Categoría: Filosofía

Por: AZAEL ALONZO MOGUEL / Fecha: febrero 19, 2026

Pero para los romanos, era solo uno más entre varios de los profetas de masas, por lo que consideraron que solo se trataba de una secta más de las varias existentes dentro del judaísmo...

El surgimiento del cristianismo, parte I.

Jesús de Nazaret, ¿un predicador más?

Repasamos un poco que la predicación de Jesús de Nazaret no se dio en un vacío religioso, ni aun, como algunos afirman, en una especie de decadencia del judaísmo, sino en medio de un ambiente altamente religioso. Cierto es también que la religiosidad de los fariseos y los saduceos la manifestaban en su rivalidad e interminables debates, al mismo tiempo que el pueblo común en su apego al templo y a la Ley. Unos y otros, como dijimos, esperaban que su Dios se manifestara por medio del Ungido anunciado desde Moisés, a través del que reinaría sobre ellos, a la vez que abriría las puertas de ese reino a todas las naciones de la tierra, esto de acuerdo con la interpretación de muchos, aunque no de todos.

Es importante remarcar también que Jesús, como predicador de un estilo itinerante, que por momentos sacaba multitudes al desierto, entre otras peculiaridades, tampoco estaba haciendo algo totalmente nuevo. Recordemos lo que, de acuerdo con el testimonio de Lucas, enfatizó un maestro de la Ley ante el concilio y el sumo sacerdote, quienes acusaban a Pedro y a Juan de “llenar Jerusalén de una nueva doctrina”: Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres. Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A este se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada. Después de este, se levantó Judas el Galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados (Hechos 5:34-37).

Gamaliel “aboga” por Pedro y Juan ante el concilio.

Antes de abundar sobre la actuación de estos y otros personajes parecidos, haremos referencia a lo que el afamado historiador judío Flavio Josefo llamó la “cuarta filosofía” del judaísmo. Con este concepto es que Josefo identificó a un nuevo y radical grupo de fariseos. Esto es, hemos comentado sobre tres grupos o sectas del judaísmo: los saduceos, los esenios y los fariseos. Pero dentro de estos últimos surgió lo que hoy se identificaría como un grupo radical. Para comprender esta idea, parafraseamos al profesor González: “Dentro de las ideas y orientación general de los fariseos, caben distintas actitudes sociales y políticas” (González, 339). Y es que, entre los fariseos, algunos se limitaban a exhortar al pueblo al cumplimiento de la ley, a llevar así una vida piadosa, esperando que por esto Dios perdonara sus pecados y ya no hubiera impedimento a su manifestación, esto es, que viniera a reinar sobre su pueblo. Aquí estamos tocando una idea principal en la creencia de los judíos en general: Dios no reinará sobre un pueblo que permanece en sus pecados. Retomando el punto, otro sector de los fariseos lo que buscaba, más que animar al cumplimiento de la Torah, era imponer su cumplimiento, para lo que es necesario tener el poder político. Aquí ya nos encontramos con un grupo radical y hasta cierto punto revolucionario, a los que en un momento se les identificó con el término de “zelotes”, ya que antes de este tiempo así se llamaba a cualquier grupo revolucionario. Pero es importante remarcar que en tiempo de Jesús el término “zelote” identificaba a cualquiera que se mostrara celoso de la Ley. Es a este grupo de “fariseos de ideas revolucionarias” al que Josefo separa de los fariseos para identificarlos como la cuarta filosofía. Es dentro de este grupo que fueron surgiendo una serie de personajes como a los que hizo alusión Gamaliel ante el concilio que enjuiciaba a los apóstoles que seguían predicando a Jesús (Hechos 5). Un grupo que históricamente ha sido identificado con claridad como los zelotes es el que surgió hasta el periodo de la guerra de los judíos (66-70 d. C.).

A estos personajes algunos historiadores los identifican como “profetas de masas” que con discursos de tipo apocalíptico anunciaban la cercanía o pronta liberación del pueblo, es decir, la llegada del Mesías. Uno de los mencionados por Gamaliel, Teudas, reunió gente y prometió que abriría de nuevo las aguas del Jordán. Otros prometían milagros; uno de ellos, que se conoció como “el egipcio”, llevó gente al monte de los Olivos porque allí se aparecería el Mesías. Varios de estos profetas vivieron en tiempo de Jesús y hasta el fin de la guerra y la destrucción del templo en el año 70. Los romanos lo que hacían era reprimir esos movimientos y hasta ejecutar a sus líderes.

Precisamente, los evangelios narran la historia de Juan el Bautista, que presenta características afines con estos profetas de masas. Juan bautizaba en el Jordán en el punto donde supuestamente cruzaron los hijos de Israel en tiempos de Josué, y ese bautismo no solo era un bautismo de arrepentimiento, como hasta hoy muchos cristianos afirman en su afán de diferenciarlo del bautismo de Jesús; también era para el perdón de los pecados (Marcos 1:4). Aquí de nuevo un importante punto de las creencias del pueblo en general, del vulgo y de sus líderes: era indispensable el perdón de los pecados para que Dios se manifestara a ellos, enviando al Ungido; sobre esto volveremos después. Pero este perdón se daba lejos del templo y de los sacrificios, en el Jordán, a la altura de Galilea. Los evangelios testifican que Juan fue ejecutado por las autoridades judías.

Lo que aquí interesa ha sido ir descubriendo, primero, algunas creencias de los religiosos de la época, así como que el personaje de Jesús como predicador itinerante no era algo demasiado novedoso. Era un predicador más, solo que, de acuerdo con los evangelios, con señales más grandes que los otros, como tampoco permanecía en lugares apartados, sino que predicaba también en ciudades y aldeas. Pero para los romanos, era solo uno más entre varios de los profetas de masas. Por esto las autoridades romanas consideraron que había nacido una secta más de las varias existentes, y no pudieron distinguir sino hasta aproximadamente el año 60, 30 después de “la resurrección”, a la comunidad judía de la comunidad cristiana. ¿Pero a qué se debe entonces el triunfo del cristianismo? Como dijo Gamaliel, aquellos grupos fueron dispersados y reducidos a nada a la muerte del líder. ¿Qué no se trataba el caso de Jesús de un predicador también ya muerto?

Bibliografía.

  • González, Antonio. 2020. Buscar a tientas, una reflexión sobre las religiones. Barcelona: Ediciones Biblioteca Menno.
  • González, Justo L. 2024. Historia del Pensamiento Cristiano, Hasta el siglo XXI, Edición actualizada y ampliada. Barcelona: Editorial Clíe.
  • Biblia Versión Reina-Valera, 1960.