chalco, una operación arriesgada y visionaria de más de nueve mil hectáreas para producir maíz y leche para la capital. No vaciló en gestionar y lograr la concesión para este proyecto, evidenciando una gran determinación.
Llegó a México a los 15 años y con estudios básicos; sus inicios como comerciante están marcados por la leyenda de que, para evitar cerrar su primer negocio (“El Borrego”), mandó quitar las puertas para que no pudieran ser cerradas, un acto de ingenio que se dice llamó la atención del presidente Porfirio Díaz. Su ascenso fue vertiginoso, incursionando en negocios agrarios, industriales, mineros y bancarios.
Gracias a su estrecha relación con el régimen porfirista, Noriega pudo obtener lucrativas concesiones y amasar una de las mayores fortunas de México. Su poder era inmenso, llegando a tener un ferrocarril privado (el Ferrocarril de Xico y Río Frío) y, según relatos, un ejército privado para asegurar sus vastas propiedades.
La conquista del lago, desecación y expansión
En 1888, Noriega y los hermanos Remigio adquirieron lo que fuera la casa de Cortés en Xico. Noriega expandió sus propiedades comprando la Hacienda de La Compañía y la Hacienda de La Asunción, conformando la Compañía Agrícola de Xico y Anexas.
Noriega mandó construir un majestuoso palacio sobre las ruinas de la casa de Cortés, conocido incluso en Europa como “El Palacio de Xico”. Su proyecto se financió con la emisión de 30 mil acciones, reuniendo un capital de tres millones de pesos; el obstáculo para su emporio era la ciénega del lago de Chalco. Tras obtener la concesión el 30 de julio de 1895, inició la desecación. Los trabajos fueron intensos y requirieron “mucha mano de obra” (en gran parte, forzada).
Se construyeron tres canales principales de desagüe y 154 km de canales paralelos para drenar e irrigar los terrenos, creando las llamadas tablas de cultivo; además, obtuvo la concesión del ramal del ferrocarril de Atlixco que llegaba hasta su hacienda, así como grandes talleres y cuatro rancherías para sus peones.
El costo social y ambiental
A pesar de su éxito como empresario, la obra de Noriega trajo consecuencias funestas para los pueblos originarios:
Destrucción cultural: En menos de diez años, el milenario modo de vida basado en la agricultura de chinampas, la pesca y el comercio lacustre (la caza de aves y la cestería con tule) fue destruido por la desaparición del lago.
Explotación y despojo: En el contexto mexicano, la figura de Noriega quedó asociada al abuso, despojo y concentración de tierras, siendo un símbolo del autoritarismo porfirista.
Legado de crisis: Actualmente, los habitantes de Xico y Chalco padecen las consecuencias. La sobreexplotación del agua y la desecación original contribuyeron al deterioro ambiental, la contaminación y el aumento del riesgo de inundaciones en la zona, una ironía, ya que uno de los argumentos para la desecación era prevenir catástrofes hídricas en la Ciudad de México.
Reflexión final: el esplendor silencioso
Al visitar las ruinas de lo que fue la Hacienda de Xico, es innegable la sensación de nostalgia que envuelve el ambiente, aunque queda mucho del esplendor arquitectónico planeado por Noriega, el verdadero impacto se siente al observar el vasto panorama, desde los restos de la hacienda, la vista se extiende ahora sobre un paisaje cubierto por asfalto y construcciones del actual municipio de Valle de Chalco Solidaridad, ante esta densidad urbana, cuesta un esfuerzo mental imaginarse el basto espejo de agua del lago de Chalco que alguna vez rodeó este lugar, recordándonos el inmenso precio que se pagó por la visión de un hombre.





